La venganza en color rosa: los dibujos de la paisa MatildeTilde

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Frescómics

La venganza en color rosa: los dibujos de la paisa MatildeTilde

¿Es posible hacer una venganza desde el arte sin recurrir a la violencia física hardcore? Acá les damos la respuesta.
9.11.15

Dice Wikipedia que la venganza es el acto de "equilibrar la balanza", de encontrar por fuerza propia el desquite o la respuesta a una acción negativa percibida por un agente externo. Ante esto me surge la pregunta: ¿es la venganza algo inherente a la condición humana? Mucho se ha hablado acerca de la venganza desde la violencia y a través de las prácticas de la violencia, del vocabulario universal de la agresividad y el gesto fanático. Pero ¿es posible hacer una venganza desde el arte sin recurrir a la violencia física hardcore?

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Según Los Simpsons, la venganza sí se puede ejercer de forma estrictamente poética o musical, como en el episodio en que Montgomery Burns decide quitarle el sol a Springfield y Tito Puente se libera de la ofensa haciendo esa famosa canción del "¡¡¡señor Buuuurns, con el corazón de perro!!!".

Las redes sociales también nos abrieron una nueva dimensión de la venganza simbólica, la venganza mediática, la humillación viral a través del popular trolleo o del cyber bulineo, donde por primera vez los anónimos, los sin voz, los insignificantes para el sistema lograron tomar protagonismo, ser oídos, twitteados y shareados, y en algunas ocasiones pudieron arrodillar mediáticamente a sus agresores. Quizá creando un nuevo sistema de opresión y violencia simbólica involuntarios. Pero bueno, eso es otro tema en sí mismo.

¿Es posible entender la venganza como un acto de belleza? Y con esto no me refiero a una estetización de la violencia al estilo de lo que pasa en el universo Kill Bill, sino más bien a la idea de responder a los golpes de la vida con haikús y rimas de rap, es decir me refiero a la venganza como acto estético o creativo, la estetización misma del concepto del restablecimiento de la injuria. Concretamente, me pregunto: ¿es posible la estetización de la venganza a través del arte y el dibujo en el mundo urbano contemporáneo?

Estas preguntas me surgieron al conocer el trabajo de MatildeTilde, una ilustradora que nos deleita desde Medellín con unos curiosos dibujos que nos enfrentan a unas divertidas situaciones vistas desde la perspectiva de una joven chica de la ciudad.

Vemos en sus dibujos a un personaje protagonista de las situaciones, una joven mujer de pelo ondulado azul, de la cual asumimos que es una especie de avatar de MatildeTilde y que se desenvuelve por las viñetas en pequeñas dosis de odio ilustrado, como cuando se apropia del popular insulto gonorrea, nacido en la subcultura del narcotráfico, para usarlo en una versión cute, Kawaii, semieufemistíca, casi tierna por medio del vocablo "gonorreita" una especie de insulto pero con cariño. Un madrazo con ternura.

El tema de la venganza estetizada me llega con imágenes como "No te odio pero ojalá te toque comer con cuchara pequeñita" en la cual la violencia, si es que acaso existe, se presenta de una forma tan elegante que me hace sentir que es más cool, insultante, hardcore y psicotraumático mandar a alguien a "freír espárragos" que a "comer mierda".

¿Es acaso posible odiar con cariño? ¿Es posible odiar con elegancia? ¿Estéticamente? ¿Sin refregarse en los terrenos de la agresión física?

Por otro lado, el trabajo de MatildeTilde no sólo la evidencia como sujeta ejecutora de la venganza estetizadora, sino también como receptora del castigo de las vicisitudes urbanas menos sofisticadas, que, igual, están representadas con elegancia: como en el caso del boomerang de insalubridad postfarrera que representa el guayabo alcohólico; la angustia existencial por ausencia de material empanadístico para digerir; la mutación fungística social de ser siempre la excluida y rechazada de las fiestas.

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En resumen, esta idea de la venganza como forma estética o forma de construir arte, me parece muy relevante de pensar en la actual coyuntura del cacareado posconflicto, donde ojalá algún dia, a la pregunta de "¿qué tan grave es la situación?", en los términos que plantea la artista podamos responder "nada que no se pueda curar viendo fotos de perritos en Instagram".

Acá, un poco más de su trabajo: