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Cultură

Ropa de calle

Una peluca y algo de maquillaje aún pueden engañar a los policías canadienses.

Como trabajadora a tiempo parcial en un programa de reducción de riesgos con base en el Down Eastside (DTES) de Vancouver, Canadá, paso un par de días a la semana conversando con cientos de los aproximadamente 18.000 adictos y personas sin techo de la zona. Recientemente empecé a fotografiar a algunos de estos hombres y mujeres tanto antes como después de acicalarse para pasar la noche haciendo lo que sea que hagan—por lo general prostituirse, mendigar, forzar coches, robar o buscar en las basuras. Y casi siempre intentar conseguir drogas.

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Las diez mujeres que aparecen en esta serie padecen una u otra adicción, y cada una de ellas entra en no menos de tres de las siguientes categorías especificadas por el gobierno: seropositiva o con hepatitis C, esquizofrénica, bipolar, travestida, paciente de cáncer, traficante de drogas, trabajadora sexual, bajos ingresos o víctima de abusos sexuales. Los excéntricos, ya que no siempre elaborados disfraces que utilizan cumplen un cometido tanto funcional como de transformación: aquello que se lleva para ganar un dólar puede servir de pantalla ante los policías fisgones interesados en los, a menudo, viles chanchullos que se asocian con este segmento de población del Down Eastside. Durante el tiempo que pasamos juntas les pedí a cada una de estas mujeres que explicaran los relativos méritos de su disfraz y lo que fuera que se escondiese tras su vestuario y sus pelucas.

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Nota: No todas las diez mujeres son criminales. Las razones para llevar pelucas y disfraces varían. Algunas ni siquiera son mujeres, y todas han preferido utilizar nombres falsos.

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STEPHANIE   “Llevo haciéndome mis propios peinados y maquillajes desde que tenía 11 años. Uso mucho maquillaje teatral, como en las películas o las obras de teatro. Me gusta hacerlo casi todos los días. A mis maquillajes los llamo “vestidos de princesa”. Es algo único. Nadie que yo haya visto se maquilla como lo hago yo. Me han llamado chiflada, rara, loca. Mi gran meta cuando me maquillo es que nadie pueda copiarme. Me gustan los brillos, como puedes ver. Me gusta que haya mucho colorido. También me gusta el negro. El negro es probablemente uno de mis colores favoritos, el negro y el blanco. Me gusta llamarme a mí misma ‘Sparkles’ [brillos]. Me pongo brillos la mayoría de las veces. Me hacen sentir alegre, amistosa, cálida. Llaman mucho la atención. La luz del sol les da un aspecto absolutamente increíble. Son divertidos, únicos, atractivos, y muy a menudo hacen que en tu interior te sientas bien”.

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CHERYL   “Yo antes vendía drogas y quería separar eso de mi vida personal. Con un maquillaje extremo nadie podía reconocerme cuando iba por la calle con mis hijos. Una vez la policía me arrestó en casa y no estaban seguros de si era la persona que buscaban porque no llevaba el maquillaje, pero entonces me tomaron las huellas. Bueno, esa fue la razón de que me interesara en el maquillaje. Creo que soy guapa y ahora sólo me maquillo por diversión, para impactar a la gente, incluso a mi novio. Soy más atrevida cuando voy pintada. Me atrevo a hacer más cosas, como ir a un restaurante elegante. Cuando no voy pintada soy un poco más tímida. Últimamente he estado inspirándome en mi cultura. Soy nativa y mi padre fue un hombre medicina. Estuve pensando en crear mi propia línea de moda con piel de alce y cosas así. Es muy cavernícola. Encuentro que es sexy”.

CAROL   “Hace seis años me detectaron un cáncer y meses después empecé a perder cabello. Por supuesto, lo más natural para una mujer tras algo así es rehacer su melena. Mis nervios están muy mal y me llevó cierto tiempo que el pelo me creciera de nuevo, así que me hice con una peluca. Todavía me gusta llevarlas. Puedes ser una persona diferente en cualquier momento. Y también son baratas, a menos que sean de pelo humano: unos 50 dólares. Un tipo al que conocí se encontró una vez unas 30 pelucas de gran calidad en la basura. Eran maravillosas. Le compré tres. No entraré en detalles porque el delito sigue sin resolver, pero una vez cometió un gran atraco llevando una. Una cámara le grabó, pero como llevaba la peluca aún no le han atrapado”.

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TIFFANY   “Todos los días intento ser alguien totalmente diferente. Es como ser un superhéroe. Te pones una capa y cambias. Puedes ser cualquier otra persona y eso te sacude la depresión. Es como cambiar totalmente… todo tu ser. Me gusta buscar en tiendas de segunda mano y coser mis propias piezas y cosas. No me gusta llevar lo mismo que ha llevado todo el mundo, siempre estoy buscando cosas distintas. Todas las pelucas que encuentro por aquí tienen el mismo estilo, así que las recorto, les cambio la imagen, las tiño, les hago mechones. Las hago más ‘yo’”.

SHELLY   “Llevo el pelo corto y de vez en cuando me gusta ponerme algo largo. Normalmente compro pelucas lisas, negras y largas. Conozco a otras chicas que llevan peluca cuando trabajan, pero yo no. Las pelucas no duran mucho si no las cuidas. No me di cuenta de esto hasta hace poco. Antes, tal como las cepillaba, perdían los cabellos. Una mujer me dijo qué clase de peines tenía que comprar, pero no me dijo cómo tenía que lavarlas. Me compré una nueva, la lavé y se encrespó, llevarla se hizo muy incómodo. Sólo me las pongo cuando las acabo de comprar y lucen bien. Llevarlas sólo dos veces y luego tirarlas es caro, pero es lo que hago”.

KAREN   “Cuando me pongo una peluca puedo cambiar mi aspecto e incluso el humor en que estoy. Recibes halagos. No estoy diciendo que tenga baja autoestima, pero que la gente se fije en ti por la belleza que llevas dentro… ¡Oye, está bien! Me pone una sonrisa en la cara cada vez que cambio de pelo. Mi pelo natural era tan largo que me llegaba hasta las rodillas, pero me lo corté y se lo di a los niños con cáncer. He estado llevando y dejando de llevar postizos durante los últimos 15 años. Al principio me parecía que la peluca se me iba a caer y me resultaría muy embarazoso. Creía que la gente me miraría de forma distinta por llevar peluca. Ahora he madurado y ya no me importa nada lo que la gente piense”.

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LIZA   “Me interesé por las pelucas gracias a mi mejor amiga, Antoinette, un travestido de 55 años. Yo siempre había tenido el pelo largo, pero hubo alguien que me lo cortó para que no pudiera dormir con ningún otro. Aquello me cambió por completo. Mi sensualidad, mi sexualidad, todo. Entonces contraje el SARM. Es una infección muy agresiva que suele presentarse como bacteria devoradora de carne. Se conoce como celulitis infecciosa. Provoca que zonas de carne simplemente mueran. Perdí el ojo a causa del SARM [Staphylococcus aureus resistente a la meticilina—ndt]. Constantemente tenía cocaína en los dedos, y restos de cocaína acababan en mi ojos al frotármelos. Al tener los nervios paralizados, no sentía nada. Acudí al optometrista y allí me dijeron que parecía como si tuviera diez mil pequeños arañazos en la superficie de la córnea, y que por ahí había entrado la infección del estafilococo del SARM. Un día me encontré con alguien a quien le había vendido una BMX que me habían regalado por mi cumpleaños. No quería pagarme. Hizo que pareciese como si yo le hubiera robado la bici, montó una gran escena. Le dejé que me pegara en la cara tres veces. Cuando lo hizo me hirió la córnea aún más, y eso permitió que la infección llegara hasta el interior del ojo. Mi ojo, básicamente, explotó”.

JACKIE   “Mi pelo es demasiado corto para mi gusto. Hasta que me crezca seguiré llevando pelucas largas. Las pelucas son simplemente algo para ponerse, otra puta cosa cara, como lo de arreglarse las uñas. Yo no me pongo uñas falsas. En vez de eso, me pongo pelo falso. Con las pelucas puedes dar esquinazo a la gente cuando trata de enterarse de a dónde vas. Si estás cruzando la ciudad es posible esquivarlos. Si son lentos y lo que quieres es esquivarlos, puedes, seguro. ¿Alguna vez has llevado una? ¡No, no lo has hecho! ¡No! Cada vez que veo un vídeo intento parecerme a esas putas. Sólo por la tontería. Tengo mi propio corte de pelo a lo Bieber. ¡Sí, mi peinado Bieber! ¡Al estilo chica! Pero sigue corto como el de un chico”.

TAMMY   “Cuando llevo pelucas es como si me pusiera encima una persona distinta. Puedo actuar de forma sexy y caliente sin que la gente sepa que soy yo. Me encanta ser una puta. Es rápido y siempre hay algo nuevo en marcha. Siempre quise ser ladrona de bancos o sentirme como una mujer sexy. Llevar pistola, irrumpir en un banco. Me preguntaba si tendría huevos para hacer algo así. Me dije, ‘¿Sabes qué? Lo voy a intentar’. Así que entré en un 7-Eleven y me dieron todo el dinero. ¡No podía creérmelo! Fue como, ‘¡Ahí queda eso!’ Y pensé, ‘Joder, hostia, voy a intentarlo en otra tienda bajando la calle mientras los polis están en el 7-Eleven’. Me salí con la mía durante un mes, pero una cámara me grabó. Ojalá hubiese tenido una peluca entonces. Podría haber seguido con mi ola de crímenes. Una lástima”.

LAURA   “Empleo mi rostro y mi cuerpo como arte, como un lienzo. Es mi forma de expresarme a mí misma y mis sentimientos. Hoy en día hay postizos que encajan con tu propio pelo. No extensiones sino añadidos que puedes ponerte en tu propio pelo y la gente se queda, “Vaya, queda muy guay”. Mucha gente en televisión, sobre todo mujeres, emplea este tipo de pelo. Una simplemente no se levanta con un pelo así. El DTES es un lugar ecléctico. Me encanta cuando la gente se toma su tiempo, como hago yo, antes de presentarse ante los demás. Peinarse el pelo, ponerse ropa limpia, lavarse la cara y ponerse nuevos maquillajes y estar presentable. Yo lo hago, y espero que eso inspire a otras personas a hacerlo. Porque me gusta estar atractiva”.