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Cultură

El nuevo programa de Ana Obregón, a años luz de la chispa de las Campos

'Algo pasa con Ana' es tan malo que puede convertirse en el programa que acabe de en seco con el auge de los docurealities en España.
17.10.16

El juicio por la trama Gürtel tiene más ritmo. Encontrarás más verdad en una entrevista de diez horas a Mario Conde. Un billete de tres euros sería más creíble. En comparación a esto, los monólogos de "El club de la comedia" te sonarán a free jazz, pura improvisación de stand up comedy experimental. A su lado, "Las Campos" podría convertirse en el mejor docureality de todos los tiempos. Y cualquier chiste de la obra de teatro de Bertín Osborne y Arévalo ahora nos parecerá caviar humorístico que podría haber firmado sin pestañear Jerry Seinfeld, Larry David o Louis C.K. Por si aún no te habías dado cuenta estamos hablando de "Algo pasa con Ana", el nuevo producto televisivo de Ana Obregón para el canal DKiss, un ridículo intento de adaptar al universo de Antoñita la fantástica el modus operandi de espacios como "Las Kardashian" o "Alaska y Mario". Y sí: es mucho peor de lo que nunca hubiéramos imaginado.

De los trescientos millones de problemas que tiene "Algo pasa con Ana" el más grave y preocupante es que no tiene ni puta gracia. Como en los conflictos bélicos o los acuerdos de divorcio, aquí hubiéramos estado dispuestos a ceder algunas cosas a cambio de cierto ingenio humorístico. Nos conformábamos con un par de carcajadas y alguna sonrisa irónica, somos fáciles de satisfacer. Pero lo que nos hemos encontrado es mucho más triste y desangelado: el programa es tan malo que ni tan siquiera te puedes reír de él, no te da oportunidades ni de darle la vuelta ni de cogerlo por la vía de la ironía y el sarcasmo. Más bien es un canto a la vergüenza ajena, una aproximación sin cortapisas al abismo del bochorno, la demostración palpable de que Obregón no es graciosa ni cuando pretende serlo ella por su cuenta ni cuando recurre al guión y la impostura.

Lo más real y auténtico que vimos en el estreno de ayer es el partido de fútbol entre España e Italia que están visionando Anita y sus dos amigos

Porque el otro gran drama del programa es su planteamiento conceptual. Es evidente que los responsables de "Algo pasa con Ana", incluida la propia protagonista, hicieron campana el día que se explicaba qué es un reality, qué es un documental y, por supuesto, qué es un docureality. Si lo más real y auténtico que vimos en el estreno de ayer es el partido de fútbol entre España e Italia que están visionando Anita y sus dos amigos Ra y Álex Gibaja (del que no sabe ni pronunciar el apellido), entonces entenderéis de qué estamos hablando. Todo lo demás forma parte de la mente perturbada y malvada de un guionista sin piedad que ha decidido hacer terapia de shock con los espectadores. ¿Cómo? Muy fácil: llevando a la Obregón a interpretar algunas escenas de una vida que ya de por sí siempre se ha movido por el terreno de la ficción y la exageración, pero que aquí se muestra en todo su esplendor de decadencia, sobreactuación e impostura.

En "Algo pasa con Ana" todo está fingido y teatralizado. Todo es humo. Y lo más flagrante es que está interpretado con el registro Obregón, que es el método más infalible si quieres convertirte en el peor actor de la historia. Es una posible utilidad del programa: que las principales escuelas de teatro de España lo muestren a sus alumnos para que tengan claro cuál es el camino que nunca deben seguir si quieren llegar a algo en este mundillo.

Para que os hagáis una idea: Obregón está más sobreactuada desayunando con su hijo o viendo un partido de fútbol en el salón de su casa, en apariencia situaciones cotidianas y propicias del formato, que interpretando una función de su obra de teatro, escenita innecesaria que muy probablemente su protagonista obligó a incluir para demostrarle a España que es una trabajadora incansable, bla, bla, bla.

Todo lo que hacía de "Las Campos" un atractivo y sorprendente producto televisivo aquí se ha esfumado por completo. La gracia de aquel estribaba en la capacidad del formato para combinar ideas de guión con bocados de realidad y, sobre todo, en el talento de sus autores para detectar el lado más potente, freak y cómico de Terelu. El bocado famélico y ansioso a la porra era real, y el mérito de la productora consistió en convertir esa escena en la gran metáfora de un personaje carcomido por sus inseguridades, miedos y anhelos emocionales.

Todo es plástico y brillantina: caídas fingidas, intereses inventados, promoción cansina del hijo, escenitas vergonzantes, diálogos de encefalograma plano

Aquí, por el contrario, no hay metáfora posible, todo es plástico y brillantina: caídas fingidas, intereses inventados, promoción cansina del hijo, escenitas vergonzantes, diálogos de encefalograma plano… Ni tan siquiera podemos salvar la factura y la manera de presentar todo este desaguisado: cutre, feo y soso, "Algo pasa con Ana" parece haber sido rodado con un iPhone 3 y editado con una demo desfasada de iMovie.

Después de buenas experiencias televisivas como "Alaska y Mario" y "Las Campos", es evidente que "Algo pasa con Ana" supone un frenazo al auge y el crecimiento de los docurealities con famosos en nuestro país. Con toda probabilidad ayudará a publicitar y dar a conocer al canal DKiss, especialista en estas lides catódicas, y en ese sentido el objetivo de la cadena quedará más que cumplido, pero como propuesta televisiva demuestra no haber entendido absolutamente nada del formato, más bien todo lo contrario: Ana Obregón se ha sacado de la manga la peor versión que recordamos. Tiene mérito.