FYI.

This story is over 5 years old.

Cultura

El impostor que tenía más de 500 identidades falsas

Sentó cabeza gracias a un gatito.
7.9.12

Foto por Alexandre Guirkinger

¿Ves a ese güey en la foto de arriba? No parece un joven estadunidense de 17 años, güero y de ojos azules, ¿o sí? Porque, al parecer, fue justo de lo que convenció a una bola de personas, incluyendo a la familia del chico. Creo que no estoy siendo muy claro, así que empezaré de nuevo:

El 13 de junio de 1994, Nicholas Barclay de 13 años de edad, quien fue visto por última vez jugando básquet con sus amigos, no regresó a casa con su familia en San Antonio, Texas. Nadie escuchó de él durante los siguientes cuatro años, hasta 1997, cuando sus familiares (quienes se sospecha, tuvieron algo que ver con la desaparición de su hijo en primer lugar) recibieron una llamada de la embajada norteamericana en España. Era de un güey que aseguraba ser su hijo perdido y que había escapado de una red de prostitución. Ese hombre era entonces Frédéric Bourdin, un joven francoargelino de 23 años. También es el güey de la camisa horrible en la foto de arriba.

Bourdin se quedó con los Barclays durante cinco meses, hasta que el investigador privado Charlie Parker, quien asistía al equipo de filmación que cubrió la historia de la familia, comenzó a sospechar. Toda la historia terminó con Bourdin cumpliendo seis años de cárcel en una prisión estadunidense por falsificar pasaportes y por dar falso testimonio. También se convirtió en una película llamada The Imposter, que se estrenó en Sundance en enero. Hace unas semanas noté que Bourdin expresaba su disgusto por el director Bart Layton a través de Twitter, aunque parecía que no había visto la película. Así que decidí contactarlo.

VICE: Hola, Frédéric, ¿te agarro en un mal momento? Te puedo volver a marcar después.
Frédéric Bourdin: Sí, me estoy yendo a la cama muy tarde y estoy muy cansado, pero podemos hablar. Los genios tienen grandes mentes. Podemos pensar incluso cuando no hemos dormido.

Bien, genial. Veo que publicaste tu opinión sobre The Imposter y las personas que la filmaron en Twitter y YouTube. Cuéntame como empezó todo.
Se me acercó un reportero que dijo haber escuchado sobre mi historia de vida y quería escuchar mi versión de los hechos para hacer un documental sobre todo el asunto. Siempre he querido que la gente me entienda, porque no me gusta que me pinten como algo que no soy, así que acepté sentarme a hablar con él en Londres. El reportero desapareció rápidamente, y terminé con Bart Layton.

¿El director de la película?
Sí. Él, y el güey con el que estaba, me dijeron que también querían contar mi historia. No quería que me pintaran como un loco, así que nos sentamos a platicar, y acepté contarles toda mi historia. Abrí mi corazón y todo lo que les dije fue cierto. Lo hice porque quería que la gente viera al verdadero yo y entendiera porque hice lo que hice. Trabajé con ellos durante cuatro años, les di permiso para usar todos mis documentos, me rasuré como querían que me rasurara, me vestí como querían que me vistiera; les presté esa camisa azul que tengo puesta en el artículo del New Yorker.

¿Esa playera camuflajeada?
Sí, exacto. Todo iba bien, hasta que me dejaron de hablar poco a poco. Realmente no me importaba, pero cuando salió la película en el Festival de Cine de Trinidad, me enteré que Bart le había mostrado la película a la familia y le decía a los reporteros cosas como: “Siempre sentí que Frédéric estaba jugando conmigo cuando hablaba con él” y ese tipo de cosas. Y Charlie Parker, el investigador privado que me atrapó, le decía a todos que yo era una mala persona. Me partió el corazón. Soy un padre y esposo de 38 años de edad. Cambié mi vida hace años y la película sólo habla de algo que ocurrió hace 15. Confié en ellos y me trataron como un pedazo de mierda.

¿Por qué crees que hicieron eso?
No estoy segura, pero definitivamente hicieron su mejor esfuerzo para hacer que la gente me odie. Pero no funciono. Si ves mis cuentas de Twitter y YouTube, verás que muchas personas me han dejado mensajes muy lindos y comprensivos. Algunos güeyes del Secret Cinema me pidieron que fuera a Londres a platicar con ellos, pero por estúpido le pregunté a Bart lo que era Secret Cinema, porque yo no sabía, y después de eso me volvieron a contactar para decirme que ya no podían hacer la entrevista.

Suena un poco sospechoso.
Sí. Después descubrí que contactaron a Charlie Parker para la entrevista, así que ya te imaginarás como fue eso. Lo peor es que parece que se están burlando de todos los involucrados. No quería que la familia quedara humillada y terminarán como una bola de tontos por culpa de la película. Lo que hice estuvo mal, cometí un crimen, pero no quiero que eso siga afectando a esta familia. Su pobre hijo está allá afuera en algún lugar, su cuerpo tirado en el piso o en el agua, o algo, y se están burlando de eso. Es puro sensacionalismo y se cagan sobre mí.

Regresando un poco, dijiste que Layton y el equipo de filmación te vistieron y te hicieron rasurarte de cierta forma. ¿Sentiste que intentaban darte un nuevo personaje? La ironía está en que eso es justo lo que solías hacer.
Sí, básicamente me convertí en lo que ellos querían que fuera. Con horas de maquillaje y edición pueden convertirte en lo que quieran. Aunque obviamente no me dijeron que eso era lo que iban a hacer. Sólo me dijeron que mirara a la cámara y contara mi historia, no me dijeron: “Frédéric, te vamos a convertir en un verdadero freak”.

Para mí, suena a que pusiste mucho de ti y las ideas de quién eres en esto. Lejos de la película, ¿te tomó mucho tiempo cultivar eso, considerando que tomabas diferentes identidades y nunca viviste como tú?
Nunca he tenido problemas para saber quién soy, pero he tenido problemas para que me quieran por quien soy. Mi padre era de Argelia y mi abuelo era racista; fui excluido desde que nací hasta que cumplí 16, así que sabía quien era. Sabía demasiado bien quien era. El problema era que no quería ser esa persona, porque quería ser amado. No quería a esas personas que me lastimaban, me escupían, abusaban sexualmente de mí; quería personas que me cuidaran. Adopté más de 500 identidades en cinco años, inventaba el nombre, edad, lugar de nacimiento, todo, pero nunca inventé el sufrimiento y el dolor en mi alma. Adopté la identidad de Nicholas Barclay por desesperación. Era eso o prisión. Al final fueron ambas, pero eso no lo podía anticipar.

¿Qué te hizo pasar de inventar personalidades a adoptar identidades?
Estaba en España, de donde ya me habían deportado, y me había vuelto a meter en problemas con la policía. El juez me dijo que si no demostraba quien era en las próximas 24 horas, tomarían mis huellas digitales, entonces habrían descubierto quién era y me habrían enviado a prisión, así que adopté una identidad verdadera. Cuando me dijo que la hermana de Nicholas había tomado un avión y venía a recogerme, me sentí terrible, porque eso no era lo que quería. Es como si alguien atropella a una persona mientras huye de la policía; es terrible. Pero, en realidad, era para escapar de prisión.

¿Supongo que lo hiciste por desesperación?
Exacto, fue desesperación. Obviamente, la prisión me alcanzó, y ya he dicho que la cárcel habría sido una mejor opción que tener a todas estas personas diciendo que soy un monstruo. No supe que hacer en ese momento.

¿Cómo fue tu tiempo en prisión? ¿Te aislaste o adoptaste una nueva personalidad? ¿O simplemente cumpliste tu condena para salir?
Hablo español y francés, así que terminé siendo adoptado por una pandilla de mexicanos. Eran muy amables, no la clase de personas con las que quieres tener problemas, pero me trataron bien. Es gracioso, pero hice muy buenos amigos en prisión, y supongo que esos años que pasé en esa prisión estadunidense fueron unos de los mejores de mi vida.

Increíble. ¿La pandilla mexicana creyó que eras mexicano? 
Sabían que era francés, pero todos los demás creían que era mexicano porque hablaba con ellos con un acento mexicano, y tenía los tatuajes.

Saliste de prisión en 2005, tenías 31 años pero lograste hacerte pasar por Francisco, un huérfano español de 15 años.
Sí. Si me rasuraba y me vestía de cierta forma y usaba las palabras adecuadas, podía pasar por un niño. Tengo el corazón de un niño, y debe ser por mi terrible infancia. Para ser honesto, extraño esa época un poco, siempre ser alguien más y viajar todo el tiempo por el mundo.

¿Por eso te volviste Francisco? ¿Por qué querías moverte libremente?
Sí, llevo haciéndolo desde 1990, así que son más de 500 identidades en casi todos los países europeos. Vi en internet algo sobre 49 identidades, y me reí. ¿Cómo podría haberlo hecho durante tanto tiempo con sólo 49 identidades? Siempre pretendía tener 14 o 15 años para que me pusieran con una familia adoptiva, donde tenía una madre, un padre, hermanos y hermanas, y me sentía seguro y amado. Sólo quería ser parte de algo.

Después, en 2005, dijiste que nunca lo volverías a hacer. ¿Qué te hizo tomar esa decisión?
Por más extraño que suene, fue porque adopté un gato. Era un gato casero, nunca salía, así que no podía viajar mientras viviera con él. Fue en esa época cuando conocí a mi esposa. Me había visto en televisión cuando era más pequeña, cuando estaba en un momento malo en su vida, y cuando me vio llorar por amor en televisión, volvió a creer en el amor. Me había buscado desde que me vio, después logró contactarme y terminamos casándonos y con hijos. Supongo que ese gato me salvó la vida.

Vaya. ¿Qué haces ahora?
La mayor parte del año vendo cosas en el mercado. De vez en cuando voy a trabajar a la ciudad, pero principalmente estoy en el mercado.

¿Alguna vez consideraste actuar o escribir? El hecho de que hayas personificado a tantas personas y que hayas podido inventar tantas personas diferentes con historias, me hace pensar que serías un buen escritor.
No, pero ojalá pudiera. Quizá algún día, cuando la gente deje de pensar que estoy loco, se presente la oportunidad. Me encantaría hacerlo, pero creo que la gente necesita darse cuenta que no soy un psicópata antes de empezar a confiarme con eso tipo de cosas. Un escritor estadunidense quería escribir mi historia conmigo hace unos años, pero costaría mucho dinero así que preferí no hacerlo. Quizá algún día.

Una última cosa. Vi en Twitter que hablaste con alguien sobre Nicholas Barclay y su familia. ¿Crees que su familia haya tenido algo que ver con su muerte?
Creo que si la gente quiere saber que pasó con Nicholas, necesitan hacer que su madre les diga lo que sabe, porque estoy seguro que sabe más de lo que dice. Sé que su madre y su hermano lo golpeaban, así que definitivamente hay algo ahí.

¿Cómo sabes eso?
Mientras estuve en prisión, luego de que me arrestaran, estaba hablando con un amigo de Beverly [la madre de Nicholas] al que había conocido un par de veces antes cuando todavía era Nicholas, y me dijo muy claramente que Nicholas la había visitado el día que desapareció, y que estaba lleno de moretones. Le preguntó si quería que lo llevara a casa, pero él le dijo que no, que llamaría a su madre. Ella decidió seguirlo y lo vio meterse a un matorral espinoso, y después vio como su hermano se lo llevaba en un auto. Fue la última vez que lo vio. Me pidió que no le dijera a nadie porque no quería problemas con Beverly. Habían sido mejores amigas.

Cuando eras Nicholas, ¿te dio la impresión de que eran personas capaces de algo así?
No son genios criminales, pero nunca admitirían saber algo. Socavaban su propia credibilidad. Sé que no tienen mucha, pero aún así.

Me parece un poco extraño que aceptaran hacer una película de todo esto en primer lugar. En fin, te dejo ir Frédérick, ¿algo más que quieras decir?
No te engañe. No te mentí. No te manipulé, no te hice lo que supuestamente le hice a todos los demás que me han contactado. Tengo 38 años, y soy papá. Arreglé mi vida. Expliqué mis razones, así que si no me crees, habla con el güey del artículo del New Yorker, habla con Terry Whitcraft, productor de Twenty Twenty, Nueva York. No tengo nada que ganar mintiendo.

Te creo. De hecho te acabo de agregar a Facebook, creo que deberíamos seguir en contacto.

Sigue a Josh en Twitter: @joshuahaddow

Más intentos por resolver crisis de identidades:

La disco demente