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Cultura

Confesiones de un feminista: Cuando golpeas a una mujer, golpeas una roca

Para ser un verdadero feminista, tienes que aceptar tu derecho a golpear y ser golpeado.
10.9.12

No es fácil ser un hombre que anhela tener un mundo para la mujer. Por eso, cuando Vice me ofreció esta columna, decidí que la tendría que escribir de forma anónima. Espero que eso no haga que me tomes con menor seriedad.

Mis mejores deseos,

Logan Stuart

¿Qué es la verdadera equidad si no la equidad en todos los sentidos? Para mí, ningún hombre puede ser una feminista —ni ninguna mujer para el caso— si defiende que las mujeres tengan los mismos derechos ante la ley, pero al mismo tiempo, dado que viven más, no puede aceptar que las mujeres deben dar una mayor contribución para sus pensiones. Eso es equidad, y hay que tomarlo todo o no tomar nada. La custodia de un hijo también debe ser distribuida de forma equitativa con el padre. No siempre se puede tener todo lo que uno quiere. Sin embargo, es aquí donde el club de feministas, tantas veces mi fuerza, mi refugio, mi sostén, frecuentemente me decepciona. Es aquí donde muchos de mis compañeros feministas, permítanme decirlo, le dan al movimiento una mala reputación. Y es justo por esas razones que defiendo la idea de que si vas a golpear a una alguien, “ser una mujer” no tiene por qué ser un factor mitigante, así como tampoco debe serlo a la hora de dejarlas manejar, o dejarlas ser juez (otro papel en el que las mujeres casi no están representadas).

Tranquilos, tranquilos. Ya puedo escuchar sus alaridos. Por favor. Antes de reaccionar con ferviente y sensible pro feminismo, déjenme hablar.

Pocas veces he tenido la necesidad de golpear a mi pareja, no sería la mejor forma de llevar una relación a largo plazo, ¿cierto? Pero esas pocas veces que he tenido la oportunidad de hacerlo, me gusta pensar que ella, como buena feminista, no se lo ha tomado a mal. Mido 1.75 metros y peso 70 kilos. Ella mide 1.80 y pesa (estoy segura que no le importará que lo ande divulgando) un poco más. En términos de alcance y momento, me lleva ventaja. Y, hay que decirlo, en términos de agresividad también (como bien saben múltiples meseros que no han hecho bien su trabajo).

Con frecuencia he tenido que luchar contra viento y marea sólo para huir de ella. No le he dado ni de broma el número de golpes que ella me ha dado a mí, y una vez, por culpa de una mirada particularmente feroz, terminé con el labio partido y me lo tuvieron que coser. Mi pareja de vida es, por supuesto, feminista también, y es mi inspiración, mi Buda en todas las cuestiones relacionadas con el feminismo. Hace mucho tiempo aprendió que la única forma de tomar las cosas que quería del mundo de un hombre era desobedeciendo a esos medios diabólicos que le dicen que “las chicas buenas no golpean a alguien en el oído con el puño cerrado”. Por supuesto, tampoco permitió que la conducta varonil se volviera una conducta inconsciente. Además, la feminista racional entiende que no puede traer su propia escalera. Para bien o para mal, tiene que usar los escalones del hombre.

Una que otra vez, me ha aplastado los testículos con su rodilla, un momento que siempre me hace llorar. Recuerdo una vez que hizo esto, después de oler el dulce aroma de la victoria, me sonrió y me dijo: “Si golpeas a una mujer, golpeas una roca”, un viejo eslogan de la Liga de Mujeres del Consejo Nacional Africano en los ochenta. Debo agregar que se trata de una metáfora. Nunca me golpeó con una piedra. Lo peor ha sido una piña de pino que tuvimos de adorno en el comedor durante años.

Debo resaltar que estos momentos han sido escasos. Pero en esas raras ocasiones, dispersas en casi 20 años, en las que me ha golpeado y yo me tenido que defender con algunos ganchos, siempre he pensado en lo liberador que ha sido. Esto es equidad verdadera; esto es lo que los hombres ya tienen. Tienes una discusión con tu cuate, seguida de una manifestación de agresividad física, pero después de la tormenta, siempre viene la calma, y la relación continúa como si nada. Si tan solo las mujeres pudieran ver el cambio tan fuerte que esto les traería.

Los verdaderos feministas tenemos que romper ese tabú social sobre golpear a las mujeres. Por favor, permítanme recordarles: no estoy a favor de golpear a las mujeres sin razón alguna. La ecuación filosófica que les presento tiene muchas condicionantes que primero deben ser satisfechas. Sólo digo que, abstractamente, si queremos hablar de la verdadera equidad, ésta debe estar basada en principios adecuados, como las leyes de la física.

El sentido común nos dice que uno sólo debe golpear a las personas que sean evidentemente más débiles que uno. Para muchos hombres, esto excluye a las mujeres. Pero si alguien es más fuerte más agresivo que tú (dejando de lado la cuestión de si la violencia misma puede o no ser justificada), entonces estás en todo tu derecho de romperles la nariz, sea hombre o mujer. Debemos hacerlo porque eso es lo que la lógica manda, y nuestro feminismo sólo puede sobrevivir dentro de los límites de la lógica. Así que descartemos de una vez ese otro cliché (que los hombres son los únicos buenos para la lógica) y aceptemos nuestro derecho a golpear y ser golpeados.

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