Fotos que se cagan en la Ley Mordaza (sin saltársela)

Daniel Mayrit presenta 'Imágenes autorizadas', una exposición apoyada por PhotoEspaña, que ataca a la censura informativa y a la Ley Mordaza.

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22 junio 2016, 3:00am

Todas las imágenes cortesía de Daniel Mayrit

De pequeño mis padres me recomendaron no llevar a clase la camiseta de Bad Religion, con la señal de prohibido y la cruz. Un consejo sensato (aquel año estudiaba en un colegio de curas) que supongo que hoy en día, cuando la policía te puede retener hasta por llevar un bolso de tela con un gatito, ya no haría falta ni que me lo sugirieran. Porque el riesgo ahora ya no es que un profesor te coja manía, sino una multa de 800 euros.

¿Quién en su sano juicio va a jugar con algo así? Daniel Mayrit lo ha hecho. Ha montado una expo, apoyada por PhotoEspaña y que se puede ver hasta septiembre en la Galería Cero, en la que muestra imágenes difundidas por la propia Policía, agentes ensayando sus golpes con la porra y hasta una escultura de la Virgen —que ya tiene alguna que otra medalla al mérito policial— pixelada, pero TODO dentro de la legalidad. Nos explica cómo y por qué lo ha hecho.

VICE: ¿Cómo se te ocurrió cuestionar la Ley Mordaza con sus propias reglas?
Daniel: Me sorprende que, en todo este tiempo, no muchos artistas se hayan posicionado en contra de la Ley Mordaza o hayan hecho trabajos en esta línea.

Llevaba dándole vueltas desde la aprobación de la propia ley que, entre muchas otras cosas, lo que plantea que más afecta al terreno de la imagen es que considera como falta grave la distribución de imágenes de la Policía.

Me puse a investigar cómo se podría hablar de esta prohibición de producir imágenes, cómo llenar ese nuevo vacío.

Después de lo del gatito A.C.A.B., ¿es buena idea buscarle las costillas a la ley?
Se trata de desmontar la Ley Mordaza sin infringir ni un sólo punto. Todo lo contrario, aplicándola a pies juntillas. La redacción de la ley es tan ambigua que todo puede ser interpretado como una infracción de la misma, así que lo que hice fue aplicar la ley hasta sus últimas consecuencias. Llevarla al extremo, con un resultado que roza el paroxismo.

¿Has tenido obstáculos legales o te han censurado algún material?
En la expo, originalmente, había un montaje de imágenes extraídas de videos de YouTube que mostraban represiones de manifestaciones de los últimos años por parte de los antidisturbios. Un abogado me dijo que esa era la única pieza que podía infringir la ley (si a la policía le daba por interpretarlo así).

Esas imágenes del vídeo existían desde antes de la Ley Mordaza y siguen existiendo actualmente pero, sin embargo, utilizarlas o difundirlas ahora y en otro contexto podría suponer una infracción. Cómo si la ley fuera retroactiva.

Pero, claro, ¿retroactiva hasta cuándo? ¿Podemos enseñar imágenes de las represiones franquistas? ¿Fotos de los 70? ¿De los 90? ¿De hace cinco años? ¿Dónde está el límite? Obviamente, la ley no lo especifica.

¿Podemos enseñar imágenes de las represiones franquistas? ¿Fotos de los 70? ¿De los 90? ¿De hace cinco años? ¿Dónde está el límite?

¿Se han acercado policías a ver la exposición? ¿Les ha gustado?

Cuando estaba la expo montada, pero no habíamos inaugurado aún, entraron a la galería unos guardias civiles. Resulta que estudiaban no se qué historias de fotografía en el mismo edificio...

Obviamente no entendieron nada, pero lo curioso es que ni siquiera les chocó nada. Les pareció lo más normal del mundo que las fotos estuviesen pixeladas de esa manera. Les hacía hasta gracia ver qué políticos o figuras públicas salían en las fotos, pero no que no se pudiese ver a ningún agente.

Es como si el sistema de censura por pixelado estuviera para ellos tan naturalizado y asumido que ni siquiera ven en ello una aberración.

¿La Policía ha dicho algo de que la etiquetéis en vuestra cuenta de Instagram @imagenesautorizadas?
De momento no. Lo cual no se si me alivia o todo lo contrario. Hay una cosa que a mí me llama la atención y que ejemplifica el despropósito de todo esto, y es que, mientras la ley prohíbe a medios y ciudadanía difundir imágenes de la policía, la propia Policía Nacional o el Ministerio de Interior difunden constantemente imágenes de ellos mismos (y sin pixelar, claro).

La propia policía tiene cuenta en Facebook, Twitter, Instagram... y se lleva premios y tiene miles de seguidores porque aparentemente es un ejemplo de community management. ¡Pero las fotos que difunden incumplirían su propia ley! Nuestra cuenta es una réplica de la cuenta de @policianacional, a la que yo mismo aplico el filtro de la Ley Mordaza.

Simulo cómo sería la cuenta de la policía si las imágenes estuviesen precensuradas, como tenemos que hacer el resto de personas si queremos difundirlas. Lo demás es idéntico: mismos enunciados, mismos etiquetados, mismos hashtag.

Y este control de imágenes no os afecta solo a los fotógrafos profesionales sino a cualquier ciudadano.
Exacto. La multa al chaval que colgó una foto en Facebook de un coche de policía aparcado en una plaza de minusválidos no se la pusieron a un fotógrafo, se la pusieron a un chico que había hecho la foto con su móvil. Y eran 800 euros, que por cierto un juez desestimó porque lo que defendían los agentes era un disparate. La Ley Mordaza es un retroceso democrático, lo han dicho por activa y por pasiva desde Reporteros sin Fronteras hasta la ONU. Es una huida hacia adelante.

Fíjate que en EEUU tienen el mismo problema de violencia policial (mucho mayor, probablemente) y la estrategia ha sido instalar cámaras en todos los coches y hasta en los petos de los agentes. Las imágenes acaban en la prensa y derivan en protestas como las de Ferguson.

Aquí la estrategia es la inversa: como hay protestas y las imágenes de la represión se ven en la prensa, lo que hacemos es cortar el flujo de imágenes. Ahí está la diferencia entre la calidad democrática entre una estrategia y otra.

En EEUU instalan cámaras hasta en los petos de los agentes, así las imágenes de violencia policial acaban en la prensa y derivan en protestas como las de Ferguson. Aquí la estrategia es la inversa

¿Crees que tu obra puede ayudar a cambiar las cosas, más allá de denunciarlas?

Por si sola no, para qué nos vamos a engañar. Sin gente que presione en la calle, sin acciones desde las instituciones, sin asociaciones de periodistas que se planten ante el Gobierno, y no sólo ante Pablo Iglesias, probablemente no cambie mucho. Pero si esto se difunde en medios, si se vuelve generar debate... ya es algo.

Por eso no quiero que se quede dentro de la galería y que cuando se termine ya nadie lo vea. Para eso está la cuenta de Instagram, que todo el mundo puede compartir y con la que se puede interactuar. Y el photocall de los antidisturbios, con los que se puede hacer fotos con el móvil y subirlas a redes. Cuanta más gente haya desafiando la ley (sin saltársela ni un pelo), más posibilidades habrá de cambiar las cosas.

En tu anterior trabajo usaste imágenes de Internet manipuladas. ¿Eres un fotógrafo que no hace fotos propias?
Siempre digo que trabajo con imágenes, no necesariamente con fotografías. Pero me siento bien con la etiqueta de fotógrafo porque la formación que tengo es esa.

En cualquier caso, la etiqueta no me interesa demasiado, y es una discusión de viejos que no lleva a ninguna parte. A la gente normal que ve el proyecto en Internet, en un periódico o en una exposición, le da igual si es fotografía o es otra cosa. Lo que le interesa es el mensaje. Y a mi me interesa que la gente normal entienda el mensaje porque ese es el público al que hay que llegar. Porque sin esa gente esto no vale para nada.

¿Cuáles son tus referentes?
Íñigo Errejón, que le ha dado y sigue dando una lección de comunicación a un país entero. Y, fotográficamente, siempre he sido muy de Jeff Wall, pero le admiro como a un abuelo que lo ha sido todo y del que se puede aprender muchísimo, aunque hoy por hoy lo que hace esté superado.

Por lo demás, siempre me ha interesado casi más la pintura que la fotografía. Y, además, soy un poco clásico para eso: paisajistas franceses del XVIII, realismo... Por otra parte, lo más interesante hoy en día está pasando en los ordenadores de gente anónima que hace videos, memes, fakes y todo lo que se te ocurra, y que va ya bastante por delante que la mayoría de los artistas.

Danos ejemplos de esos vídeos, memes y fakes anónimos que van por delante de la mayoría de artistas.

Se me ocurre Zilla van den Born (aunque ya es de hace tres o cuatro años, no es de ahora) que fingió a través de Facebook un viaje a Tailandia, simplemente porque le apetecía gastarle una broma a sus amigos. Una anécdota que nos enseña mucho sobre cómo funcionan las redes sociales. O, hace un par de veranos, cuando ISIS decapitó en aquel vídeo famoso a James Foley y aquí en Occidente se vivió como un terremoto a escala mundial.

Unas semanas después, hicieron otro vídeo con dos periodistas japoneses, con la misma estrategia de infundir terror, y al minuto siguiente Internet se llenó de memes que venían de Japón, a cada cual mejor. Con un gesto tan simple y que viene de la gente corriente, se desmonta de un plumazo toda la estrategia discursiva de ISIS (que por cierto, hay que reconocerles que en el terreno de la imagen no son tontos). Esto en Occidente jamás ocurrió ni ocurriría.

¿Por qué crees que aquí jamás ocurriría lo que sucedió tras el vídeo de ISIS?
Hice un experimento de preguntar en el canal /b/ de 4chan si alguien me podía pasar memes sobre aquello de James Foley (ojo, no con ánimo de reírme de ello, sino de ver cómo se estaba reaccionando en Internet a nivel de imágenes). Y, hasta en 4chan, que está lleno de degenerados, me pusieron a caldo por siquiera insinuar que alguien pudiese hacer memes sobre ese tema. Y la realidad es que no hay muchos memes con el tema de James Foley.

Sin embargo, en exactamente las mismas circunstancias, en Japón Internet se llenó de memes de todo tipo. Aquí hay una sacralización de la imagen que no siempre es productiva. Y que muchas veces es muy hipócrita.

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