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Música

Defqon.1 Recap: La agonía y éxtasis del festival de hardstyle más grande de Europa

A las afueras de Amsterdam, en un claro del bosque aún húmedo por el rocío de la mañana, multitudes de hardstyleros con cadenas, jeans holgados y mohicanas falsas se aprietan contra las rejas de Defqon 1.

A las afueras de Amsterdam, en un claro del bosque aún húmedo por el rocío de la mañana, multitudes de hardstyleros con cadenas, jeans holgados y mohicanas falsas se aprietan contra las rejas de Defqon 1, sus pechos descubiertos meros recipientes de adrenalina apenas contenida, hirviendo con impaciencia. Exactamente a las 11 a.m., los guardias de seguridad se apartan, y los cuerpos brincan hacia adelante, corriendo rápida y ruidosamente hacia el escenario principal al final del campo—una sobresaliente cara de demonio que parece una cruza entre el árbol parlante en Pocahontas y una máscara tiki de Survivor, flanqueado por elevadas columnas de acero y fuego.

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Hay otros doce escenarios esparcidos a su alrededor, y dentro de minutos todos cobran vida—resoplando esos gruñidos de kicks metálicos y sintes chillantes que marcan el sonido del hardstyle, aka el death metal de la música dance. El ataque industrial violento no terminará hasta dentro de 48 horas.

Esto es Defqon 1, el festival de hardstyle más grande del mundo. Fundado en 2003 por el grupo holandés de promotores Q-Dance, el festival reúne a 55,000 fans del hardstyle durante dos días y medio, que vienen de todo el mundo para adorar esta particularmente agresiva forma de música dance.

El hardstyle salió del gabber—quizás el más grande (y definitivamente más raro) movimiento musical que jamás haya salido de Holanda—con influencias del hard house y hard trance alemán. Al igual que sus antecesores, el hardstyle es una reacción consciente al esnobismo musical e intelectual percibido del techno y house. Persistentes divisiones de clase aún son evidentes—a citadinos holandeses les gusta referirse de manera burlona a los devotos del hardstyle como "granjeros".

Pero en Estados Unidos, las raíces subversivas del hardstyle y su relativa oscuridad lo han convertido efectivamente en algo "cool" para los creadores de tendencias como Venus X y Diplo—quienes hasta tuvieron una guerra por Twitter durante unos minutos sobre la apropiación y autenticidad cultural. (Deja bostezo) Además, gracias a conciertos Q-Dance en LA y escenarios hardstyle en festivales como Mysteryland y TomorrowWorld, ravers junto a las costas este y oeste de Norteamérica ahora están cantando la letra de tracks de dioses del hardcore como Frontliner, Brennan Heart, Coone y Noisecontrollers—quienes eventualmente se subieron al escenario principal del Defqon 1, naturalmente, para tocar bajo telarañas de lasers y fuegos artificiales.

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Curiosamente, hay un pueblo de fanáticos de Jesús junto a la propiedad del festival que están convencidos de que el diablo vive en el Defqon 1; los escenarios de caras de demonios que gruñen probablemente no ayuden mucho a calmar sus nervios. Pero más que nada, las vibras de horror sólo son parte del drama palomero de la cultura hardstyle, que también incluye voz en off con acento americano que sonaba sobre la música y que parecía salir directito de una película de acción Hollywoodense, felicitando a los festivaleros por ser "guerreros de fin de semana" y "sobrevivir hasta el final".

Los holandeses tienen una palabra para describir festivales como Defqon 1: kermis. Traducida literalmente, significa: "carnaval". Pero kermis también evoca la emocionante sobrecarga de estimulación sensorial sin parar que envuelve a estas reuniones de ravers bandidos, que vienen a armar desmadre como prueba de resistencia del hedonismo sin lavar.

Los de la vieja escuela acudieron en manada al Gold Tent, en donde pioneros del hardcore como Darkraver y Metal Theo tocaron los clásicos en un rave salido de los 90s. La misteriosa figura enmascarada Angerfist, un veterano de 15 años que frecuentemente es reconocido actualmente como el DJ más grande de hardcore, dominó a sus devotos en el escenario Black, mientras miles de ravers vestidos de naranja iban en bola hacia una pantalla para ver a Holanda derrotar a México en la Copa Mundial—sin dejar de bailar a lo largo del partido.

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Mientras tanto, Black Sun Empire jaló a las multitudes de drum & bass con sus frenéticos breaks, mientras que la mafia del hardstyle italiano—Technoboy, Tuneboy & Stephanie—tocaron estimulantes sets debajo de una enorme medusa de UV.

Al deambular por Defqon 1, viendo juegos de sillas musicales al ritmo de happy hardcore, adolescentes construyendo disfraces de robot con cartón, y miles de dobles de Arnold Schwarzenegger paseando en palos de pogo como los conejos más serios del mundo, a menudo se siente como un montaje en loop sacado de Sante Sangre… especialmente cuando empiezan a sonar los remixes hardstyleros de "Hakuna Matata".

Pero en esta ciénaga de bombos, luces, automóviles aplastados y oscuras carpas llenas de esculturas de basura y cuerpos sudorosos, es el desenfrenado entusiasmo de esta unida comunidad lo que distingue a Defqon 1 de otros festivales de su índole. No están aquí para pendejear, o disolverse en pequeños charcos en el suelo, ni para ligar—están aquí estrictamente debido a su absoluta devoción a la música. Hasta un MC de Australia me dijo que intenta no hablar sobre el crescendo porque "sé que no están aquí por mi".

Al atardecer del último día, cuando las alarmas llenan el aire y el resto de los escenarios cierran, la multitud obedientemente se dirige hacia el escenario principal. Están aquí para la última presentación, una demostración de casi quince minutos de fuegos artificiales que intimidaría hasta a Disneylandia. Pero primero, pusieron sus manos en el aire y gritaron la letra al himno más icónico del hardstyle—"Fuck the System" de Showtek. Decenas de miles de voces cantaron al unísono su grito de batalla: "Fuck regular life, fuck a 9 to 5 job/ I just wanna do what I like to do/ I live for hardstyle, baby!"

Sigue a Michelle Lhooq en Twitter - @MichelleLhooq