Los 6 tipos de cruda conocidos por la humanidad

Todos sin excepción hemos sufrido un guayabo y eso nos hace más humanos.
6.8.16

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Este artículo se publicó originalmente en THUMP Colombia.

Es un impulso instintivo el de evitar aquello que nos hace daño. Desde pequeños, en una muestra sorprendente de preservación, estamos aprendiendo a reconocer las situaciones que potencialmente pueden ir en contra de nuestra seguridad. Absorbemos como esponjas ese conocimiento, adquirido empíricamente y lo archivamos profundamente en nuestro disco duro de supervivencia, para así, ir perfeccionando nuestra técnica en el arte de alojarnos en este mundo agreste y lleno de peligro.

En muchos casos fracasamos hasta herirnos, pero al final entendemos que el calor extremo quema, que los filos agudos cortan y que caer de cierta altura puede ser mortal. Cada contingencia de estas resulta una lección indeleble que más adelante, cuando el mundo de nuevo intente atentar contra nuestra integridad, nos salvará la vida.

Pero por más inverosímil que parezca hay algo que se le escapa a este impulso conservacionista anclado en lo más hondo de nuestra naturaleza. Hay un peligro que no hemos sabido evitar, un dolor que no hemos querido dejar de sentir y del cual nunca pudimos aprender para tomar decisiones en pro de la misma existencia. Para ese estremecedor sentimiento estas humildes letras:

"Oh dulce rencor de Dionisio, dolor de mi vida. Nunca me digas adiós porque no hay nada más triste que la despedida. Quédate a dormir conmigo que apenas se haga de día, me tendrás bajo tu influjo, en delirancia sabatina. Cabeza, estómago, hueso, toda extensión dolorida, es tuya ahora y siempre mientras nos quede bebida".

Ese padecimiento, por supuesto, es la cruda.

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¿Por qué será que después de la primera peda que nos metimos en la adolescencia no logramos interiorizar, de una vez y para siempre la ecuación conductista: tomar + trasnochar + fumar cigarrillo = cruda? ¿Por qué esta pulsión de muerte, llamada resaca, desafía tan fuertemente nuestro sentido de preservación? ¿Por qué cada vez que tenemos la oportunidad, resultamos cometiendo el error de buscar con desespero este malestar?

Según parece y por lo que la historia de la humanidad nos ha demostrado en su transcurrir, lo único realmente instintivo de los hombres son los vicios y la vanidad.

Todos, sin excepción, hemos sufrido una cruda y eso nos hace más humanos, como nos hace más humanos el razonar y tener pulgares oponibles. La cruda nunca aprendimos a evitarla, pero aprendimos a habitar con ella, y como némesis que se respete, este tiene mil caras y se manifiesta de múltiples formas, cada cara es más dolorosa que la anterior.

Nuestra tarea hoy será revelar los distintos perfiles del llamado rencor de Dionisio, o como quieran llamarlo ustedes, guayabo, resaca, caña, cruda, no importa, partida de borrachines sin remedio.

Veamos una a una las facetas de este estado puro de masoquismo, que hace rato decidimos hacer parte de nuestro devenir.


Cruda psicológica

No tomaste pero igual amaneces vuelto mierda. Decidiste portarte bien e importó tres tiras de verga que lo hubieras hecho. Esto es terriblemente diciente, es una señal de auxilio que está lanzando tu cuerpo, un grito de ayuda que tienes que escuchar con atención porque quiere decir que has empinado tantas veces la botella, durante tanto tiempo y en periodos de tiempo tan cortos y exactos, que tu cuerpo desarrolló la capacidad de sospechar que cada 4, 5 o 6 días debe estar en plan de diarrea, paracetamol y consomé. ¡Pilas!

Cruda química

Te inhalaste hasta la sal, te tomaste hasta el agua del florero, te pusiste mordisquetas con las pastillitas del amor. Eso te alargó el chico tanto que agravaste la situación con mucho más cansancio. Tienes la jeta tan desgastada que te dejarían entrar derechito por la puerta principal del hospital sin siquiera hacerte diagnóstico. Pero lo peor viene cuando por fin estando debajo de las cobijas, te ataca un sentimiento de altísima carga moral. Este te juzga y te castiga con el látigo del remordimiento. La cruda química es como estar en el purgatorio con el puntaje más bajo posible, a punto de irte al averno. La re-cagaste amiguito y lo sabes.

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Cruda existencial

Aquí la depre arremete con ganas. Te preguntas en loop incesante ¿Por qué me hago estas vainas? ¿Para qué me pongo en estas? ¿Quién soy? ¿Para dónde voy? Muy seguramente tenías cosas que hacer y no hay riesgo de que tu cuerpo te dé licencia para algo distinto a mirar pal' techo y entrar en consciencia del despojo que eres. Es el puro "ser o no ser" de los borrachines.

Cruda delirante

Con el patrocinio de una fiebre de 40, yo le llamo a este padecimiento "la bola de fuego". No sé si la han sentido. Se sienta uno en el trono de porcelana a intentar desintoxicar por vía Detroit y de repente el cuerpo colapsa con una subida de temperatura intempestiva que hasta empaña el espejo. Se sufren delirios, visiones extrañas y se desvaría. Por si no sabían cuando nos da fiebre estamos activando el sistema inmunológico, entonces se podrán imaginar las maromas en las que anda nuestro cuerpo para sanarnos, pero sobre todo, ¿se imaginan el descontrol que pudo preceder tal situación?

Cruda insaciable

Normalmente sucede los domingos. Estamos en una paradójica situación en la que comer nos da más hambre, por lo que nos ponemos a pedir a domicilio como si mañana fueran a decretar la alerta nuclear. Las promos de KFC nos tientan de tal manera que rayamos tarjeta sin pensar en la deuda. Hay que tener cuidado con esta práctica porque puede suceder que después de una comilona de estas terminemos en la cruda delirante y el lunes, recurramos a los trucos anoréxicos de siempre para contrarrestar la inminente gordura adquirida.

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Cruda repulsivo

Es el totalmente opuesto al anterior. No te entra ni un respiro y los olores expedidos por la frijolada que se cuece en la cocina, que en otro momento serían placenterísimos, en este momento representan tu tiquete directo a una volquetiada sin precedentes. Agüita y nada más en este punto.

Si cree que ha padecido otro tipo de cruda y quiere hacérselo saber a la humanidad, por favor cuéntenos.