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La tensión entre el Thunder y los Warriors no es suficiente para crear una rivalidad

Para que exista una rivalidad entre los Warriors y el Thunder debe haber igualdad en la calidad de sus planteles.
13.2.17
This rivalry isn't so much of a jump ball anymore. Photo by Mark D. Smith—USA TODAY Sports

Los Warriors de Golden State derrotaron al Thunder de Oklahoma City en sus primeros dos encuentros del año con un total de 48 puntos, pero la acumulación de expectativas previo al partido del sábado por la noche tenía una vibra diferente. Sería la primera vez que Kevin Durant sería recibido en Oklahoma City como un fuereño, su primera vez en los vestidores del equipo visitante, sus primeros abucheos en la Chesapeake Energy Arena, y la primera ocasión que sería testigo de la devoción religiosa hacia Russell Westbrook. Cualquiera diría que todo esto era suficiente para un juego tenso.

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Pero no fue así. Los resentimientos se suman conforme se juegan más partidos, pero importan mucho menos que el talento. Los Warriors ganaron por 16, y los 34 puntos de Durant fueron parte de un marcador casi pornográfico de Golden State. Klay Thompson anotó 26 puntos en siete tiros de 12, y Steph Curry sumó 26 en nueve de 19. Incluso JaVale McGee (¿?) se llevó 16 puntos en siete intentos de ocho.

El Thunder trabajó para sus canastas; Westbrook tuvo 47 puntos, 11 rebotes, y 11 pérdidas de balón, y lideró la ofensiva de OKC por medio de pura voluntad. Pero los Warriors se pusieron cómodos, relajados, y jugaran de ensueño.

Golden State lideraba el juego por 23 puntos al medio tiempo, y una vez que tenían asegurada la victoria, los requisitos del partido comenzaron a desenvolverse. Al inicio de un tiempo fuera cerca de la mitad del tercer cuarto, Durant y Westbrook se gritaron. Lo que se dijeron es menos importante que la forma en que sucedió: Westbrook asintió la cabeza violentamente, y Durant encogió los hombros. Minutos después. Durant recibió una fuerte falta de Andre Roberson y se encaró con él. Se cobraron cuentas pendientes y el orgullo se mantuvo.

La postal que perdura del partido del sábado tiene que ver forzosamente con Durant, quien es el centro de lo que se hace en la duela y el teatro interpersonal: tiros en suspensión, embestidas sobre el tablero, y el público de Oklahoma City le dejó saber su inconformidad.

Una imagen aún más reveladora se dio en el segundo cuarto, cuando el marcador aún reflejaba cierta esperanza. La unidad secundaria de Golden State estaba ocupada incrementando la ventaja cuando Shaun Livingston trasladó el balón hasta el otro lado, se quitó a Cameron Payne, y soltó un fadeaway, mientras provocaba una falta a su favor.

"Este equipo de Oklahoma City está siendo absolutamente destruido", dijeron los comentaristas, prediciendo el futuro de la rivalidad. El Thunder cuenta con una superestrella en su plantel y muy poco de todo, mientras que los Warriors tienen a cuatro superestrellas y una variedad de especialistas. Las cosas entre ambos equipos están tensas, pero la brecha en los planteles hará que el dramatismo no dure mucho tiempo, inclinando esta "rivalidad" de un solo lado.

"Nada irá más allá de la cancha", comentó Durant sobre su confrontación con Roberson. "Es parte del juego y lo respeto". Otro aspecto del juego que perdurará cuando los abucheos se hayan callado y la novedad se haya desgastado es que los equipos grandiosos derrotan a los buenos equipos, sin importar lo que piensen los demás al respecto.