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la marranada que hizo mejor el fútbol

La entrada (guarrísima) que cambió las normas del fútbol

Una falta brutal en la final de la FA Cup inglesa de 1980 cambió las reglas del fútbol para siempre... ¡por suerte!

por Will Magee
23 Mayo 2016, 6:20am

Bob Thomas/Getty

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El público grita, excitado: los decibelios aumentan a medida que un prometedor futbolista avanza, raudo, por el suave césped del estadio de Wembley. Paul Allen, el jugador más joven en honrar con su presencia una final de la FA Cup, está dirigiéndose solo hacia la portería con la pelota en los pies cuando solo quedan dos minutos de partido.

Allen burla al defensa Graham Rix con brillantez y encara la portería. No tiene a ningún otro zaguero delante: solo el guardameta Pat Jennings le separa del gol. El futbolista de 17 años está listo para anotar el gol que tiene que asegurar la victoria del West Ham... y de paso entrar en los anales del fútbol.

O eso cree él.

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Justo antes de tirar a puerta, y sin saber por qué, Allen cae se desploma en el césped. La tierra retumba en el momento en que su cara choca contra el suelo. El entusiasmo de las gradas se convierte en un ensordecedor lamento de angustia e ira. Allen está mareado y confundido.

Una patada con toda la mala intención lo ha derribado por detrás. La infame pierna pertenece al defensor escocés del Arsenal Willie Young. Se levanta, toca cariñosamente el pelo de Allen y recibe la tarjeta amarilla con un gesto de disculpa. Los comentaristas están indignados, los aficionados también, pero Young sigue jugando como si nada.

A pesar que el West Ham, equipo de segunda división, logró aferrarse al triunfo en aquella final de copa de 1980 por la mínima, el partido quedó marcado por la entrada de Young. La actuación de un bruto defensor derribando a una futura estrella con cara de niño se convirtió en una postal icónica, en una representación de lo peor del fútbol inglés.

En lugar del gol de Allen, lo que quedó para la posteridad fue el cinismo de aquella falta. Todo el mundo fue testimonio de esa injusticia. Un hastiado veterano de mil batallas, despreocupado por encima de todo, derribó las esperanzas y sueños de una joven promesa: Allen, de hecho, aún lloraba cuando le entregaron la medalla de ganador; el chaval descendió los escalones de Wembley ante un coro de conmiseración por parte del público.

El incidente, aparte de absurdo, fue cruel. No era la primera vez que a un jugador se le negaba una clara oportunidad manifiesta de gol, pero la entrada de Young capturó especialmente el imaginario colectivo del fútbol. La jugada fue tan malintencionada que las autoridades no pudieron hacer otra cosa que reflexionar. El torpe pelirrojo del Arsenal había abierto la caja de Pandora: las reglas del fútbol estaban a punto de cambiar.

En los momentos posteriores a la final hubo un gran descontento porque no se castigó más duramente a Young. Los aficionados, analistas y comentaristas exigían sanciones más severas para este tipo de faltas, así que el organismo rector del fútbol inglés tomó cartas en el asunto.

En 1982, la Federación inglesa (FA) recomendó que cualquier falta que pudiese frenar una ocasión manifiesta de gol debería ser considerada como severa, y por ende, merecedora de tarjeta roja. Pronto esta recomendación se convirtió en una norma, y la FIFA la incluyó en las reglas del fútbol que conocemos actualmente.

Ojo a la voz del comentarista John Motson, que no se lo puede creer.

Young, pues, pasó involuntariamente a la historia a pesar de que solo jugó un año más con el Arsenal antes de terminar su carrera en divisiones inferiores. Al derribar al joven Allen, el cínico Young logró que las generaciones futuras no pudiesen llevar a cabo un comportamiento tan antideportivo sin ser sancionados de una manera más dura.

Todos y cada uno de los defensas que han sido expulsados por derribar a un oponente cuando este se marchaba solo a por el gol pueden agradecérselo a Young.

En los últimos momentos de la final de la FA Cup de 1980, Young arruinó el partido para el bien de los demás. El zaguero inglés cometió una de las faltas más indignantes que el mundo haya visto... y sin saberlo, hizo del fútbol un deporte más justo.

El autor no es capaz de correr y controlar un balón a la vez pero domina Twitter como el que más: @W_F_Magee

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