Conviví un año con pedófilos ‘no practicantes’

Conviví un año con pedófilos ‘no practicantes’

Los miembros de esta comunidad basada en internet se hacen llamar “pedófilos virtuosos”, ya que la mayoría de ellos asegura no haber mantenido nunca relaciones sexuales de ningún tipo con menores ni tener intención de hacerlo.
8.5.17

Corrían los primeros días de la primavera de 2015 cuando viajé de Londres a la costa oeste de EE. UU. para pasar una semana con Gary. Él fue el primero de un grupo de pedófilos no practicantes que habían tomado la decisión de hacer pública su parafilia. Sus miembros me permitieron convivir con ellos y fotografiarles. Mi objetivo era el de tratar de entender a estas personas y dar a conocer lo que significa vivir sintiendo una atracción castigada por la ley y condenada por la sociedad.

Gary forma parte de una comunidad de internautas que comparten esa "atracción sexual involuntaria". Según él y otros miembros del grupo, del mismo modo que una persona homosexual o heterosexual se siente atraída por personas de un género determinado, ellos se sienten atraídos por niños o niñas de ciertos rangos de edad que en ningún caso superan la edad legal de consentimiento para mantener relaciones. Se hacen llamar "pedófilos virtuosos" cuya forma abreviada en inglés es VirPed, porque la inmensa mayoría de ellos asegura no haber mantenido nunca relaciones sexuales de ningún tipo con menores ni tener intención de hacerlo.

Gary es también el fundador de la Asociación para la Prevención de los Abusos Sexuales (ASAP, por su acrónimo inglés). "Los foros me ayudan a contener mis impulsos, pese a que no considero que esté en riesgo. He aprendido a aceptar mi condición", explica. "La pedofilia no rige mis actos ni me provoca trastornos emocionales".

Cuando me presenté como fotógrafo documental, esperaba que me recibieran con cierto recelo o incluso temor. Sin embargo, después pensé que, a fin de cuentas, ya habían renunciado al anonimato dando visibilidad a su problema, por lo que mi presencia no supondría una amenaza mayor que la que ya pudiera pesar sobre ellos por parte del resto de la sociedad. Gary y las personas como él resultaron estar deseosos de encontrar a alguien dispuesto a escuchar su historia. Así, después de varios meses sentando las bases de nuestra futura relación y ganándome la confianza de los integrantes de la comunidad, finalmente compré un billete para conocerlos en persona.

"Alex, te espero en el aeropuerto a las 23:30. Llevaré una chaqueta azul claro". Gary

Durante el trayecto, empecé a tomar conciencia de lo que estaba a punto de hacer y me embargó cierto nerviosismo, que fue desapareciendo cuando conocí a Gary, quien me abrió de par en par las puertas de su vida durante una semana. Llegué a sentirme tan cómodo en su presencia que sus inclinaciones sexuales empezaron a tener cada vez menos peso en la opinión que me iba formando de él. Lo mismo ocurrió con el resto del grupo. Lo que yo vi fue gente normal tratando de salir adelante como cualquier otro lo haría, pero con una carga añadida que no han escogido acarrear.

Y, también como cualquier otra persona, tomaron una serie de decisiones respecto a sus vidas cuyos motivos no me costó entender, y otras que no acertaba a asimilar con tanta facilidad. Así, por ejemplo, si bien la mayoría de ellos asegura haber escogido una vida alejada de los niños, el trabajo de Ian, uno de los integrantes del grupo, está directamente relacionado con los menores. Dada la percepción actual que tenemos de la pedofilia, no parecía muy complicado inferir quienes de los hombres que visité llevaban un estilo de vida "virtuoso" y quienes no, si bien me pareció importante conceder a todos ellos las mismas oportunidades de expresar cómo viven su atracción.

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Gary está casado con Tabitha, profesional sanitaria recientemente jubilada. Llevan casados casi 11 años, pero solo hace seis que Gary le confesó a Tabitha que se sentía atraído por las chicas jóvenes. "Respecto a cómo reaccioné cuando supe que a Gary le atraían las niñas, creo que fue una toma de conciencia progresiva, más que una revelación chocante", explica Tabitha. "Creo en él y confío en que no haya hecho nada de lo que pueda avergonzarse. Mucha gente tiene deseos o comportamientos pecaminosos secretos a los que son proclives, pero lo importante es que no se materialicen en hechos", añade. Todas las fotos por el autor

Gary está casado con Tabitha, profesional sanitaria recientemente jubilada. Llevan casados casi 11 años, pero solo hace seis que Gary le confesó a Tabitha que se sentía atraído por las chicas jóvenes. "Respecto a cómo reaccioné cuando supe que a Gary le atraían las niñas, creo que fue una toma de conciencia progresiva, más que una revelación chocante", explica Tabitha. "Creo en él y confío en que no haya hecho nada de lo que pueda avergonzarse. Mucha gente tiene deseos o comportamientos pecaminosos secretos a los que son proclives, pero lo importante es que no se materialicen en hechos", añade. Todas las fotos por el autor

El objetivo del grupo VirPed es ofrecer a los pedófilos la asistencia y el apoyo que no encuentran en instituciones gubernamentales ni en sesiones de psicoterapia ordinarias. Existen programas para personas que ya han cometido abusos sexuales, pero no resulta beneficioso meter a aquellos que no han sucumbido a sus impulsos en el mismo saco con los primeros. La mayoría de los integrantes de VirPed con los que hablé me aseguraron que la razón por la que se unieron a este colectivo no era para mantener sus deseos bajo control, sino para evitar la sensación de soledad y depresión que conlleva mantener su condición en secreto.

Otro integrante del grupo es Sammy. "Sentir algo por un niño y no tener a nadie con quien hablar de ello es como estar atrapado en una isla desierta", me explicó. "Te sientes tan aislado que empiezas a perder la cabeza poco a poco. Somos criaturas sociables por naturaleza. Necesitamos hablar con personas en las que confiamos de las cosas que nos preocupan, pero cuando se trata de un tema tabú como es el caso, no puedes hablarlo con nadie".

Son muchos los que llegan al grupo con la convicción de que es imposible evitar los abusos sexuales porque, a su parecer, la atracción lleva inevitablemente a actuar. Gary asegura que durante 50 años de su vida se sentía como "una bomba de relojería". Existe, además, el peligro de dar con las personas equivocadas, como el grupo NAMBLA, un colectivo de pedófilos que lucha por la abolición de las leyes que penalizan las relaciones sexuales con menores. Quizá muchos pedófilos habrían sido capaces de evitar sucumbir a sus impulsos si hubieran tenido acceso a un espacio en el que pudieran expresar sus sentimientos.

Obviamente, no hay forma de demostrar muchas de estas declaraciones de buenas intenciones. Tal vez algunos de los miembros de VirPed simplemente usan el colectivo como tapadera; tal vez algunos de ellos vieron en mi reportaje fotográfico una forma de expiación, de mostrar que no tienen nada que ocultar. En honor a la verdad, no puedo garantizar nada de esto y entiendo que muchos puedan abordar este artículo con recelo.

Ni siquiera existen garantías de que Gary no se haya desviado del camino del "virtuosismo". En 2007, él y Tabitha hicieron de padres de acogida de tres niños. Al cabo de tres años, la madre biológica de los niños formuló una denuncia contra Gary por abusos sexuales contra una de sus hijas.

La policía desestimó la acusación, de la que posteriormente se desdijo incluso la propia presunta víctima, a la que conocí en 2015. La joven, que hoy tiene 20 años, recientemente volvió a cambiar de parecer respecto a la acusación. A principios de este año, la joven apareció en un programa de televisión al que también acudió Gary, su padre de acogida. "Oír a Gary definirse como un pedófilo virtuoso es asqueroso. Quiero que todo el mundo sepa lo que me hizo, que no es quien dice ser. Yo soy la prueba de que miente". Durante varios meses intenté contactar con ella sin éxito.

Las siguientes imágenes son una selección de una serie de fotos tomadas en 2015, durante mi convivencia con este grupo de pedófilos no infractores. He escogido cuatro casos de estudio cuyas historias considero que cubren gran parte de los problemas que afectan a esta comunidad.

Gary en su casa con Spunky, uno de sus dos schnauzers.

Gary asegura que, de resultas de haber confesado su condición a los expertos, ha tenido que enfrentarse a situaciones traumáticas y ha sido víctima de actitudes prejuiciosas, pese a su insistencia en que nunca ha cometido abusos. "Lo más traumático fue sin duda que me echaran de la universidad solo por mi orientación sexual", afirma. "Tampoco fue agradable que me interrogara la policía estatal o que me denegaran la entrada al único hospital del condado. En 1999, la orientadora que me visitaba me abandonó sin derivarme a otro especialista. Cuando le pedí explicaciones, se asustó y me dijo que no era capaz de lidiar con lo mío. Se negó a volver a visitarme".

Gary abre la parroquia del barrio para celebrar una reunión similar a las de Alcohólicos Anónimos, con las que pretende dar apoyo a personas con problemas como adicciones o depresión. Como miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, uno de los pilares de la vida de Gary es la religión. En 2014 finalizó la construcción de esta iglesia con la ayuda de su familia y otros feligreses.

Aprovechando un viaje para ver a su hija, Gary visita a Sammy, otro de los integrantes de VirPed a quien Gary conoce desde hace varios años, si bien esta era la primera vez que se veían en persona. En la foto aparecen ambos charlando en el motel en que habían acordado encontrarse. El considerable estigma que pesa sobre la pedofilia convierte el anonimato en un elemento esencial para garantizar la seguridad de los miembros del foro de VirPed. Por esa misma razón son tan poco frecuentes las reuniones entre integrantes del grupo fuera del foro.

Sammy es consciente de su parafilia desde hace 20 años. "A los 15 años empecé a sentir algo por una niña de tres años", explica. "Aquello fue una señal inequívoca de que era pedófilo".

Durante los primeros días de internet, antes de la existencia de VirPed o de foros similares, Sammy buscaba solaz y seguridad en los foros procontacto, que por entonces eran principalmente chats en los que se defendía la pedofilia y se fomentaba la práctica del sexo con menores. "Encontré un sitio llamado Frente de Liberación Pedófilo. Allí me dijeron que sí, que hay gente que se enamora de menores y que no había nada malo en ello. Obviamente era un alivio oír eso, pero el problema es que esos mensajes solían ir acompañados de otros más jodidos. Su retórica nunca llegó a calar tanto en mí como para llegar a actuar, pero en todo caso me siento en deuda con ellos, porque a fin de cuentas me salvaron la vida".

Sammy se afeita para acudir a una de las decenas de entrevistas de trabajo que tuvo durante las semanas que pasé con él. Tras pasar mucho tiempo negándolo, Sammy finalmente asumió que se sentía atraído por la hija de su excuñada. Trató de suprimir sus impulsos fumando marihuana. Hace poco lo echaron del trabajo por haber dado positivo en un test de drogas al que tuvo que someterse.

Jack es exmiembro de VirPed y colaborador asiduo en ASAP. Hace unos años abandonó el grupo porque no considera que sea correcto limitarse a aceptar la pedofilia no practicada. Él ve sus inclinaciones como un defecto que debe erradicar. Decidió seguir colaborando con ASAP para contribuir a las charlas sobre prevención de abusos sexuales.

Entre 1967 y 1989, cuando contaba con solo 14 años, Jack confiesa que tocó a más de 300 niños. Se crió en un hogar infantil, donde asegura que fue golpeado, acosado y violado por sus responsables y los niños internados de más edad. Jack nació con poliomelitis, lo que le convertía en el objeto constante de abusos. "No pretendo responsabilizar a la institución de mis actos", añade. "Tal vez ellos me inculcaron la conducta, pero soy consciente de que fui yo el que tomó las decisiones y el responsable último de las mismas, para bien o para mal. Hablo de mi vida con toda franqueza, no intento esconder mis delitos". Jack asegura que no ha vuelto a abusar de menores desde 1989.

"Mis crímenes eran muy deliberados, muy calculados", explica Jack. "Todas mis posesiones siempre cabían en un coche, de forma que pudiera mudarme fácilmente a otra ciudad cuando sospechaba que la policía me buscaba. Desaparecía de un día para otro. Nunca firmaba ningún contrato de alquiler; pagaba mes a mes a propósito. Toda mi vida giraba en torno a mi parafilia, que me aseguraba de poner en práctica tanto como podía. Pero no había nada casual. Todo estaba muy calculado".

El mantra de Jack, "¡Ni hoy ni nunca más!", aparece escrito en todas las superficies de su entorno, desde la pared del baño hasta la firma de su cuenta de email o tatuado en sus muñecas. "He hecho tanto daño a tantas personas que nunca voy a poder repararlo; nunca", se lamenta. "Aunque viviera de nuevo, jamás podría compensar todo el mal que he causado. No estoy desesperado por seguir fuera de la cárcel, sino por no volver a delinquir. No quiero volver a hacer daño a ningún niño más".

Jack todavía sufre las secuelas de la polio que padeció en su infancia, por lo que cuenta con la ayuda de su cuidador, Kenny (arriba), que vive con él desde 2011 y se encarga de sus cuidados de forma altruista. "Quise ayudar a Jack porque empatizaba con él; esa empatía acabó convirtiéndose en amistad, que en parte es la razón por la que sigo aquí", explica Kenny. "Llevaba un año cuidando de Jack cuando un día me dijo: 'Tengo que contarte algo, y te pido por favor que no me juzgues cuando lo haga'. Me lo explicó todo. Afortunadamente, no me gusta juzgar a la gente".

Kenny enciende unas luces en el porche delantero de la casa de Jack. Afirma que él también fue víctima de abusos durante la infancia. Ahora se ha convertido en una figura esencial y estabilizadora en la vida de Jack. Fue él quien instaló los tablones de madera en el porche para evitar que Jack viera a los niños jugar en la calle. Cada vez que Jack ve a algún niño en un lugar público, llama inmediatamente a Kenny para hacérselo saber. "De esa forma se elimina el factor secreto y el atractivo que tiene", explica Jack.

Ian es otro miembro de VirPed. Pese a ser consciente de sus inclinaciones desde la adolescencia, afirma que nunca ha sentido la necesidad de recibir ayuda. Fue cuando decidió buscar a otras personas como él que dio con VirPed. "Estoy encantado de poder hablar con las personas tan maravillosas que hay en el grupo. Es mucho más de lo que esperaba encontrarme", señala.

Ian lleva nueve años casado con su marido, a quien no ha revelado su parafilia. "Últimamente he pensado mucho en decírselo, pero no quiero tomar decisiones precipitadas. Debo considerar muchos factores. ¿Mejoraría nuestra relación o supondría una carga con la que ambos deberíamos lidiar? ¿Hay algún motivo por el que tenga que hacerle partícipe de un problema que soy capaz de gestionar solo?", se pregunta Ian.

Ian ayuda a su hermana con el coche.

Ian está muy unido a su familia y tiene muchas ganas de crear la suya. Él y su marido se están planteando la posibilidad de adoptar. "Me preocupa sentir atracción por nuestros hijos", confiesa. "Quiero creer que nunca pasaría, pero también creo que ignorar posibles futuros problemas no hace que desaparezcan. No quiero tener un hijo y ocho años después lamentarme del berenjenal en que me he metido".

Ian repasa la sección infantil de la biblioteca del barrio en busca de títulos que pueda comprar para los niños del hogar en que trabaja. "Quiero que estos niños prosperen y tengan una vida normal. Ellos lo saben y lo demuestran con su actitud. Creo que no me preocuparía tanto por su bienestar si no fuera pedófilo. Canalizar esos sentimientos en algo positivo hace que valga la pena tener que lidiar con los momentos incómodos en los que afloran mis deseos. Todas las experiencias, buenas y malas, contribuyen a hacer de mí una mejor persona. Es cierto que mi condición dificulta las cosas, pero no toda mi existencia gira en torno a eso. Me gusta ser quien soy y disfruto de mi vida. No la cambiaría por nada".

*Se han cambiado algunos nombres.

Puedes ver más cosas de Alexander McBride aquí y aquí .

Traducción por Mario Abad.