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Tecnologia

La soledad de los satélites

Fernando Mier Hicks es candidato a doctor en MIT y actualmente trabaja en una tecnología que está transformando el mundo de la propulsión espacial.

por Milton Läufer
11 Mayo 2017, 4:00am

Este texto forma parte número de El futuro de la tecnología de la revista VICE.

Sin todavía haber cumplido 30, Fernando Mier Hicks ha recorrido un largo camino desde su Aguascalientes natal hasta Cambridge, Massachussets, donde trabaja en el desarrollo de un tester de satélites único en el mundo. Casado con una estadounidense, Fernando confiesa que vivir lejos de sus afectos es difícil pero que el shock cultural tampoco ha sido tan fuerte. En esta entrevista hablamos sobre su llegada a la universidad tecnológica más importante del mundo, su trabajo en el desarrollo satelital, y sobre los usos que proyecta para sus investigaciones sobre propulsión espacial.

VICE: ¿Cómo terminaste haciendo un doctorado en el laboratorio de propulsión espacial del Massachusetts Institute of Technology [MIT]?
Fernando Mier Hicks: Estudié Mecatrónica en el Tec de Monterrey. Allí tuve varias oportunidades de hacer instancias de investigación en el extranjero. La primera fue un verano que hice en Carnegie Mellon y al siguiente aquí en MIT, en el mismo laboratorio en el que ahora trabajo. Y esa oportunidad salió porque el director del laboratorio hizo una convocatoria para invitar a un alumno del Tec.

Cuéntanos un poco qué es lo que has desarrollado aquí.
Lo que hice fue diseñar y construir una cámara que simula las condiciones en las cuales se encuentra un satélite en el espacio. En este caso, orientado a nanosatélites, que son satélites muy pequeños, de entre uno y diez kilos.

Pero este tipo de cámaras ya existían...
Exacto. Pero antes tenías que tener tres máquinas diferentes que simulan tres aspectos del espacio: el vacío; el ambiente de plasma, que es un ambiente muy nocivo para los satélites de partículas cargadas; y por último, cero fricción, lo cual hace que lo que se mueve poco vaya a seguir moviéndose porque nada lo detiene. Mi herramienta simula los tres a la vez. Además de ser solo un aparato y reducir los tiempo de pruebas, mi desarrollo permite ver las interacciones entre estos tres ambientes y lo diseñé principalmente para probar los propulsores eléctricos que se desarrollan en nuestro laboratorio. Un propulsor eléctrico te lo puedes imaginar como un cohete que en lugar de expulsar fuego, lanza iones, que son partículas cargadas; se ven como los motores de Star Wars, como una lucecita azul. Por supuesto, para probar estos motores es importante estar en un ambiente de cero fricción, ya que la fuerza que los motores producen es muy pequeñita, de la fuerza del peso de un mosquito, pero bajo cero fricción eso al final producirá movimiento. Ya que estás expulsando iones y partículas cargadas, eso alimentará a su vez a la nave y es importante saber cómo reaccionará el plasma, que también está cargado, con la carga de la nave. Y por último es muy importante saber cómo todo esto reacciona con el vacío, porque el alto voltaje de estos motores no se lleva muy bien con el vacío, se pueden generar arcos eléctricos; un rayo, básicamente. Como ves, para estos propulsores es crucial poder probar los tres ambientes a la vez y eso es lo que hace mi herramienta, que es básicamente mi tesis de doctorado.

¿Hay propulsores eléctricos ya en el espacio? ¿Cuál es su ventaja?
La ventaja es que no necesitan combustible. Estos propulsores usan la energía de las baterías, que se cargan con el sol. Hoy en día los nanosatélites apenas pueden alinearse a través de magnetismo, por ejemplo si están rotando, pero no existe un sistema de propulsión eficiente y además preciso: piensa que si quieres buscar exoplanetas debes apuntar a una estrella con mucha precisión: eso es algo que puedes hacer con estos propulsores. O cambiar de órbita. Y la propietaria de esta tecnología es MIT, nuestro laboratorio. Hemos lanzado cuatro cube-sats: dos en mayo de 2015 y otros dos en noviembre de 2016, con la sola finalidad de probar estos propulsores. Y los resultados han sido muy satisfactorios y estamos refinando la tecnología para finalmente poder comercializarla. De hecho, ya hay un spin-off del laboratorio, un start-up que se llama Action Systems (del cual soy cofundador), que se encargará de eso.

¿Qué planeas hacer en el futuro? ¿Qué aplicaciones encuentras para estas tecnologías?
De momento estoy postulándome a trabajos en la NASA y en empresas privadas, aunque también podría dedicarme a Action Systems. Y respecto al futuro, creo que estas tecnologías pueden ser muy importantes, siempre bajo el concepto de constelación de nanosatélites (ya que son baratos y pueden reponerse con facilidad). SpaceX, por ejemplo, habló de cuatro mil nanosatélites; es el número más alto que conozco. Con esta estructura, Planet Labs, de California (que por ahora tiene cien satélites) está buscando sacar fotografías satelitales de todo el mundo actualizadas cada 24 horas. Imagina las utilidad de eso: cualquiera podría ver casos de deforestación ilegal, pesca ilegal, etc. También hay una empresa que se llama OneWeb que planea poner una flota de pequeños satélites para proveer internet en todo el mundo.

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