La sangrienta historia de las películas de venganza por violación

Desde hace décadas, las películas de venganza por violación han sido objeto de discordia. ¿Restan valor a las violaciones al reflejarlas, o muestran el problema tan grave que son?

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14 Septiembre 2016, 7:35am

Image via Flickr user Hannes Engelbrecht

Quienes se burlan de las películas de venganza por violación tienden a centrarse más en la violación que en la venganza. Aunque esta interpretación es injusta por su obvia simpleza, no es difícil ver por qué muchos toman esta postura: en sus formas más esenciales, estas películas piden al público que permanezca sentado mientras se muestran representaciones brutales de violaciones durante la primera mitad para ver cómo son vengadas (normalmente por parte de la víctima) en la segunda mitad. La extrema violencia que exige la venganza es un clásico, disponible en todo tipo de formas a lo largo de la historia del cine. Sin embargo, las representaciones explícitas de las violaciones son todavía suficientemente escasas como para que nos causen impresión.

La reseña que escribió Roger Ebert del clásico de Meir Zarchi I Spit on Your Grave (1980) ejemplifica a la perfección la lectura simplista de las películas de venganza por violación (y las suspicacias que guían esta interpretación):

¿Cómo reaccionó el público ante todo esto? Los que expresaron su opinión parecían estar pasándolo bien. El hombre de mediana edad y pelo blanco que estaba a dos butacas de la mía, por ejemplo, dijo en voz alta, después de la primera violación: "¡esa ha estado bien!", tras la segunda: "¡así aprenderá esa chica!" y tras la tercera: "he visto algunas muy buenas, pero esta es la mejor". Cuando se giraron las tornas y la mujer empezó su orgía de asesinatos, una mujer gritó desde la última fila: "¡acaba con él, hermana!". En varias escenas, los otros tres hombres intentan obligar al retrasado a que ataque a la chica. Esto provocó carcajadas y expresiones de ánimo entre el público. Yo quería girarme hacia el hombre que estaba sentado a mi lado y decirle que sus comentarios eran muy desagradables, pero no lo hice. Para tener semejantes opiniones a su edad debe de haber padecido una falta fundamental de sentimientos humanos decentes. Me habría gustado hablar con la mujer de la última fila, la que mostró solidaridad feminista hacia la heroína de la película. Quería preguntarle si se había sentido consternada por la hora de escenas de violación de la película. Tal y como habían transcurrido las cosas, cuando acabó la película salí apresuradamente del cine, sintiéndome sucio, avergonzado y deprimido.

Durante sus décadas como crítico de cine, Ebert expresó periódicamente su creencia de que quienes no compartían su interpretación específica de las películas estaban en cierto modo mental o moralmente arruinados, pero nunca fue tan condescendiente como en esta reseña en particular. (Él y su compañero en la pantalla, Gene Siskel, dedicaron un episodio completo de su programa Sneak Previews a las películas sobre "mujeres en peligro", que se basó en resumir selectivamente el género para vender a la audiencia por qué películas slasher como Viernes 13, en las que tanto los personajes masculinos como los femeninos son asesinados en prácticamente igual número, eran misóginas).

Quizá la mujer de la última fila habría respondido a Ebert, "porque, por primera vez en la historia del cine, por fin se toma en serio la violación como el problema que es". La catedrática Carol J. Clover, en su crucial y brillante libro de crítica de cine de terror Men, Women, and Chain Saws (Hombres, mujeres y sierras mecánicas), señala que el auge de las películas de venganza por violación durante la década de 1970 coincidió con el hecho de que las violaciones empezaran a tomarse en serio como problema social. Ya no se veía como una consecuencia natural de que los chicos fueran chicos, sino que por fin se examinaba por lo que era: una devastadora vulneración de la humanidad capaz de cambiarte la vida y que no tiene cabida dentro de la sociedad civil. Clover escribió que Grave "reduce el género a su esencia". Ebert la denominó un "vil saco de mierda". La actriz de I Spit on Your Grave Camille Keaton, cuyo personaje Jennifer soporta unos 21 minutos de violación en grupo en la pantalla y después ejerce su venganza sobre los hombres que la atacaron durante los 45 minutos finales de la película, indicó (según Clover) que Grave hacía que los espectadores masculinos se sintieran particularmente incómodos.

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Las representaciones brutales de violaciones deberían hacer que la gente se sienta incómoda, como cualquier atrocidad. Esa incomodidad, no obstante, a menudo se extiende más allá del hecho de soportar sentados una representación de una violación y se adentra en la cuestión de qué significa que se muestre una violación, a veces incluyendo hasta detalles pornográficos, en una película. ¿Puede la violación formar parte del entretenimiento? ¿Debería la violación formar parte del entretenimiento? ¿Qué pasa si a la gente le gusta demasiado? No hay una respuesta fácil para estas cuestiones, especialmente dado el realismo que espera la gente de las películas y la complicada naturaleza de las películas de venganza por violación en sí.

Tengamos también en cuenta que ser despreciable y ser efectivo van de la mano en el cine de terror. Holocausto caníbal sigue enquistada en la mente de los espectadores más de 35 años después de su estreno, y gran parte del motivo es la mutilación real de animales que la película emplea a intervalos regulares. Algunas cosas no pueden dejar de verse incluso aunque sean en realidad trucos baratos. Se han construido leyendas en torno a la depravación, pero si el argumento es que las películas de venganza por violación en cierto modo restan valor a las violaciones en sus representaciones de las mismas, ¿no se restaría todavía más valor si se encubrieran un poco? Si nos preocupa la desensibilización, ¿no es reducir la calificación por edades —en la que todo puede suavizarse si viene en forma de una muerte sin sangre— una preocupación mayor? Una película suficientemente impactante hará reflexionar hasta el espectador más duro. Las películas de venganza por violación agarran al espectador por el cuello y le dicen, "Tómate las violaciones en serio. Deja que esto te haga sentir incómodo". Sin duda eso es más favorable para la sociedad que evitar el tema por completo.

Las películas de venganza por violación llevan haciendo sentir incómoda a la gente desde sus comienzos, que muchos sitúan en El manantial de la doncella, de Ingmar Bergman, ganadora en 1961 del premio a la Mejor Película en Lengua Extranjera. Basada en un poema medieval, su explícita representación de una muchacha joven siendo violada y después su padre vengándose de los dos atacantes (y de su cómplice más joven) proporcionaron las bases para la impactante película de 1972 dirigida por Wes Craven La última casa a la izquierda, que aplicó la sensibilidad moderna a su predecesora e incluía incluso más tortura explícita de las dos víctimas, Mari (Sandra Peabody) y Lucy (Phyllis Stone). El grupo de maníacos con que se topan estas muchachas de pueblo durante su mal aconsejado viaje a la gran ciudad va tan lejos como hacer que una de ellas haga pis para entretenimiento de los atacantes, sin duda el primer ejemplo de "deportes acuáticos" obligados en un contexto cinematográfico.

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El libro de Alexandra Heller-Nicholas Rape-Revenge Films: A Critical Study (Películas de venganza por violación: estudio crítico), publicado en 2011, señala ejemplos incluso anteriores al de Bergman que incorporaban aspectos de la venganza por violación en su narrativa: Safe in Hell (1931), Outrage (1950) y Something Wild (1961) examinaban, aunque de forma oblicua, cómo era sobrevivir a una violación. Incluso El nacimiento de una nación (1915), de D.W. Griffith, incluía trazas del género. Sería un error pasar por alto el clásico de John Boorman Defensa (1972) y la película de Sam Peckinpah Perros de paja (1971), aunque ninguna de las dos acaba de servir a los propósitos del tipo específico de películas que examinamos en este artículo. La violación no es sino un elemento más en la narrativa sobre la supervivencia de Defensa (y la violación la sufre un hombre), mientras que la primera violación que sucede en Perros de paja es tan ambigua en su representación del consentimiento (el no de Amy, el personaje interpretado por Susan George, acaba convertido en sí) que su mensaje resulta muy confuso. Además, en Perros de paja es David, el personaje interpretado por Dustin Hoffman, quien acaba ejecutando la venganza, no Susan.

En Watching Rape: Film and Television in Postfeminist Culture (Visionado de las violaciones: cine y televisión en la cultura postfeminista), Sarah Projansky escribe que las películas en las que la mujer recibe la violación y el hombre es quien ejecuta la venganza "dependen de la violación para motivar y justificar una versión especialmente violenta de la masculinidad, relegando a la mujer a ser un mero accesorio de la narrativa". Además de Perros de paja, esta categoría incluye filmes como El justiciero de la ciudad, dirigido en 1974 por Michael Winner, que cuenta con sus fans pero se sitúa más allá del tema que ahora nos ocupa.

No estábamos influidos por el feminismo, estábamos influidos por las mujeres

Habría que exprimirse mucho las neuronas para lograr dar con una lectura feminista de una película en que una damisela en apuros (los que provoca una violación sexual) es redimida por un hombre. Al menos las películas en las que una mujer o varias mujeres son violadas y reclaman su poder mediante la venganza podrían ser feministas. Esa posibilidad es lo que hace que sean tan debatidas, tan ponderadas y, en última instancia, tan importantes. Las mejores películas de venganza por violación no suelen ponernos las cosas fáciles. "No estábamos influidos por el feminismo, estábamos influidos por las mujeres", dijo el director Abel Ferrara según el libro de Brad Stevens Abel Ferrara: The Moral Vision (Abel Ferrara: la visión moral) con respecto a su película de venganza por violación de 1981 Ms. 45.

En ella, una mujer muda llamada Thana (Zoë Tamerlis Lund) es violada dos veces el mismo día. Sobrevive y se lanza a una orgía de asesinatos: primero en forma de autodefensa (ataca a los hombres que la han agredido), después de vigilancia (ataca a los hombres que agreden a otras mujeres) y finalmente de misandria pura y dura, atacando a todo lo que tenga polla. La visión de Ferrara es extremista: lo único que cura la indefensión total es el poder absoluto (aunque incluso el poder absoluto tiene sus límites, porque Thana al final es asesinada cuando una compañera feminista le clava un puñal en la espalda). ¿Qué nos quiere decir (aparte de que nadie podía capturar la mierda que había bajo las uñas del Nueva York de principios de los ochenta como Ferrara)? Esa pregunta no es la pregunta sino la finalidad. Tal y como escribe Steven, "Ms. 45 no extrae ninguna conclusión, no contiene afirmaciones didácticas sobre el género y rechaza esa mentalidad de 'o blanco o negro' que impregna casi todas las películas norteamericanas que tratan temas 'serios'".

La película Acusados, dirigida en 1989 por Jonathan Kaplan, es el tipo de película sobre "temas serios" que gana Oscars. Jodie Foster ganó su primera estatuilla por su interpretación de Sarah Tobias, una mujer de mala reputación que es violada en grupo mientras está borracha en un bar mientras la multitud jalea a los agresores (la película estaba basada en la violación en la vida real de Cheryl Araujo, que fue violada en grupo en un bar en New Bedford, Connecticut, en 1983). Aunque no carece de sutileza (la imposibilidad de huir de la cultura de la violación se representa con la figura dibujada de una mujer ligera de ropa en la máquina de pinball sobre la que es violada Sarah), Acusados se enfrenta a sus problemas con melodramática mano dura. La contrapartida es que se toma en serio —gravemente en serio— el daño psicológico que provoca la violación, así como los considerables fallos del sistema (los violadores de Sarah consiguen una reducción de condena gracias al trato al que llega la abogada de ella con los abogados de ellos y la victoria final en el tribunal se produce básicamente mediante tecnicismos). La escena de la violación, de seis minutos de duración, se reserva para el final. Aunque el guión sigue sobre todo la narrativa de la abogada de Sarah (Kelly McGillis), es finalmente a través del testimonio de un hombre, que relata la violación sobre el estrado (un testigo que testifica contra los violadores y contra quienes les animaban) cuando por fin vemos lo que sucedió, en los momentos finales de la película. ¿Se trata de un respaldo al patriarcado o simplemente un reflejo de la triste realidad, que la palabra de un hombre tiene más peso que la de una mujer y que las historias de las mujeres son más creíbles si las cuenta un hombre?

Todas las películas mencionadas hasta ahora han sido escritas y dirigidas por hombres, y gran parte del discurso principal que define la venganza por violación también está elaborado por hombres

Esa es una pregunta que merece la pena hacerse si tenemos en cuenta en qué medida están dominados por los hombres este género y el cine en general. En 2013, un artículo publicado en IndieWire indicaba que "al observar a las mujeres cineastas de la última década, solo 41 mujeres han hecho películas que estén situadas en los 100 filmes más importantes estrenados cada año en toda la década, en comparación con 625 hombres". Todas las películas mencionadas hasta ahora han sido escritas y dirigidas por hombres, y gran parte del discurso principal —que estas películas son una basura y probablemente peligrosas— también está elaborado por hombres. Hombres hablando a otros hombres sobre problemas de mujeres. Es la industria del cine, pero bien podríamos estar hablando del gobierno. Algunos de estos hombres se pronuncian. Quentin Tarantino dijo que Kill Bill era un "alegato feminista" (nótese que Beatrix Kiddo no se limita a vengarse por su serie de violaciones comatosas, pero es su violación cuando está en la cama del hospital la que desencadena la sangría en la que se embarca durante cuatro horas de película). Pero se trata de algo que tiene tanto de político como de cultura popular; Tarantino lleva sus referencias escondidas en la manga y aquí la fuente de inspiración más discernible incluye la película exploitation sueca de 1973 Thriller – A Cruel Picture, dirigida por Bo Arne Vibenius. Es posible que las películas de Kill Bill ofrezcan la catarsis que cualquier película de venganza por violación es capaz de ofrecer, pero tengamos en cuenta que Tarantino invocó la retórica de las Spice Girls cuando siguió con su declaración de "alegato feminista": dijo que había hecho "una película sobre el poder de las chicas". Tómatelo en serio bajo tu propia responsabilidad.

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Las mujeres, cuando se les brinda la oportunidad, tienen buena mano para hacer estas cosas. Callie Khouri escribió Thelma y Louise, en la que no se produce ninguna violación pero la amenaza de una y un recuerdo del pasado proporcionan la inspiración para el viaje en carretera de las protagonistas. La película de 1986 dirigida por Janet Greek The Ladies Club se inicia con una violación (mediante una invasión del hogar), pero pronto sitúa la narrativa en la solidaridad femenina: cuando los violadores de una agente de policía salen en libertad, ella forma un grupo de apoyo junto con otras víctimas y algunas amigas y familiares de esas víctimas. El mensaje es que la violación no es un problema de las víctimas, es un problema de las mujeres. Y punto. El sistema está jodido y solo mediante la castración sistemática de los hombres nuestras heroínas pueden sentirse seguras para caminar por el mundo.

Las castraciones de The Ladies Club son prácticamente civilizadas si se comparan con el resto del género, cuyas historias a menudo alcanzan el clímax con la destrucción de los genitales masculinos. Es prácticamente un ritual. El personaje de la doctora en The Ladies Club, Constance Lewis (Christine Belford), realiza sus castraciones operando quirúrgicamente a los hombres que atacan a las mujeres de su grupo de apoyo. Les anestesia y todo, les brinda un trato prácticamente humano. Compara eso con el mordisco en la polla a media mamada realizado por la madre de Mari en La última casa a la izquierda, o con las numerosas formas en que los genitales masculinos son masacrados en la franquicia del remake de I Spit On Your Grave. Una de ellas implica un vicio. Otra, en la película I Spit on Your Grave III: Vengeance is Mine estrenada este año, incluye la que probablemente sea la mutilación de polla más explícita de la historia del cine: Jennifer, que sufrió una brutal violación en grupo en la primera película y ahora es como una especie de "Ladies Club" formado por una sola persona, empieza a hacerle una mamada a un tío en un callejón, pero a la mitad apuñala la parte inferior de su polla y desliza el cuchillo hacia abajo. Le arranca el capullo de un mordisco y separa con las manos el resto del miembro. Escupe el capullo y le devuelve el consejo que él le acababa de dar: "No solo la punta, cariño". Esa tía es la leche.

Sin embargo, hacer una serie de películas con I Spit On Your Grave en cierto modo le resta valor, la convierte en otra franquicia de terror en la que el tema político queda a un lado a fin de incrementar el número de escenas cada vez más horripilantes. Al menos las películas tratan de sobrepasar a sus secuelas con una creatividad cada vez más espantosa en lo que respecta a la venganza y no tanto a la violación. "¿Obtienes placer sádico con los actos de crueldad?", le pregunta a Jennifer su terapeuta. "Joder, ya lo creo que sí", es la respuesta de Jennifer. La catarsis es como un opio al que está enganchada y da la sensación de que la franquicia podría continuar así hasta el infinito.

El formato de las películas de venganza por violación es bastante consistente en todo el subgénero (primero hay una violación y después una venganza), lo que hace que la película Irréversible, dirigida en 2002 por Gaspar Noe, resulte completamente subversiva. Sus escenas se muestran en orden inverso para que la violación que desencadena la frenética venganza no aparezca hasta muy avanzada la película. Irréversible es singularmente miserable y castiga a los espectadores porque hay que verla más de una vez debido a su forma de narrar la historia. La película alcanza un caos que recuerda a otra película francesa de principios de la década de 2000, Fóllame, de Virginie Despentes y Coraline Trinh Thi, que es como Thelma y Louise pero con pelotas de verdad (literalmente, hay sexo hardcore en la película). La violación que sucede en el primer acto de Fóllame parece casi fuera de lugar con respecto a la gran liberación que experimentan sus personajes mientras recorren Francia follando y robando ("Podría ser peor... Estamos vivas, ¿no?", dice un personaje a otro después de que ambas hayan sido violadas). Fóllame hasta cierto punto e Irréversible mucho más sugieren que toda la violencia carece de sentido, que utilizar un enfoque racional frente a la devastación es de insensatos. Dado el modo en que tantas de las películas aquí descritas han sido cortadas y subidas a YouTube, con sus escenas fuera de contexto, resulta más fácil que nunca perder el norte y tener solo la violación o solo la venganza, dependiendo de los gustos. El caos sin sentido, al final, podría ser la interpretación más moderna del subgénero que forman las películas de venganza por violación.