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El Dalai Lama criticó públicamente la comida japonesa

Como cualquier líder religioso digno de su cargo puede decirte, no hay mejor manera de abrir el apetito que con un toque de proselitismo seguido por un camino sincero de iluminación espiritual.
21.4.16
Photo via Flickr user Kris Krug

Como cualquier líder religioso digno de su cargo puede decirte, no hay mejor manera de abrir el apetito que con un toque de proselitismo seguido por un camino sincero de iluminación espiritual. Su Santidad el XIV Dalai Lama tiene que mantener su fuerza —después de todo, el hombre no sólo se tiene que preocupar acerca de la encarnación de Avalokiteśvara, también tiene que lidiar con ser despreciado por la ya casi super potencia número uno del mundo.

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Lidiar con tal hambre mientras viaja por el mundo para promover el Budismo Tibetano seguro ha expuesto al XIV Dalai Lama a bastantes cocinas que componen nuestro comedor colectivo. Tristemente, ahora podemos informar que la exposición del Dalia Lama a la cocina rica y celebrada de la nación isleña de Japón lo ha dejado insatisfecho.

La semana pasada, el líder espiritual visitó la Escuela de la Embajada Estadounidense en Nueva Delhi y habló durante una hora y 40 minutos con los alumnos de la escuela. Una reportera del New York Times, Ellen Barry, cuya hija asiste al jardín de niños de ahí, observó la visita por transmisión en vivo y tomó notas de la discusión, que abarcó varios temas, incluyendo la opinión del Dalai Lama acerca del infierno y la modernización de China.

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Pero, ¿a quién le importa todo eso? Más interesante para nuestros propósitos, el Dalai Lama habló sobre la comida. Y ahora definitivamente podemos informar que el Dalai Lama hizo varias declaración importantes.

Primero, dijo que la comida japonesa "a veces parece decoración, no se ve como comida real." Hablando de cosas profundas, ¿no?

Luego le dijo a los niños que después de terminar una comida japonesa, "es comprensible que la gente pueda sentirse inclinada a salir y buscar un restaurante."

¿Una señal? ¿Una profecía? Quién sabe.

Quizás el Dalai Lama simplemente prefiere la comida de todos los países menos de Japón. O tal vez sigue los pasos del Papa Francisco: Sabemos que el líder de la Iglesia Católica disfruta los alfajores y el arroz blanco, le enloquece la pizza, no le es indiferente masticar hojas de coca, y le encantan las empanadas.

¿Cuándo sabremos más acerca de las preferencias gastronómicas del Dalai Lama? Sabemos que no es un vegetariano —al menos no de tiempo completo— a pesar de las protestas de Paul McCartney. ¿Le gusta el yak y el cordero que son parte de la cocina tibetana? ¿Le gusta la pizza? ¿Qué le parece la comida francesa?

Simplemente no lo sabemos. Quizá, algún día, Su Santidad nos comparta más palabras iluminadoras sobre la comida. Entre tanto, tendremos que arreglárnoslas con lo que se nos ha ofrecido desde arriba —y nuestras condolencias para el pueblo de Japón.