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Escupir fuego y escalar acantilados no son los deberes típicos de una mesera

Soy intérprete del clavadismo de entretenimiento en el indescriptiblemente loco restaurante Casa Bonita, en Denver. Esta es mi rutina diaria en uno de los más extraños trabajos en la industria restaurantera.
25.3.15

Cuando tenía 19 años vine a Casa Bonita con unos amigos porque la vimos en un capítulo de South Park y nos daba mucha curiosidad el lugar. Pero cuando el espectáculo empezó, me decepcioné un poco al ver que yo era mejor clavadista que el hombre que estaba actuando. Nunca había pensado en el clavadismo como un trabajo serio, pero de repente comencé a imaginarme a mí misma allí arriba como una clavadista hardcore. Así que llamé al restaurante al día siguiente y pregunté si podía ir a hacer una audición.

Al principio solo quería audicionar para poder decir que había saltado del famoso acantilado de Casa Bonita sin ser arrestada por intromisión. Pero después de la audición, el trabajo me gustó mucho más de lo que pensé y terminé quedándome. Ya han pasado tres años.

La entrevista de trabajo fue interesante. Primero que nada, cuando llegué habían unos indigentes bañándose en la fuente frente a Casa Bonita, así que esa fue mi primera impresión. Estaba parada ahí afuera, sola, esperando a que me hicieran pasar. El tipo que me entrevistó, el gerente de entretenimiento del momento, era muy alto e intimidador. Durante la entrevista, me hizo leer en voz alta un par de líneas para él, y luego llegó el momento de ponerme el traje de baño y dar saltos. Cuando quiso enseñarme a escalar rocas, me caí. Fue una entrevista muy intimidante, pero aprendí mucho y terminé quedándome con el trabajo.

Hay un show llamado The Golden Idol (El Ídolo de Oro) donde los clavadistas interpretan a cazadores. La primera vez que tuve que hacerlo no lo había entendido bien y terminé corriendo alrededor del restaurante con una antorcha de fuego gigante mientras los comensales se alejaban aterrorizados de mi camino.

Honestamente, aprendí a hacer clavados tirándome sola del acantilado. Hice algunas prácticas casuales en Tailandia, en Peace Rock, Pensilvania, y en la Reserva Montaña Verde, en Colorado. En realidad, comencé mi carrera como clavadista profesional en Casa Bonita, aunque hice otro show de clavados antes. En este show había interpretado a una princesa clavadista que vivía en un castillo, en un lugar llamado Dutch Wonderland. El tema era un montón de chicos vestidos como ranas que se tiraban del acantilado para lograr que la princesa se enamorara de ellos.

Durante el verano hay doce de nosotros, aproximadamente, y durante el invierno podemos ser cinco. Algunos vienen una vez a la semana, solo por diversión. Hay fases. Cuando recién comencé todos éramos los mejores amigos, como hermanos, así de cercanos. Pero ha habido épocas en las que los clavadistas no nos reuníamos fuera del trabajo para nada.

La mayor parte del tiempo los niños ven a los saltadores como héroes o celebridades. Creo que todo el mundo se emociona por ver a gente haciendo clavados. La gente no viene a Casa Bonita por la comida, viene por el espectáculo. Hay unos clavadistas muy buenos ahora, como Abdul Yacubu y Travis Sims, que son excelentes intérpretes.

La parte más difícil es escalar las rocas. Esas malditas rocas toman muchísima energía. Una vez una chica se cayó del acantilado y chocó contra la valla más abajo. Esas rocas te joden. Son muy filosas. Realmente podrías lastimarte si no sabes lo que estás haciendo.

En varias ocasiones terminé en el escenario usando un disfraz de banana sin ninguna razón aparente.

Vine a Casa Bonita cuando era una niña, así que volver aquí me trajo viejos recuerdos. Siempre pienso en lo que yo, a los 7 años, pensaba de los saltadores y qué es lo que se sentía ser una niña aquí. Mas mayores atracciones son las cuevas, las cavernas y la Habitación del Tesoro, donde hay tanques con peces y pequeños regalos para los niños, escondidos en el bául. Está también la caverna Black Bart, que es famosa. Se supone que es un tipo de casa embrujada. No es extremadamente de miedo —es simplemente un laberinto en una cueva—, pero a veces se escuchan niños llorando y gritando. Hay cosas que saltan hasta ti y caminas a través de la boca de una víbora.

Otra de las cosas que los clavadistas aprenden a hacer en respirar fuego. Es medio peligroso. Pones un fluido inflamable en tu boca, pretendes estar tocando una trompeta y entonces simplemente escupes fuego. La primera vez que jugué con el fuego, terminé quemándome terriblemente, pero a la noche siguiente querían que saliera a hacerlo, enfrente del público atiborrado de sábado. Lo hice, y así fui mejorando.

Ninguno de los gerentes allí saben cómo tirarse clavados ni cómo escupir fuego, así que aprendes solo. Simplemente te facilitan las cosas. A veces escupo fuego usando disfraces muy locos. Lo he hecho vestida de princesa, de banana, en shorts alemanes, en un hermoso vestido de encaje, o ataviada como una cavernícola. Me encanta disfrazarme y sentirme personajes distintos.

Una de mis memorias favoritas de Casa Bonita es ir al escenario en mi uniforme de mesera y escupir fuego. Eso siempre ayuda con las propinas. Algunas veces nos olvidamos de los libretos e inventamos nuestro propio show, eso siempre hace las cosas más interesantes. En varias ocasiones terminé en el escenario usando un disfraz de banana sin ninguna razón aparente. Hay un show llamado The Golden Idol (El Ídolo de Oro) donde los clavadistas interpretan a cazadores. La primera vez que tuve que hacerlo no lo había entendido bien —no me lo explicaron bien— y terminé corriendo alrededor del restaurante con una antorcha de fuego gigante mientras los comensales se alejaban aterrorizados de mi camino.

Casa Bonita no es famosa por la comida, pero lo mejor que puedes ordenar es el plato Deluxe. Aunque lo que más me encanta de Casa Bonita es la gente. Uno de los gerentes, Rob Hall, es increíble. Hace un gran trabajo dirigiendo el lugar. Y debo mencionar a Joe Fierstos, uno de los gerentes de entretenimiento, quien es una de las personas más graciosas que he conocido. Trabajar con él es siempre muy divertido.

Creo que siempre está el riesgo de lastimarse, pero eso es simplemente parte del trabajo.