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​La crisis política de Brasil entendida en el futbol

Parecería que los caciques del futbol brasileño son intocables en Brasilia.
21.4.16
Foto vía Wikimedia Commons

Quien haya leído la prensa angloparlante desde que estalló el escándalo de la FIFA habrá alcanzado fácilmente la conclusión de que Brasil es un país corrupto de tiempo atrás. Mucho antes de Lula y de Dilma (y en general de la llegada al poder del Partido dos Trabalhadores) y muchísimo antes de descubierto el escándalo de Petrobrás, o el de la manipulación de las cuentas públicas o el del Mensalão, ya operaban a sus anchas los personajes oscuros que hicieron de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) un drenaje de aguas negras bien documentado por el periodismo de investigación internacional.

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A poco tiempo de la captura en Zúrich el año pasado del entonces presidente de la CBF, José María Marín, el Wall Street Journal publicó un artículo cuyo contenido puso a temblar al gigante estadounidense Nike. Por solicitud del predecesor de Marín, Ricardo Teixeira, y en colusión con el también brasileño José Hawilla, fundador de la compañía comercializadora Traffic con sede en São Paulo, la firma de ropa deportiva accedió a desembolsar 40 millones de dólares por fuera de los 160 millones estipulados en el súper contrato de 1996 que bordó por vez primera la palomita en las camisetas verdeamarelhas del Scratch. La acusación inicial del Departamento de Justicia de Estados Unidos sugiere que Hawilla usó diez millones del dinero extra-contractual de Nike para dárselos a Teixeira como regalo "por sus atenciones".

En vista de la vasta hemeroteca que menciona su nombre, Teixeira tiene una cola muy larga. Son diversos los espacios donde el periodista británico Andrew Jennings ha seguido el rastro del también imputado por la justicia estadounidense por lavado de dinero, fraude electrónico y asociación delictuosa. "¡Tú no quieres hablar de fútbol!" espetó Teixeira a Jennings cuando éste lo abordó personalmente para cuestionarlo por Sanud, una compañía de Liechtenstein que habría sido usada por el mandamás para esconder las dádivas obtenidas en conexión con los derechos televisivos del mundial de 2002. Los nexos de Teixeira con Sanud fueron sujetos de una tibia investigación del senado brasileño en 2001 que —por falta de apoyo legislativo— nunca prosperó ni esclareció de dónde viene el tufo que sale de la CBF.

Foto vía FIFA.com

Parecería que los caciques del futbol brasileño son intocables en Brasilia. Convertido a político con carrera en la Cámara de Diputados y senador por Río de Janeiro en la actualidad, Romario (sí, Romario) ha intentado alzar nuevas comisiones investigadoras, llegando incluso a vaticinar acertadamente el pedido de extradición a Estados Unidos para el actual presidente, Marco Polo del Nero, por los mismos cargos levantados contra sus antecesores. Pero los apoyos legislativos para O Baixinho tampoco llegan. Acaso la falta de voluntad política del poder legislativo en Brasil ante la CBF sea explicada por la influencia de individuos como el propio Marín, quien fue gobernador y congresista por el estado de São Paulo durante la última dictadura militar.

"¿Cómo voy a perder la oportunidad de hablar con los brasileños a partir de una cosa que todos entendemos, que es el fútbol?" decía Sócrates, el maestro mundial del medio campo en los ochenta, vistiendo la camiseta del Corinthians que arriba de su número 11 llevaba no el logo de un patrocinador ni su nombre, sino la leyenda: "Democracia Corinthiana". En épocas marcadas por el régimen militar, Sócrates se transformó en el símbolo de la gestión democrática de un club de fútbol. Los jugadores del Timão votaban a mano alzada en rechazo a las concentraciones volviéndose libres pero responsables de acudir en tiempo y forma a entrenos y juegos; votando negociaban sus cuestiones salariales y con sus camisetas y pancartas exhortaban a la ciudadanía de Brasil a hacer valer su derecho al voto yendo a las urnas.

En el actual contexto del país más grande de Latinoamérica, donde los poderes legislativo y judicial han pecado de dobles estándares al iniciar un proceso de juicio político al ejecutivo con toda la prontitud que les ha faltado para investigar con debido proceso a la CBF, se abre la sospecha de que la justicia, en Brasilia, ciega precisamente no es. Bien harían diputados, senadores y magistrados en recuperar el recuerdo de Sócrates —la voz escuchada de los futbolistas en democracia— para preguntar a los brasileños a través de las urnas qué es lo quieren para su país. "Ganar o perder, mas siempre con democracia".