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Los tres problemas del Chacal Rigondeaux

El cubano Rigondeaux es uno de los talentos más sobresalientes del boxeo actual pero no tiene la fama que sus habilidades merecen
16.7.16
Foto: Stoyan Vasev/Flickr

Lo apodan el Chacal y en 2007 huyó de Cuba con dos medallas de oro en la maleta y un palmarés impresionante en las arenas amateurs: 475-12. Este fin de semana, después de una valla burocrática, Guillermo Rigondeauxpelea en Gales contra el clasificado 11 en el ranking del peso supergallo, el local Jazza Dickens. En juego está el cinturón de "super" campeón de la WBO. Para el cubano la pelea se ve no solo posible sino francamente sencilla. Pero este talento nato enfrenta tres problemas; problemas que sumados lo han convertido en el desconocido más famoso del boxeo.

El primer problema de Guillermo Rigondeaux es quizá el más determinante: como ya se dijo, casi nadie, probablemente tú tampoco, lo conoce. Y quienes lo conocen lo evitan con vehemencia. Su boxeo es a tal punto preciso y veloz que las peleas que logra conseguir terminan siendo un asunto de entendidos o de somnolientos en sábado por la noche: hace ver mal al oponente, nunca es conectado, sus golpes en counter son tan precisos que y tan efectivos que tampoco ofrece batallas atronantes, suplicios, drama. Imaginen una versión de Mayweather sin la bravuconería, la payasada ni la propensión a incrustarle diamantes hasta a los calzoncillos. Su mejor momento de fama quizá fue en 2013 contra el flash filipino Nonito Donaire. Lo derrotó sin piedad, con una mano izquierda que estuvo haciendo lo que quiso toda la pelea; lo exhibió, parecía que el escenario era suyo. Y sin embargo. De nuevo, pregunte entre sus conocidos: ¿a cuántos les suena el nombre del Chacal Rigondeaux?

El segundo problema es el más inevitable: el calendario dice que tiene treinta y cinco años. A su edad, muchos otros talentos estaban no solo en declive sino en penosa forma —recordemos, por ejemplo, la paliza que Pacquiao le propinó a Oscar de la Hoya; ¿la edad del norteamericano? Exacto—. Su cuantiosa habilidad ha mermado poco, pero es preciso preguntar lo obvio, ¿cuánto tiempo más le durarán las piernas y los reflejos?

El tercer y último problema es una combinación de los anteriores: si le queda poco tiempo y le huyen los rivales, ¿qué opciones tiene? Ya hace le quitaron el cinturón por sus largos periodos inactivos. Esta pelea en Cardiff contra el cándido Dickens es su primera defensa después de ser restituido como campeón. Pero, ¿cuáles son las alternativas? Parecen ser pocas. Un giro a la marca Rigondeaux —convertirse en el payaso de las cabriolas y las amenazas, en el villano que el público ama odiar— se ve tardío y desesperado. La pelea de este fin de semana es un buen momento para ver qué estrategia tiene no tanto en la lona, sino fuera de ella. Por lo pronto parece que su carrera será un espejo de lo que sucede con él dentro del ring: correteará y esperará, soltará un golpe ocasional y esperará a su rival un rato más.