A Zlatan Ibrahimovic le falta algo... pero no sabemos qué
Foto de Gonzalo Fuentes, Reuters

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A Zlatan Ibrahimovic le falta algo... pero no sabemos qué

¿Qué tienen en común Chewbacca, Godzilla y Zlatan Ibrahimovic? Que ninguno de los tres ha ganado una Champions League.
30.9.15

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Imaginaos un niño a quien quizás le habría gustado estudiar, pero que no pudo. Un niño de un pequeño pueblo de Suecia que tiene una hermana drogadicta y cuyos padres se han divorciado; su madre es ama de casa y su padre es un alcohólico de comportamiento muchas veces violento. Vivir así la infancia no puede ser sencillo. Es difícil que el niño sea realmente feliz.

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Pues bien, así fue la infancia de Zlatan Ibrahimović.

Más fútbol: ¿Está Zlatan Ibrahimović usando técnicas de taekwondo para marcar goles?

Zlatan nunca ha querido dar pena. Todo lo contrario: el futbolista de Malmö tuvo una niñez chunga, y quizás por ello el personaje público que se ha construido es un conglomerado de agresividad, provocación y confianza inquebrantable en sí mismo. Seguramente es por eso que nos gusta tanto, y también es por eso que de vez en cuando no podemos evitar tomarle un poco el pelo, no os voy a mentir.

La forma de ser de Zlatan le ha dado muchos problemas en la vida. Viniendo de un entorno duro y conflictivo, es normal que el chaval creciera de forma casi agreste. Es difícil imaginar a Ibrahimović compartiendo los focos, doblándose ante las indicaciones de un entrenador o admitiendo que la idea que acaba de tener sobre el terreno de juego quizás no sea tan buena en realidad. Si sus 195 centímetros no son la fuente de luz de su equipo, lo más probable es que Zlatan se apague completamente —o se vuelva directamente un agujero negro.

"Mira Zlatan, ahora sales y te pones a marcar al número 2 del rival, porque…" "A VER PAVO, que no me ralles, ¿VALE?". Foto de Benoit Tessier, Reuters.

Como futbolista, Zlatan parece haberlo tenido todo: ha jugado en los mejores clubes, ha cobrado los mejores salarios, ha disputado las mejores competiciones. Sin embargo, le falta una cosita pequeñita, ridícula y minúscula: la UEFA Champions League.

Zlatan es perfectamente consciente de ello. Es precisamente por eso que entrena tan duro y que cambia de equipo cada dos por tres (bueno, suponemos, porque su pintoresco agente Mino Raiola no tiene nada que ver con esta volatilidad, ¿no? ¿NO?). Zlatan está buscando el lugar perfecto para él, el equipo donde pueda ser la auténtica estrella de un sistema solar de planetas mucho más pequeños que él que orbiten a su alrededor.

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A lo largo de su carrera, Ibrahimović ha jugado 631 partidos como profesional y ha anotado 342 goles. En su palmarés figuran torneos ligueros de un montón de países: dos campeonatos holandeses con el Ajax de Ámsterdam, un campeonato italiano con la Juventus de Turín —posteriormente revocado por el escándalo del Calciopoli—, cuatro 'scudetti' más (tres con el Inter de Milán y otro con el AC Milan), una liga española con el FC Barcelona y tres campeonatos franceses con el París Saint-Germain. Eso, aparte de copas y supercopas variadas, amén de un campeonato del mundo de clubes con el Barça.

Parece bastante, ¿no?

"Ese tío de allí me está molestando. Y ya sabéis qué pasa cuando me molesto. No tentéis a la suerte". Foto de Charles Platiau.

Pues no. Si eres Zlatan, el futbolista nacido en una familia humilde deMalmö, nada es suficiente. La obsesión que de pequeño tenía Ibrahimovićcon las bicicletas —al parecer, le robaron una y él respondió robando otra— la ha trasladado a los premios. Sin embargo, no hay nada peor que acercarte a lo que quieres sin obtenerlo nunca: tu deseo se convierte en obsesión… y eso no suele ser demasiado bueno.

Zlatan necesita ser venerado, él solo, sin nadie más a su lado. De niño no solo tuvo que lidiar con un entorno familiar complicado; según su biografía, el pequeño Ibrahimović también era tartamudo, feúcho y —¡ojo!— bajito. Para más inri, tuvo que ir a un logopeda para aprender a pronunciar la 's'. No parece tan raro que su gran placer sea acumular reconocimientos.

Porque Zlatan tiene premios individuales, ¡vaya si los tiene! Ibrahimović colecciona 9 Guldbollen —Balón de Oro al mejor futbolista sueco—, diez Oscar del Fútbol AIC, cuatro ESM Team of the Year, cuatro UEFA Team of the Year, un Jerringpriset —premio al mejor atleta sueco—, un L'Équipe Journalist's Best player, dos 'pichichis' de la Serie A italiana, un Golden Foot, dos 'pichichis' de la Ligue 1 francesa, cinco Trophées UNFP du Football, un FIFA Pro XI, un FIFA Puskás Award y un lugar en el Equipo de la Temporada de la UEFA Champions League.

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Insistimos: parece bastante, ¿no? ¿Qué le podría faltar?

Pues, además de la Champions League, un Balón de Oro, por ejemplo… que probablemente nunca va a ganar si no logra la victoria en la máxima competición europea. Y aquí el perro empieza a morderse la cola preocupantemente.

"¿Pero cómo que no puedo venir en mi Ferrari? ¿CÓMO QUE NO?". Foto de Christian Hartmann, Reuters.

No se puede decir que Zlatan no esté intentando solucionarlo. ¡Por supuesto que lo intenta! Ibrahimović ha marcado en la Champions League con hasta seis equipos distintos y ha alcanzado los cuartos de la competición en múltiples ocasiones. El detallito clave, sin embargo, es que jamás ha logrado alzarse con el trofeo. La vez que más se acercó fue con su odiado FC Barcelona, cuando llegó a semifinales y cayó precisamente ante su ex equipo, el Inter de Milán —equipo que había dejado entre otras cosas para intentar ganar la propia Champions—.

Sí, eso debe doler.

Y cuidado, digo "odiado FC Barcelona" porque en su biografía Zlatan no deja títere con cabeza en el club azulgrana. El gran blanco de sus críticas es el entonces entrenador del equipo, Pep Guardiola. Según Ibrahimović, Leo Messi, Xavi Hernández y Andrés Iniesta se portaban como escolares disciplinados frente al profesor en presencia de Pep: nunca contestaban y cumplían siempre los cometidos que les asignaba el 'noi de Santpedor'.

Eso molestaba mucho a nuestro Zlatan. Él no pedía mucho: solo quería poder llegar con su Ferrari o su Porsche al campo de entrenamiento y ser el centro de atención sobre el terreno de juego. Pep era cruel y les obligaba a todos a ir con el modestísimo Audi que les había regalado el patrocinador; y por si fuera poco, también les obligaba a todos a jugar para Messi, que como todos saben es menos jugador que Zlatan.

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Qué inyustisia.

El nombre de Zlatan empieza con la última letra del alfabeto, pero que nadie le diga nunca que en su nombre hay nada que sea lo último en algo. Si se lo comentáramos, probablemente se enojaría, y ello podría conducir directamente a la destrucción de la Tierra. Algo de este palo. Claro, esa posibilidad no nos hace ninguna gracia.

Mejor digamos que este año, con un PSG teóricamente más potente que el anterior —gracias sobre todo a la incorporación del 'fideo' Ángel Di María—, Ibrahimović intentará asaltar de nuevo su codiciada Champions League, y por el camino, su anhelado Balón de Oro. Si los logra ambos, el niño de Malmö ya no existirá más: solo quedará el glorioso Zlatan, el personaje invencible.

Bueno… o casi.

Sigue a Niccolò Massariello en Twitter: @nicolerebo