diez preguntas

Diez preguntas que siempre has querido hacer a una pareja de atracadores

¿Con quiénes no se meten y a quiénes nunca perdonan?
20.1.17
Ilustración por Sam Taylor

Victor y Javier*—16 y 19 años respectivamente— son descendientes de uno en una veintena de linajes que han controlado la criminalidad en los tugurios del oriente de Bogotá. A través de líneas quebradas que no siempre son de parentesco, sino de costumbre y proximidad física, ellos pueden rastrear ancestros que han vivido en este barrio ––cuyo nombre me pidieron omitir–– y robado en sus alrededores desde hace dos y tres generaciones. En otras familias de otros barrios las líneas puedan rastrearse hasta más atrás

Publicidad

Este jueves a mediodía, mientras escampábamos de una lluvia que bajaba por los intrincados callejones que llevan hasta su rincón del barrio, ambos accedieron a contestar diez preguntas acerca de un oficio que es repudiado unánimemente por la sociedad, pero que sigue siendo el nivel de entrada a una de las carreras más lucrativas e incluyentes que ofrece tanto Colombia como muchos otros países: ladrón a tiempo completo.

VICE: ¿Hay personas con las que vosotros definitivamente no os metéis?
Javier: Una persona de civil que se vea muy fornida. Podría ser un policía encubierto. Hay que fijarse bien antes echarle mano a una persona así.

Víctor: Claro que no solo es el tamaño de la persona. Porque, por decirle algo, los gringos y los universitarios a veces son muy grandes… Igual pierden. Uno se fija más es en la pinta del tipo o en el corte del pelo o cualquier detalle que muestre que es agente encubierto o algo así.

Y ahora, lo contrario: ¿a quiénes nunca perdonan?
Javier: Pues a los gringos.

Victor: Esos son los que no mienten.

¿Cuál es el mejor lugar de Bogotá para robar?
Javier: El Centro.

Victor: La montaña.

¿Qué les da más miedo cuando están robando, que los coja la gente o la policía?
Victor: La gente.

¿Por qué?
Javier: Porque te linchan.

¿Cuál es su arma preferida para atracar?
Javier: Armas blancas

Victor: Sí, cuchillos.

¿Siempre salen dispuestos a usar el cuchillo?
Javier: Sí, claro.

Publicidad

Victor: Un cuchillo, sí. De pronto un arma de fuego sí que me lo pienso

¿Y cuándo sacáis un arma de fuego?
Victor: Ya un arma de fuego es para algo más especial, un botín grande.

Por ejemplo, ¿cuál ha sido su botín más grande?
Javier: Una vez cogimos un camión, traía hornos, taladros, toda clase de electrodomésticos y en efectivo como casi dos millones. Con todo y luego de repartirlo entre cuatro nos quedaron de 900 mil largos, casi un millón.

Victor: Y en un día, una sola salida.

¿Sintieron miedo antes del primer atraco?
Javier: No, miedo no. La primera vez uno lo que quiere es probar.

Víctor: Sí, o sea uno tiene el Ki re alto y todo [se lleva ambas entrecruzadas manos al pecho una y otra vez] pero eso no es miedo, es adrenalina.

Javier: El miedo se siente es después, cuando uno ya piensa y dice: "como me cojan…"

¿Y a vosotros os han robado?
Victor: ¿Que si nos han robado a nosotros? Pues, a mí, así de que alguien llegue a cogerme y me diga: 'quieto, quieto, quieto…', y yo me quede quieto y le de todo, no. A veces uno se duerme y ¡fum! te roban sin que te enteres. Pero así de 'quieto' no.

Javier: No (risas). Los que dicen 'quieto' van de farol.

¿Han pasado por la cárcel o el correccional?
Javier: Cárcel, lo que es la cárcel, no. Pero lo que es en un centro de menores, sí nos ha tocado.

¿Cuántas veces y cuánto tiempo estuvieron ahí?
Javier: A mí solo una: fueron solo dos días mientras me recogían.

Victor: Yo también una y estuve tres meses.

¿Y sirve de algo ese tiempo?
Javier: No. Sale uno con las mismas ganas de robar y de todo

Victor: ¡Qué va! ¡Con más! Son tres días sin hacer nada….

*Los nombres han sido cambiados a petición de los entrevistados.