Fotografía de la alberca del Love Hotel VP Vintage, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
El nombre viene del Hotel Love, que abrió en Osaka, en los años 60. Fue fundado por Hiroshi Yamauchi, por entonces presidente de Nintendo y quien convirtió lo que entonces era una empresa de cartas “hanafuda” en el emporio de los videojuegos. Hiroshi buscaba expandir el negocio del grupo y optó por abrir un hotel “por hora”. Se dice que el ejecutivo frecuentaba el establecimiento con mujeres que no eran su esposa. Eventualmente, la marca de entretenimiento se desprendió de esta línea de negocios, pero los rabuho, como allá se llama a los love hotels, siguen siendo espacios de desahogo sexual para ejecutivos sin tiempo para buscar pareja. No solo pueden pedir habitación, room service y juguetes eróticos, sino que pueden elegir a su compañera sexual según un catálogo. Pero el público principal de estos hoteles son parejas jóvenes en busca de intimidad -la mayoría vive con sus padres, en departamentos diminutos-. Y hay lugar, también, para aventuras extramatrimoniales. Así, la falta de contacto con empleados y la posibilidad de pagar en efectivo -el dinero se inserta en una máquina en la recepción- en un país altamente bancarizado como Japón resultan atractivos para quienes buscan una “fuga sexual”, cuenta Aidee. Pero aclara que los love hotels “de México no tienen nada que envidiar” a sus pares nipones, que en general son minúsculos, “sin piscina ni glamour”.“Los love hotels de México no tienen nada que envidiar” a sus pares nipones, que en general son minúsculos, “sin piscina ni glamour”.
Fotografía de la Suite Cúpula del Love Hotel Villas Princess, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
Fotografía de habitación con jacuzzi del Love Hotel Picasso Circuito, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
Fotografía de habitación con jacuzzi del Love Hotel Sqadra, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
En su bolso, también lleva sus “love toys”. Pero en la mayoría de los love hotels se puede llamar a recepción y ordenar juguetes, que “se venden y no se rentan, como creen algunos”, aclara Antonio. “Los más populares son los disfraces de colegiala y enfermera, los anillos vibradores para pene y los dildos”, dice, por su parte, Susana Ramírez, de Sabrosa Shop, tienda en línea que provee de gadgets eróticos a particulares y hoteles.“No bien una pareja sale de la habitación, un ejército de camaristas ya está prácticamente dentro dividiéndose las tareas. En 30 minutos deben tener listo el cuarto para una nueva pareja”
Fotografía de villa con alberca del Love Hotel Patriotismo, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
Fotografía de suite con terraza del Love Hotel QuintoElemento, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
Fotografía de villa junior del Love Hotel Patriotismo, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
“En zonas turísticas como Roma o Santa Fe, la ocupación turística apenas oscila entre el 14 y 30%. Lo que ocurre es que nosotros no dependemos de los turistas”.
Fotografía de cuarto del Love Hotel La Moraleja, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
Fotografía de suite con terraza del Love Hotel QuintoElemento, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.
Pese a que hoy la Ciudad de México se presenta como la meca de los love hotels, todavía hay tabúes difíciles de romper. “Hay una marginación histórica al sector”, concede Aidee. “Sigue esa idea de ‘Ay, cómo voy a ir a un lugar donde la gente hizo el amor’… Como si en un hotel turístico la gente que allí se hospeda no tuviera relaciones...” ,y explica que para atenuar la mala prensa de los moteles, en Hoteles Kinky “el concepto que hemos construido es lujoso para que las parejas sientan comodidad y nada de culpa”. Por su parte, Antonio confía que “después de ocho años trabajando en un love hotel, mis padres ya no se intrigan, pero a mis amigos les sigue provocando morbo y curiosidad. Tal vez por la idea equivocada que tienen de un motel, como un lugar clandestino u oscuro. También... qué puritanos, ¿no?”“Qué pendeja.. Y yo todos estos años en mi recámara, creyendo que no necesitaba ir a un hotel porque vivía sola”.