Love Hotel VP Vintage, Ciudad de Mxico
Fotografía cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels
Sexo

Love hotels CDMX: sexo y algo más que sábanas limpias

Según una guía de moteles local, México es la ciudad con más love hotels del mundo. Aunque los efectos de la crisis sanitaria en la sexualidad son difíciles de medir, estos moteles de lujo son un buen termómetro de la intimidad de los chilangos.
27.5.21

Un día antes de que la Organización Mundial de la Salud declarara la pandemia, Mr MCuckold y su esposa Miau Miau -sus alias en el mundillo swinger-, pidieron su habitación de costumbre en el motel V y se prepararon para su rutina: un gang bang con ocho hombres para ella, mientras él usa una jaula de castidad, una suerte de arnés que imposibilita las relaciones sexuales. A la hora señalada llegaron los partenaires al cuarto y todo se desarrolló más o menos como el marido lo había previsto. “Siempre pago la habitación para mantener el control de todo lo que ocurra”, cuenta él. El único percance, recuerda, fue que se descompuso el equipo de audio y llamaron a recepción para que lo repararan. El encargado de mantenimiento llegó enseguida: cuando vio a nueve hombres y una mujer desnudos “no volteó a mirarnos en los 15 minutos que le tomó reparar el artefacto”, cuenta Mr MCuckold, que funge además como embajador del sitio de encuentros SpicyMatch, que opera en la CDMX. Al día siguiente, la pandemia cambió los hábitos del matrimonio. O al menos durante unos meses: “Al principio no hicimos nada, nos guardamos en casa”.

Su club swinger favorito, Coliseum, cerró las puertas en 2020 y permanecerá así hasta que la CDMX vuelva a "semáforo verde". Los love hotels son entonces el lugar de encuentro para él, su mujer y “tres amigos de confianza”, los únicos con los que actualmente hacen “intercambio”.  dice Mr MCuckold. Su alias, comenta, viene de la práctica “cuckold” o “cornudismo”, en la que “la esposa puede tener sexo fuera del matrimonio mientras el esposo se mantiene en castidad y fomenta esa dinámica”. 

Sus compañeros swingers actuales son de “confianza”, pero el riesgo de contagio por COVID-19 sigue presente, admite. Pero recuerda que, en este tipo de hoteles, considerados un par de escalones por encima de los moteles tradicionales, “las medidas de higiene se han extremado y el contacto con el personal es casi nulo”. Esto no impide, sin embargo, que en hoteles como el Picasso de Toluca, en viernes de quincena haya fila de 20 personas esperando habitación. A diferencia de otros love hotels, esta cadena no acepta reservas en línea. Así que no queda otra que llegar y cruzar los dedos. A los habitués no parece molestarles esperar en el lobby junto a otras parejas. La mayoría paga en efectivo y quienes lo piden reciben una bebida de cortesía para amenizar la espera.

Love Hotel CDMX

Fotografía de la alberca del Love Hotel VP Vintage, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

El motel de Nintendo

En México, “la categoría `love hotel surgió hace diez años”, cuenta Antonio, gerente operativo de dos propiedades de la marca Motel Picasso Circuito, en coincidencia con el boom “de los hoteles boutique del sector turístico”. Antes, se les llamaba “moteles a secas, y se los distinguía por las luces rojas de la fachada”. Por entonces, las amenidades apenas incluían un par de canales para adultos, bocinas y el típico jabón rosa Venus, todavía una referencia humorística al sexo casual, pero hoy desterrado de la mayoría de los love hotels. Hoy, “quien quiere ser un love hotel debe invertir en infraestructura”, dice categórica Aidee Iribe, fundadora de Let´’s Kinky, plataforma de “estilo de vida erótico” que opera en el país. Y explica que la cuna de los “love hotels” es Japón.

 “Los love hotels de México no tienen nada que envidiar” a sus pares nipones, que en general son minúsculos, “sin piscina ni glamour”.

El nombre viene del Hotel Love, que abrió en Osaka, en los años 60. Fue fundado por Hiroshi Yamauchi, por entonces presidente de Nintendo y quien convirtió lo que entonces era una empresa de cartas “hanafuda” en el emporio de los videojuegos. Hiroshi buscaba expandir el negocio del grupo y optó por abrir un hotel “por hora”. Se dice que el ejecutivo frecuentaba el establecimiento con mujeres que no eran su esposa. Eventualmente, la marca de entretenimiento se desprendió de esta línea de negocios, pero los rabuho, como allá se llama a los love hotels, siguen siendo espacios de desahogo sexual para ejecutivos sin tiempo para buscar pareja. No solo pueden pedir habitación, room service y juguetes eróticos, sino que pueden elegir a su compañera sexual según un catálogo. Pero el público principal de estos hoteles son parejas jóvenes en busca de intimidad -la mayoría vive con sus padres, en departamentos diminutos-. Y hay lugar, también, para aventuras extramatrimoniales. Así, la falta de contacto con empleados y la posibilidad de pagar en efectivo -el dinero se inserta en una máquina en la recepción- en un país altamente bancarizado como Japón resultan atractivos para quienes buscan una “fuga sexual”, cuenta Aidee. Pero aclara que los love hotels “de México no tienen nada que envidiar” a sus pares nipones, que en general son minúsculos, “sin piscina ni glamour”.

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Fotografía de la Suite Cúpula del Love Hotel Villas Princess, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

La vida sexual de los chilangos

Según la Dirección General del Registro Civil de la CDMX, el año pasado apenas 12.042 parejas contrajeron matrimonio, mientras que en 2019 hubo más de 27.436 casamientos. De esta cifra puede desprenderse que muchas parejas que tenían previsto casarse no lo hicieron y que otras se separaron durante la pandemia. También se sabe que en México el consumo de pornografía se fue por las nubes y que las apps de citas explotaron. Más allá de esos datos, es difícil medir las consecuencias que la crisis sanitaria tuvo en la intimidad de los chilangos. Pero los comportamientos en los love hotels, como la industria llama al segmento “de lujo” de los hoteles de paso, pueden ser un buen termómetro de la sexualidad en la capital mexicana. No por casualidad, dice Aidee, “la Ciudad de México tiene la mayor cantidad de love hotels del mundo”. Para aseverarlo, se basa en “indagaciones propias ya que los love hotels son una categoría poco definida, lo cual forma parte de la oscuridad del sector”.

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Además de su plataforma Let’s Kinky, Aidee publica la guía Kinky. Los establecimientos allí repertoriados -cerca de 100- poseen el sello “Safe Place to Fuck”, suerte de garantía que la página otorga a aquellos que tengan altos estándares de seguridad y limpieza. “Ni consideramos a los moteles en los que no sabes si vas a salir viva, si te van a drogar y sacar un riñón o si van a grabarte para vender porno casero en Tepito”, aclara Aidee, que con sus uñas manicuradas y voz de locutora se erige en una suerte de orientadora en las artes amatorias para “elegir, no el hotel correcto, sino la habitación. Porque a diferencia de un establecimiento turístico, lo único que cuenta en un love hotel son esas cuatro paredes donde pasarás un momento divertido”.

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Fotografía de habitación con jacuzzi del Love Hotel Picasso Circuito, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

Limpieza y muebles eróticos

La filosofía de Let´s Kinky es orientar al público a elegir un cuarto de acuerdo a su presupuesto y preferencias -BDSM, swingers, LGBTQ+, etc-. Las suites más caras pueden alcanzar los 7.000 pesos MXN: tienen 200 metros cuadrados, piscina privada, jacuzzi, sauna y “muebles eróticos” como el potro del amor, “fajódromo” (cuarto diminuto en penumbras y con colchonetas para besos y toqueteos intensos), columpio, escenario bondage, tobogán, arco de posiciones, tubo para pole dance y rincón del sacrificio –“mueble sexual” con superficie acolchada y barras laterales que se usa para prácticas BDSM y bondage-. También destacan la “crazy bed” (que vibra y solo se encuentra en la cadena de hoteles Amala, ambientados con temática “hindú”). En el hotel Ferri al reservar la habitación “fetiche” se entrega un kit -esposas, corbata, antifaz y contrato de Mr Grey (por el filme Fifty Shades of Grey)- que hacen juego con el calabozo y jaula, otra de las amenidades de la recámara. “¿Por qué pagar 10 veces más por una habitación en el hotel W que es diez veces más pequeña que una villa de un love hotel y que para colmo es una aburrición?”, exclama Aidee, quien busca, además, “desterrar el mito del motel para poner el cuerno”. Pero las estadísticas parecen confirmar parte del folclore: y es que en México, “después del 14 de febrero, Día de San Valentín, el día de mayor concurrencia a estos hoteles es el Día de la Secretaria, que se celebra en julio”, asegura Luz Lomart, social media mánager de Hoteles Kinky.

Otro mito de estos hoteles es que son sucios, lo que tal vez ocurra en moteles que no cumplen con la categoría “love hotel”. Pero el consenso general es que, por su altísima rotación, los love hotels suelen ser muy limpios, e incluso mucho más que los turísticos. “¿Qué mejor mensaje sobre los estándares de limpieza de estos hoteles que el hecho de que médicos y enfermeras se alojen allí?”, dice Aidee. En marzo de 2020, un grupo de hoteleros -turísticos y de corta estancia- ofreció al Gobierno de la Ciudad de México alojar gratis a personal de salud asignado a hospitales COVID. El Gobierno aceptó -y de paso se encargó de colgarse la corona con la propuesta- y el personal de salud que pernoctó en estos hoteles lo hizo para no contagiar a sus familias, reducir tiempos de traslado en esta megalópolis y evitar el transporte público. “En el Motel Picasso Circuito, asignamos dos pisos al personal médico. Eran 24 habitaciones, pero nunca llegaron a ocuparse todas”, relata Antonio, gerente operativo.

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Fotografía de habitación con jacuzzi del Love Hotel Sqadra, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

Aunque la firma solo cuenta con básicos “eróticos” como el “potro del amor”, las reseñas de los usuarios destacan sus estándares de limpieza. “No bien una pareja sale de la habitación, un ejército de camaristas ya está prácticamente dentro dividiéndose las tareas. En 30 minutos deben tener listo el cuarto para una nueva pareja”, cuenta Elisa, joven chilanga que durante un tiempo trabajó como encargada de marketing digital en uno de estos moteles. “Es difícil que se les pase algo, sábanas y toallas están impolutas. Las únicas quejas suelen ser por el jacuzzi. Por las prisas, a veces no queda perfectamente limpio”, cuenta. De su trabajo en un love hotel, le quedó la costumbre de rentar, cada dos o tres meses, una habitación para “cortar la rutina” con su novio. Conviven desde hace seis años y jura que estas escapadas “me hacen el día”. “Me llevo una maleta con cambios de lencería, una botella de vino, copas, velas y quesos. A veces, pedimos un menú gourmet y disfruto todo, desde planear la velada y manejar hasta el hotel y, por supuesto, lo que pasa después”, cuenta.

“No bien una pareja sale de la habitación, un ejército de camaristas ya está prácticamente dentro dividiéndose las tareas. En 30 minutos deben tener listo el cuarto para una nueva pareja”

En su bolso, también lleva sus “love toys”. Pero en la mayoría de los love hotels se puede llamar a recepción y ordenar juguetes, que “se venden y no se rentan, como creen algunos”, aclara Antonio. “Los más populares son los disfraces de colegiala y enfermera, los anillos vibradores para pene y los dildos”, dice, por su parte, Susana Ramírez, de Sabrosa Shop, tienda en línea que provee de gadgets eróticos a particulares y hoteles.

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Fotografía de villa con alberca del Love Hotel Patriotismo, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

Pool Party

Pero no todo es sexo en los love hotels. De hecho, Elisa ha organizado despedidas de soltera en la Sky Suite del V Motel, la misma que algunos políticos suelen rentar para fiestas. Está ubicada en el penthouse del hotel, con vista a la ciudad y alberca exterior climatizada. Allí, Elisa y sus amigas nadaron y tomaron cocteles. “Lo recomiendo para ver a tus amigos en pandemia, con sana distancia y al aire libre. De hecho, estas suites son mucho más grandes que las de los hoteles tradicionales”.

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 “Aunque no podemos saber qué ocurre dentro de las habitaciones, crece la tendencia de grupos que rentan las que tienen alberca para pasar un buen momento, refrescarse y beber entre amigos”, cuenta Antonio, de Picasso. La suite más cara de esta marca tiene piscina, jacuzzi, bar, billar, barra de audio para DJ y lounge, además de duchas con platos grandes -hasta cuatro personas bañándose al mismo tiempo- e iluminación con colores. En esta cadena, dependiendo del tamaño de cada estancia, se aceptan hasta 20 personas por suite -se paga la suite más un costo extra por cada ocupante-.

Salvo los moteles V o Pirámides, que encabezan las preferencias de la comunidad swinger, hay establecimientos en los que el sexo grupal no está permitido, cuenta Natalia, de 41, que hace un par de años se animó a hacer un trío con su esposo. “Elegí una chica que se anunciaba en Twitter, acudió a la cita, mi marido le pagó y cuando entramos los tres al hotel Ferri, nos dijeron que allí no se permitían más de dos personas por habitación. Fue un fiasco”, recuerda.

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Fotografía de suite con terraza del Love Hotel QuintoElemento, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

Algunos hoteleros aducen que la medida se toma por seguridad, sobre todo de las mujeres. “Porque hay casos en los que ingresan dos hombres con una mujer a una habitación. Por precaución, lo mejor es no autorizar este tipo de prácticas”, advierte un hotelero de la zona de Viaducto, que prefiere no dar su nombre. “Lo que sucede puertas adentro de la habitación es responsabilidad de los que entran”, dice Aidee, pero agrega que algunos love hotels “están implementando el botón de pánico y (en caso de peligro) ahí sí puede intervenir el personal”.

Mientras, los establecimientos que permiten varios huéspedes por habitación confían en que cada grupo autorregulará su comportamiento. El público swinger representa apenas el 10 o 15 %, de la clientela, pero “tiene gran poder adquisitivo”, concede Leticia, que trabaja en un hotel del sur de la ciudad que el año pasado fue rentado en su totalidad -80 habitaciones- durante seis meses. “Eran swingers y prácticamente vivían en ese hotel. Y pagaron los seis meses por adelantado”, recuerda.

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En este universo, cada tanto hay pleitos entre las parejas, “en general porque la mujer de una pareja es guapa y el marido no, y la otra pareja quiere eliminarlo de la ecuación… Pero no suele pasar de unos golpes, en el peor de los casos”, cuenta Mr MCuckold. Cuando cita a ocho hombres para que tengan sexo con su esposa “como ninguno se conoce, si uno llegara a ponerse loco…”, dice dando a entender que uno contra ocho (siete más el marido de la dama) nunca es una buena ecuación. E insiste en que “yo soy el que decide lo que pasa en la habitación. Soy muy enfático en ello y es la señal que debo dar: si mi esposa ya no quiere más, les digo “saben qué, mi mujer está cansada, se terminó´”. Y si alguno se quedó sin poder participar, ni modo. Pero, como dice el refrán, “lo cortés no quita lo valiente”. Porque Mr MCuckold es, ante todo, un caballero. Y si uno de los invitados para complacer a su esposa “no funciona, le digo `Wey, relájate, no pasa nada, vamos a pedir unas chelas a la recepción´”.

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Fotografía de villa junior del Love Hotel Patriotismo, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

Cierre de caja

En general, los días y las noches en un love hotel transcurren sin grandes novedades. De vez en cuando, la anécdota de cierre de caja incluye algún cliente que mientras esperaba su turno en el lobby hizo una escena. “Tratamos de evitar situaciones que involucran alcohol, porque algunos se emborrachan y hacen tonterías”, cuenta Antonio. Y admite que a veces, los clientes no quieren dejar su habitación, aunque de la recepción les hagan la llamada en la que cortésmente se les invita a hacer check-out. “Nuestro protocolo es calmar al cliente, ser amable y no entrar en discusión. Tratamos de no llegar a ese extremo, pero si se resiste a irse podemos bajarle la pastilla de la luz. Pero la gran mayoría es prudente. Está claro que a nadie le conviene hacer un escándalo en un motel”, concede.

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Por más lujosas que sean, las suites de los love hotels suelen ser más económicas que las de un hotel turístico: de hecho, cuestan hasta el 70 % menos, indica Aidee Iribe. Y a medida que uno se aleja de la capital mexicana, las tarifas bajan aún más. De hecho, a pesar de la inflación y la recesión económica -las últimas mediciones indican que este año, México crecerá menos del 1 %-  las tarifas de los love hotels no han subido. “El año 2020 fue difícil, cerramos los hoteles como un mes y medio, al inicio de la contingencia. Y luego empezamos con una ocupación escalonada, fijada por el Gobierno de la CDMX. Primero con el 30%, lo que para estos hoteles, acostumbrados a tener una ocupación del 100%, es muy poco”, cuenta Antonio. Hoy, sin embargo, ve signos de recuperación “andaremos por el 70% de ocupación”. Y explica que a este rubro le va mejor que a la hotelería tradicional: “En zonas turísticas como Roma o Santa Fe, la ocupación turística apenas oscila entre el 14 y 30%. Lo que ocurre es que nosotros no dependemos de los turistas”.

 “En zonas turísticas como Roma o Santa Fe, la ocupación turística apenas oscila entre el 14 y 30%. Lo que ocurre es que nosotros no dependemos de los turistas”.

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Fotografía de cuarto del Love Hotel La Moraleja, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

Madres puérperas y tercera edad

En un contexto en el que muchos matrimonios se encuentran confinados, trabajando en casa mientras sus hijos tienen clases remotas, los love hotels son útiles para lograr un momento de intimidad. “Recientemente, una conocida que acaba de ser mamá me contó que a los siete días del parto dejó a su bebé con sus suegros y se fue a un love hotel con el marido”, cuenta Aidee. “Allí pudo hacer lo que hacía días no podía: ¡dormir seis horas seguidas!”.

Love Hotels CDMX

Fotografía de suite con terraza del Love Hotel QuintoElemento, cortesía de Hoteles Kinky, guía de Love Hotels.

La historia de Aidee con los love hotels comenzó hace diez años, cuando su actual socio le propuso llevar una plataforma en línea de hoteles de paso. “`¿Qué onda con este enfermito?´, fue lo primero que pensé”, admite. Pero aceptó hacer un estudio de factibilidad del negocio. Agarró su coche y empezó a visitar todos los moteles de la CDMX. Y lo que descubrió le voló la cabeza: “Detrás de fachadas grises o que no prometían mucho, encontré grandes oasis, con estancias lujosas y seductoras. Y me dije: “Qué pendeja.. Y yo todos estos años en mi recámara, creyendo que no necesitaba ir a un hotel porque vivía sola”, recuerda.

A pesar de su educación “tradicional”, diez años más tarde, Aidee habla de “mapas erógenos”, vibradores a control remoto y prácticas swinger sin sonrojarse. Para ella no hay secretos en lo que a costumbres sexuales se refiere. Según sus propios reportes, “El 80 % de los clientes de los love hotels tiene entre 25 y 35 años. Pero hay un número creciente de usuarios de más de 65”, dice. El dato coincide con el estreno en México de la última película de Arturo Ripstein, El diablo entre las piernas, que retrata el sexo en la tercera edad. “En plataformas en línea como la nuestra, se registra cada vez más actividad en el segmento de más de 45 años, en el de 55 y en el de 65. Esto quiere decir que la sexualidad se ha ido extendiendo. No termina cuando los hijos ya son grandes o se van de casa. Al contrario: a los divorciados, como es mi caso, se nos abre una nueva oportunidad para el ligue y la seducción”, cuenta Aidee. Claro que cuando asiste a eventos sociales y cuenta a qué se dedica, al silencio inicial le sigue una catarata de preguntas. “Es muy sexy hablar de sexo”, admite.

“Qué pendeja.. Y yo todos estos años en mi recámara, creyendo que no necesitaba ir a un hotel porque vivía sola”.

Pese a que hoy la Ciudad de México se presenta como la meca de los love hotels, todavía hay tabúes difíciles de romper. “Hay una marginación histórica al sector”, concede Aidee. “Sigue esa idea de ‘Ay, cómo voy a ir a un lugar donde la gente hizo el amor’… Como si en un hotel turístico la gente que allí se hospeda no tuviera relaciones...” ,y explica que para atenuar la mala prensa de los moteles, en Hoteles Kinky “el concepto que hemos construido es lujoso para que las parejas sientan comodidad y nada de culpa”. Por su parte, Antonio confía que “después de ocho años trabajando en un love hotel, mis padres ya no se intrigan, pero a mis amigos les sigue provocando morbo y curiosidad. Tal vez por la idea equivocada que tienen de un motel, como un lugar clandestino u oscuro. También... qué puritanos, ¿no?”