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Identidad

El mundo desconocido de los trastornos alimentarios de los hombres

La vigorexia es una obsesión peligrosa de la que muy pocos se atreven a hablar.
Giorgia Cannarella
Bologna, IT
Juta
ilustración de Juta
17.11.20

Hace un tiempo encontré uno de los mejores artículos sobre la cultura de las dietas. Lo firmaba el actor estadounidense Matthew McGorry, conocido por su papel de carcelero en Orange is the new black.

En el texto, publicado en Medium, McGorry se sinceraba y contaba su experiencia con los trastornos alimentarios y cómo le decían que, ahora que había engordado, no recibiría papeles principales. “Durante mucho tiempo, pensé que estar ‘gordito’ era lo peor. ‘Se supone’ que los hombres tienen que ser duros, fuertes y resistentes”, escribía.

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La historia de McGorry nos recuerda que los trastornos alimentarios no solo afectan a las mujeres. “En Italia, solo entre un 5 y un 10 por ciento de la gente que tiene anorexia y un 10 por ciento de la que tiene bulimia son hombres”, dijo la dietista Viviana Valtucci. “Pero no hay diferencias entre los géneros cuando hablamos de atracones. Y luego está la vigorexia, que es una obsesión por tener un cuerpo musculoso, que no está clasificada como trastorno, pero afecta a muchos hombres”.

Como la anorexia, la vigorexia está asociada a una dismorfia corporal: una preocupación obsesiva por algún “defecto” del cuerpo. Pero, mientras que la anorexia es el impulso constante por estar delgado, la vigorexia (o dismorfia muscular) se puede definir como una preocupación obsesiva por no estar lo suficiente musculoso o sin grasa. Según la Clínica Mayo, la dismorfia corporal puede presentar complicaciones como la depresión o pensamientos y conductas suicidas.

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La obsesión por el ejercicio y el físico es una parte fundamental de la cultura del bienestar y las dietas, en la que incluso los objetivos personales aparentemente saludables a menudo pueden esconder aspiraciones estéticas poco sanas o realistas, como tratar de conseguir un porcentaje de grasa corporal determinado. Para los hombres que intentan alcanzar ideales de cuerpos esculturales, las dietas como la paleo o la keto muchas veces se ven como más “varoniles” por su (ridícula) asociación con los cavernícolas, a pesar de que sean insostenibles o incluso dañinas a la larga —especialmente cuando se combinan con esteroides anabólicos—.

“La masculinidad tóxica crea ideales corporales inalcanzables”, dijo Giuseppe Magistrale del Centro Pullés para los Trastornos Alimentarios de Italia sobre su propia experiencia luchando contra estos demonios de la alimentación.

Magistrale nos habló de su propia historia en el culturismo y la halterofilia como un mundo que le otorgaba “una gran sensación de poder y protección, donde dividía todo en el ‘cuerpo correcto’ frente al ‘cuerpo incorrecto’. Estábamos obsesionados con el peso y los porcentajes de grasa. Recuerdo que un chico escribió en un foro: ‘No estoy seguro de si quiero declararme a una chica hasta que mi brazo llegue a los 44 centímetros’. Todo giraba alrededor del cuerpo”.

Aunque puede parecer algo extremo, Magistrale dice que hay señales que los hombres deberían vigilar. “Una señal de alarma sería si un compromiso a cambiar el cuerpo comienza a ocupar todo mi tiempo, o si empiezo a dejar de lado las relaciones y desarrollo un comportamiento obsesivo compulsivo. El problema no es la condición física en sí; el problema es pensar que es la solución a todos los problemas. Tratando de superar una vergüenza corporal que nunca desaparecerá”.

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Luego está el hecho de que a los hombres les cuesta pedir ayuda. “A menudo, si van a terapia, es por otras razones y la obsesión con la condición física surge después”, dijo Magistrale. Valtucci coincide: “Las mujeres hoy en día tienen más modelos a los que seguir en su paso por la aceptación corporal, mientras que los hombres no. Y acaban sufriendo en silencio. Las peticiones de ayuda a menudo llegan de madres y novias preocupadas”.

Si hasta hace un par de años mis redes estaban llenas de cuentas de #fitspo, que me recordaban constantemente que debía quemar esa galleta que acababa de comerme torturándome en el gimnasio; ahora están llenas de contenido inspirador diferente: cuentas de recuperación de los trastornos alimentarios, de antigordofobia y de feminismo interseccional. La mayor parte de este contenido lo producen mujeres.

Uno de los pocos hombres que comparte contenidos de este tipo es Riccardo Onorato o, como se conoce en redes, Guy Overboard. Tras comenzar un blog de moda masculina en 2012, conoció a blogueras que eran activistas del positivismo corporal y se dio cuenta de que su experiencia no era muy diferente a la de ellas, como el problema a la hora de encontrar ropa de su talla. Decidió empezar a hablar de ello y alentó a otros chicos a sincerarse y hablar de su relación con la comida, el cuerpo y las emociones. “Creo que es importante que haga que se escuche mi voz de hombre y mostrar que puedes ser vulnerable, tener dudas sobre tu cuerpo o sobre ti mismo, y aun así seguir siendo un hombre”, dijo.

Según Onorato, la orientación sexual también juega un papel importante en esta relación tan problemática con la “masculinidad”. Cree que los hombres gais tienen incluso más dificultades para renunciar al estatus que conlleva conseguir el cuerpo masculino perfecto. “Vivimos en un mundo que es todavía demasiado homofóbico como para que se sientan libres y seguros como hombres”, dijo. Y esto solo hace que aumenten los trastornos alimentarios y los comportamientos poco saludables entre los hombres gais. Según la National Eating Disorder Association de EUA, el 42 por ciento de los hombres con un trastorno por atracones se identifican como gais, a pesar de que se trata tan solo de un 5 por ciento de la población.

Como alguien que también ha experimentado de primera mano un trastorno alimentario, no me cabe la menor duda de que el cuerpo femenino está más oprimido por la sociedad: se nos cosifica, se nos hipersexualiza y se nos dice que la belleza es nuestro único recurso. A las mujeres se les pide constantemente que se restrinjan, se optimicen y que ocupen menos espacio físicamente.

Pero estamos todos juntos en la batalla contra la cultura de las dietas, sin importar el género. “La lucha contra la cultura de las dietas tiene que ver con un sistema de privilegios y discriminación que debemos desmantelar”, dijo Riccardo Onorato. “Las historias de salud y condición física que los hombres se cuentan a sí mismos vienen de una serie de creencias que elevan a ciertos cuerpos sobre otros. Es opresivo para todo aquellos que no alcancen el ideal cultural”.