Cómo Hotmail pasó de ser imprescindible a convertirse en el hazmerreír de internet

En su día, el servicio de email de Microsoft fue de lo más puntero en comunicación en la red. Hoy, no es más que una reliquia de los tiempos en que internet funcionaba por la línea telefónica. ¿Qué ha ocurrido?
traducido por Mario Abad
31 Enero 2020, 4:45am
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Fotos vía Alamy y Wikimedia Commons

Estoy mirando una foto en la que aparecen tres culos de mujer. Llevan unos llamativos pantalones de Evisu. Sobre la foto, un botón con el mensaje “COMPRA AHORA” aparece de forma intermitente. Nunca he buscado “Evisu” en Google ni tengo intención de comprar un par de pantalones de mujer de esa marca y, sin embargo, el anuncio aparece con insistencia en la barra lateral de mi buzón de entrada de Hotmail.

Cuando Microsoft lanzó Hotmail en 1996, a nadie le importaban los anuncios. Más tarde, los emails pasaron a tener una página de inicio basada en red y su envío y recepción eran totalmente gratuitos. Antes de aquello, solo podía accederse al correo mediante servicios para escritorio u otros clientes no basados en red, generalmente costosos y con una interfaz poco intuitiva. Tres años después del lanzamiento de Hotmail, su dirección de email también permitía acceder a MSN Instant Messenger, el recién estrenado servicio de mensajería instantánea de Microsoft que los millennials usaban cada noche para hablar con los amigos que habían visto unas horas antes en el colegio y que suscitó un acalorado debate sobre la custodia del ordenador familiar.


No fue hasta 2004, con la llegada de Gmail, con su diseño elegante, sin publicidad y un servidor supuestamente fácil de manejar para el usuario medio, cuando la gente empezó a preguntarse si Hotmail era realmente lo mejor en lo que a servicios de correo electrónico se refiere. Muchos hicieron el cambio de lo conocido ⎯anuncios de Evisu incluidos⎯ a un mundo superactualizado y totalmente integrado con la nueva superpotencia de internet en constante evolución: Google.

Para hacerse con el dominio de la red de redes, Gmail debía superar a Hotmail en todos los aspectos. Empezó seduciendo a sus usuarios con un gigabyte de capacidad de almacenamiento, 500 veces más de lo que ofrecía Hotmail. El nuevo servidor también incorporaba una herramienta de escaneado que identificaba palabras clave que podían usarse con propósitos publicitarios. Quizá la característica más impresionante de Gmail era su herramienta de búsqueda instantánea, que hoy es una función estándar en todo servicio de correo que se precie. En 2012, Gmail superó los 360 millones de usuarios activos mensuales de Hotmail y alcanzó los 425 millones. Hoy se cree que cuenta con cerca de 1500 millones de usuarios, en comparación con los 400 millones de Hotmail.

“El atractivo inicial de Gmail era que estaba integrado con las herramientas del G-suite ⎯Drive, Hojas de cálculo, etc.⎯ y que disponía de funciones cooperativas como Hangouts y la posibilidad de editar en tiempo real”, me explica Alex Oakley, consultor de TIC de Londres. Al final, todo el mundo prefería el aspecto, la facilidad de uso y la experiencia de Gmail porque Google le parecía más atractivo que Hotmail”.

Pese a la migración masiva a Gmail, todavía hay gente que se aferra a su vieja cuenta de @hotmail.com. Lady Kitt, de 29 años, es una de esas personas. “Es por un tema nostálgico; es reconfortante, me resulta familiar y me gusta la interfaz tan tosca que tiene. Es como volver al bar de mierda en el que te tomaste tu primera bebida alcohólica cuando aún eras menor de edad. Casi puedo hacer un repaso de toda mi vida adulta mirando los correos de mi cuenta”, dice. “Es un ejercicio de arqueología personal”. Efectivamente, uno de los puntos fuertes de Hotmail es que te remite a una época de internet en la que todo era más fácil e inocente.

Existen, además, razones prácticas por las que te puede interesar conservar tu cuenta de Hotmail. “Tengo una dislexia horrible”, nos cuenta Kitt. “Me cuesta recordar cualquier nueva dirección de correo que creo, y ya ni te cuento el infierno que es intentar moverme por esas bandejas de entrada indescifrables”. La accesibilidad, por tanto, es un asunto de pura necesidad, y Hotmail casi no ha cambiado en ese aspecto.

Para otros, se reduce a un tema estético. Hotmail conserva un rollito adolescente, mientras que Gmail tiene un aspecto más de persona adulta. Safiyyah Choycha, de 32 años, dice que se pasó a Gmail cuando empezó a trabajar como artista por recomendación de la persona que le diseñó su sitio web, quien le dijo que quedaba más profesional usar un servicio de correo electrónico más moderno. Aunque sigue pensando que Hotmail es “mucho más fácil de usar”, Chocycha admite que solo lo utiliza para asuntos personales.

La profesionalidad de Hotmail es objeto de acalorados debates. En 2018, Sree Sreenivasan dirigió al personal de contratación en general la siguiente pregunta en LinkedIn: “Si vieras un currículum vitae con una dirección de Hotmail, ¿qué harías? ¿Tratarías a esa persona como a las demás o la rechazarías de inmediato?”. Una de las respuestas decía: “¡Si no consigo el trabajo por culpa de una dirección de email, es porque ya no me interesaba desde el principio!”. Otro usuario le respondía: “Si sigues usando Hotmail es porque no entiendes la tecnología moderna. ¡Así de simple!”. Pero el esnobismo del email no termina ahí. Medios como Telegraph y Poynter tienen artículos en los que se aconseja a sus lectores que no usen cuentas de Hotmail ⎯o “vintage”, como las denomina Poynter⎯ para presentar solicitudes de trabajo.

Cuando Hotmail se lanzó de nuevo como Outlook en 2012, los expertos del sector lo vieron como un claro intento de rivalizar con la supremacía de Google. Larry Magid, que escribe artículos sobre tecnologías de consumo, participó en las pruebas del nuevo software antes de que se lanzara al mercado y alabó su “interfaz clara y moderna, nada abigarrada y fácil de usar”. Destacó también otras funciones como la posibilidad de marcar mensajes como leídos, de hablar por chat con amigos de Facebook, los enlaces a Twitter, LinkedIn, Google y Skype, y un diseño claramente dirigido al uso en smartphones, a diferencia de Gmail.

Desde la renovación de su imagen, Outlook parece haber experimentado un resurgimiento, según Oakley, si bien limitado al contexto de la comunicación profesional. “Aunque ahora la mayoría de las empresas usan Outlook como servicio de email, nunca se ha logrado deshacer de esa reputación de obsoleto que se ha granjeado entre el público y probablemente no lo consiga”, asegura.

Pese a todo, yo sigo usando Hotmail. Me gusta la sensación de caos fiable que ofrece, en contraste con el desorden impredecible que reina en el resto de internet. El aspecto familiar de su interfaz me reconforta, aunque implique recibir anuncios sin sentido.

Por cierto, la publicidad de Evisu ha desaparecido y ha sido sustituido por un anuncio de Tiffany’s. ¿Me estará sugiriendo que pida matrimonio a alguna de esas modelos? Quién sabe. Este tipo de diversión está reservada a los usuarios de Hotmail.

@SamHancock95

Este artículo se publicó originalmente en VICE Reino Unido.