Cultura

Testimonios de la sobredosis, parte IV: Heroína en suero y un temblor

Esto es Testimonios de la Sobredosis: historias que lidian con la letra menuda del consumo y el otro extremo de la noche.
14.7.16

Este artículo fue publicado originalmente en thump, nuestra plataforma de cultura y música electrónica.

_Para contrarrestar la narrativa ligera sobre las drogas en la que a veces cae nuestra generación, hace unos meses emprendí una búsqueda de historias tejidas alrededor de esos momentos oscuros en los que muchos consumidores nos hemos preguntado si ya fue suficiente. Entonces decidí meterme con lo más sombrío: con_ la sobredosis y con la muerte. Esta es una serie necesaria, un llamado al orden cuando se nos va la mano. Porque muchos de mis personajes aprendieron la lección, unos no tanto y otros ni siquiera alcanzaron a contar el cuento.

Esto es Testimonios de la Sobredosis: historias que lidian con la letra menuda del consumo y el otro extremo de la noche.

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Lilith, 26

"Eso me pasó el 24 de mayo de 2008. A finales de 2007 terminé con alguien y me dio re duro, entonces empecé a meterme todas las vainas que se me cruzaran en frente. En ese tiempo también era muy street kid… como un niño de la calle pero no tan niño de la calle, ¿si me entiendes? Un yonqui pero no tan yonqui… como un yonqui de estrato alto, de fin de semana.

Yo me acuerdo que en esa época todos los fines de semana eran para salir y para darnos en la cabeza. Yo frecuentaba la 60 que era llena de calvos y punkeros, o también iba a sitios de electrónica que ya no existen en Bogotá: Pizzamil, el Edifrito, Piso 3, Casa 33…

Casi todas las drogas las probé primero sola, para ver cómo funcionaban. Yo le decía a alguien que me regalara algo y en vez de metérmelo ahí me lo llevaba para mi casa. La H la probé en un momento donde yo estaba decayendo. Se la empecé a comprar al novio de una nena costeña que conocí, era turco y manejaba una vaina re densa de eso. La vieja me trajo un poquito, y aunque yo estoy muy tatuada me dan resto de video las agujas, entonces lo intenté inhalada. Me hice unas líneas estando sola y casi me muero, huevón… se sentía una mierda, me dolía mucho la cabeza y caminar me costaba mucho. Me desmayé y me levanté por el sonido de mis propias vomitadas. Mis papás me jodieron porque pensaban que estaba muy ebria, pero yo no podía decirles que no era por eso.

A la semana de esa vez convencí a un amigo de que nos inyectáramos juntos y busqué procedimientos en internet. ¿Por qué estaba tan empeñada en volver a intentarlo? Porque todos me decían que se sentía una chimba. Yo soy muy ligada a las películas y muchas le mostraban eso a uno, como Trainspotting.

Después de hacerlo juntos ese día empezamos una rutina: le hacíamos dos veces por semana, o tres. Y al rato empezamos a sentir síntomas de abstinencia: yo empecé a sentir unos espasmos re raros y no podía dormir, era un caldo de techo insoportable. Lo otro es que estaba extremadamente flaca, y que también me gustaba el perico, tripearme, bebía resto… muchas cosas… pero sólo le hacía al H cuando me veía con mi amigo y por lo general lo hacíamos en mi casa así saliéramos en diferentes parches. Era como un ritual. Todos los fines de semana terminaban en relajación, los dos desparramados en el sofá.

El jueves de esa semana salí y comenzamos yendo al centro con mi mejor amigo a comprar pérez. Esa vez compramos como cuatro bolsas. ¿El H? El H me llegó a costar como 50 lucas el gramo en esa época, o a veces 20. Siempre le compraba al mismo man.

Después nos fuimos para un barsito en la Tadeo a tomar y a oler, y después nos fuimos a Piso 3 y ahí todo se empezó a poner borroso. Ese día olí, trago, luego popper, porro y además me comí un cuarto de papel. Cuando llegué a mi casa puro caldo de techo, no pude dormir, y en esas, ya por la mañana, me llamó mi amigo a preguntarme si podía caer a mi casa.

El man cayó, le hicimos, me relajé un rato y recuerdo que no comí nada, a lo mucho un pan. Por la tarde mi amigo se fue, yo me arreglé, fumé, me eché los "cogos", o sea los pases de pérez, y por la noche me encontré con unos amigos punkies de Cedritos para tomar.

Tomamos en una rockola, compramos más chorro en un Carulla de por ahí, nos metimos al baño e hicimos la de maricadas adentro. Yo tenía un poquito de H mezclado con el pérez y todo el tiempo estuve oliendo de eso. De ahí nos metimos a un cajero otra vez a oler, y un amigo que es re loquillo se sacó una jeringuita que tenía, cogió de mi Pérez, sin saber que estaba mezclado, y se lo chuteó.

Ya era casi de día pero mi amigo loco quería seguir la fiesta. Me fui para la casa de él, que es re dañado pero re gomelo, y tiene severa casa. Yo llegué en un estado deplorable, necesitaba descansar. No pudimos comer nada entonces nos hicimos unas líneas en la cocina. Ahí le dije que mi Pérez tenía de eso, tenía H, y él me dijo que quería probarla pura, que nunca lo había hecho.

El man llamó a alguien que vendía y mientras llegaba echamos porro y dic. Yo le dije que lo hacía con mi propia aguja porque yo soy re videosa con esas cosas. Alguien de la familia del man era médico porque había sueros, entonces metimos el H en el suero para que fuera más ligero y entrara como una medicina, como un relajante muscular. Yo hasta pensé que así debía ser más chimba.

El caso es que yo me jodí. Y creo que me jodí porque estaba metiendo algo nuevo y porque le hicimos con una cucharada sopera, cuando yo siempre le hacía con una de las chiquitas. Cuando el man me estaba clavando la aguja empezó a temblar. ¡No el man no, o sea la tierra empezó a temblar! Él me decía '¡Marica, no mueva la cama que no puedo!' y yo ni siquiera podía hablarle, sólo le hacía caras. Recuerdo que vi el televisor moverse, parpadeé y ya, ahí se me desconectó todo.

No sé cuánto tiempo vi negro. Lo primero que recuerdo es levantarme de un momento a otro con una enfermera teniéndome la cabeza, otra los pies y otra poniéndome una inyección. Lo raro es que todas me decían "Laura" y yo les decía que no me llamaba así, pero me ignoraron.

Después de un rato mi amigo logró entrar a contarme todo lo que había pasado desde que me había desmayado, y todo lo que estaba pasando en ese momento. Lo primero es que cuando me desmayé empezó a temblar. Después de que el temblor pasó mi amigo me puso los zapatos, llamó a un amigo y entre los dos me bajaron alzada. Todo hubiera podido ser una gonorrea, pero el man actuó.

Me llevaron en un carro re morraca a la Reina Sofía, yo estaba muy mal. Me entraron, y cuando mi amigo salió por el carro la policía estaba esperándolo. Nosotros nos veíamos re punkies y a él se le había olvidado sacarse las cosas de los bolsillos, entonces les tuvo que pagar a los policías para que se fueran pero los tipos volvieron por más plata.

Y el video de todo es que a mí me ingresaron por sobredosis pero con los papeles de otra persona, unos papeles que nos habíamos encontrado en la calle la noche anterior. Ellos lo que hicieron fue raspar la foto hasta que se viera muy borrosa y mi amigo en medio de su loquera vio que la vieja de los papeles era A+ como yo, entonces cuadraba. Es que creo que uno loco reacciona a veces más envideado que el mundo normal ante esas cosas, o pues a mí me ha pasado.

Me hicieron exámenes de toxicología muy rápido y ahí salió todo lo que me había metido, todo. El promedio era tener como entre 1% y 2% de cocaína en la sangre, y yo tenía como siete. La heroína también la tenía como en cuatro.

Mientras estaba ahí metida, mis amigos le volvieron a pagar a la policía y a la jefe de enfermeras para que me diera de alta. En un momento todo se volvió un mierdero, y ellos no sabían si dejarme ahí botada o qué. Los aprecio por eso, porque pudieron irse pero no se fueron. A una amiga la dejaron morir por eso, porque la dejaron botada por lo mismo. No la ayudaron ni nada, pero bueno ese es otro video.

Yo sólo tenía la batica esa, y lo que hice fue ponerme un saco de mi amigo. Después de las cuatro de la tarde me cogió una enfermera gordita y me dijo que me levantara, que si tenía ganas de ir al baño. Me dio una pastilla, me sacó por la puerta de urgencias como si nada, y ahí me estaban esperando ellos. Mi amigo me contó que se había gastado como 700 mil pesos sólo en darle plata a la gente para que me dejara salir.

Me acuerdo que el atardecer lo vi saliendo de ahí, fue re videoso. Fue la vez que he visto más rosa y más amarillo el atardecer. No podía creer nada, por lo del temblor, por lo de la sobredosis, por todo".

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Si alguna vez ha sufrido una sobredosis y quisiera compartir su testimonio, contacte a Nathalia a través de Twitter o en su correo: nathalia.guerrero@vice.com