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Me hago pasar por mujer para escapar de mi aburrida relación

Suena extraño, pero soy feliz.
12.1.16

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Llevamos nueve años juntos. Nos conocimos en la universidad mientras ambos estudiábamos Derecho. Estuve dos semestres y medio tras ella. La seguía por escaleras y pasillos. Cuando ella se sentaba, yo me sentaba detrás. Nueve años después, la tengo frente a mí, mirándome una mañana más. Pero ya no es la misma que hace casi una década. Decir que su culo es casi el doble de grande es un halago… La chica con el mejor trasero de la facultad ahora es mi novia con la que llevo cinco largos años viviendo juntos.

En realidad llevamos viviendo juntos ocho años. Pero antes compartíamos departamento con otros amigos de la carrera hasta que nos fuimos a un departamento los dos. Al principio todo era perfecto: éramos practicantes de medio tiempo en diferentes sitios y teníamos mucho tiempo para hacer cosas juntos. Pero cuando empezamos a trabajar la jornada completa —ella en una empresa multinacional, y yo en un despacho de abogados— se acabó todo. La ilusión se convirtió en rutina y la rutina, en un tormento diario. Nos vemos de noche cuando llegamos rotos a casa con ganas de hacer la cena, ver un poco la tele y dormir.


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Es domingo y ayer se alargó un poco una cena en casa, con nuestros amigos de la carrera. Es tarde ya, casi mediodía y tengo hambre. Me giro y veo a la chica por la que tanto suspiré observándome. Lleva piyama; ya ni duerme en ropa interior. Tampoco tiene la cara de niña traviesa que tanto me gustaba. Ahora es una mujer, y su rostro es el de alguien serio y con responsabilidades. Yo noto que también he cambiado, pero todo el mundo me dice que para bien. Me preocupo por ir a hacerme una limpieza facial mensual, tengo mil cremas anti envejecimiento, tomo pastillas anti caída de pelo, juego un partido semanal con mi equipo de basquet e incluso me metí a clases de boxeo. Peso lo mismo que a los 21 años y estoy en mejor forma física. Ella es diferente; abandonó el deporte y aunque de vez en cuando va a correr al parque que tenemos debajo de casa, su silueta es un recuerdo tormentoso de lo que fue.

Estoy en la sala. Parece que ya se despertó y se va a meter en bañar; luego tiene que irse a su oficina a terminar unos documentos importantes. Me encanta la idea de que se vaya para poder ver los partidos de la NBA que grabé ayer. Estoy frente a mi laptop y abro Facebook. Me aburre todo lo que veo. La vida "feliz" de la gente que me rodea es una estafa, como lo es la mía. Me meto en carpetas antiguas con fotos de viajes que hemos hecho en el pasado. Casi todos corresponden al principio de la relación: Filipinas, Nicaragua, Zambia, Tíbet… ¿Cuánto hace del último? Años. Muchos ya ni los recuerdo. Ahora nuestros viajes son para visitar a nuestras familias o para escaparnos una semana a la playa o a la montaña para desconectar del día a día.

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Me fastidia el recuerdo de haber tenido que borrar a tantas chicas de mi agenda o no poder agregar a las que he conocido a lo largo de este tiempo de viajes, trabajo, etcétera. En eso incluyo también un montón de gente nueva muy interesante a la que no le he prestado mucho interés en mantener una mínima relación. Siempre he sido una persona muy abierta y con don de gentes; llevo mucho tiempo anestesiado. No me reconozco. Sigo mirando Facebook y se me prende el foco. Voy a crear una doble personalidad en la red. Un avatar, alguien con otro nombre y otra vida sin que nadie sepa mi identidad. Será como un juego que no le contaré a nadie. Algo que me saque de esta rutina que me está matando por dentro.

¿Y si me pongo un nombre de mujer? Así podré hablar con chicas que me gusten y hacerme amigo de ellas y poder reírme de tipos que busquen a su princesa Leia en las redes. Debo buscar un buen nombre: Ginebra. Me gusta porque suena a personaje de rol; los tipos un poco más inquietos sabrán que era la mujer del rey Arturo, y los frikis les encantará. Podría ser perfectamente la nueva novia de Conan. Y vamos a decir que es una princesa, que estas cosas prenden mucho a la gente. Y de apellido, se me ocurre un animal mitológico. Y no hay ninguno mejor que el dragón. Primero creo su cuenta de correo y luego el nuevo usuario: Ginebra Princesa Dragón así se llamará. Ahora toca la foto.


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Pongo una de una chica buenona y rubia sacada de un cómic medieval. No pongo edad, así abarco más. Gustos. Cine: Kusturica, Fellini y Almódovar. Música: Franz Ferdinand, Love of Lesbian y Muse. Libros: "El nombre de la rosa" y "La conjura de los necios". Una chica interesante. Ahora voy a empezar a agregar a esta retahíla de mujeres que nunca pude aceptar amistad en mi perfil y a todos estos güeyes que he conocido a lo largo de estos años y con los que nunca he llegado a hablar más allá de una felicitación de cumpleaños.

Un mes después

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Es casi enfermizo pero ya no me meto a mi Facebook. Ya directamente abro el de Ginebra. Cada día tengo cuatro o cinco solicitudes de amistad. La mayoría son tipos que no conozco de nada. Acepto a todo el mundo pero he de reconocer que las chicas me empezaron a aburrir muy pronto. Sus estados son muy previsibles. Palabras de autoayuda y frases facilonas copiadas de grandes genios de la humanidad como Paulo Coelho para convencerse de lo fuertes que son. Leo y veo sus fotos. Son mujeres que siempre me he querido coger, con las que llevo soñando años en la intimidad pero al encontrarme en pareja me era imposible cualquier tipo de acercamiento.

Ahora, siguiéndolas desde este perfil me parecen anodinas, predecibles. La mayoría sólo suben selfies tomándose un café, ellas paseando al perro, ellas de compras, ellas frente al espejo del pasillo de su casa antes de salir. Ahora me parece lamentable. Hace tiempo que perdí mi interés en ellas. Por el contrario, algo extraño me lleva sucediendo en este tiempo. Tengo cada vez más amigos, que evidentemente me agregan porque soy una mujer. Pero lo curioso es que teniendo fotos de paisajes, de estrellas y de una mujer sacada de cómics medievales, me hablan en privado. Algunos son unos guarros y a la segunda frase ya me están pidiendo fotos desnuda pero hay otros que realmente quieren conocerme. Soy un hombre y sé que su objetivo final es terminar cogiéndome, pero bueno.

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Varias semanas después

Hay un rector de una Universidad de Irlanda que me contó lo doloroso que fue su primer divorcio y que está buscado algo de verdad en otra persona. Hablo con él casi a diario. Un chico español super interesante que dejó su trabajo (era comercial de telefonía móvil para Pymes y pequeñas empresas) e hizo lo que siempre soñó hacer. Y ahora trabaja para una ONG y vive en Camboya. Y así una decena de chicos con los que hablo todos los días.

El universo masculino se ha abierto sobre mí desbordándome. Mi vida real y mi novia han alcanzado límites de aburrimiento desbastadores. Prácticamente no hacemos nada juntos ya. Su rutina y la mía son cada vez más incompatibles y ya nos unen los automatismos. Hemos hablado muchas veces buscando soluciones pero no llegamos a ninguna concreta. El sexo se remite a un sábado esporádico al mes y poco más. El mejor momento del día es cuando abro mi computadora y hablo siendo Ginebra. Hay muchas noches que me quedo en mi despacho con la excusa de terminar algún trabajo y en realidad es para poder hablar con amigos que viven en Latinoamérica y que por horarios es el momento ideal para hacerlo.


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No entiendo absolutamente nada de lo que me pasa. Voy por la calle y no miro ahora a los tipos con deseo, me siguen atrayendo las mujeres. Pienso muchas veces en armarme de valor y separarme de ella pero también noto que mi día a día en esa casa es la imagen perfecta que debo dar delante de la sociedad, amigos, trabajo y familia. ¿A qué amigo le podría explicar esto que me está pasando? No entiendo nada. Me da vergüenza sentarme delante de un psicólogo y decirle esto. He pensado mil veces en borrar la cuenta pero si lo hago me muero. A ninguna de las personas con las que hablo les he dado mi número de móvil porque siento que entonces se me iría todo de las manos. Prefiero seguir así.

Mañana me levantaré y comenzaré mi rutina de todos los días. Estoy deseando poder estar a solas para abrir mi laptop. Estoy inquieto, hoy Jaime, uno de mis amigos, me tiene que contar si le cambian de horario en su nuevo trabajo. Es un gran hombre, se lo merece. Sé que puede sonar extraño pero soy feliz.