La vida secreta de Pierre Molinier
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La vida secreta de Pierre Molinier

Hasta su último respiro, el hombre, artista fetichista, precursor del arte corporal, de la fotografía erótica y del movimiento queer, hizo valer su libertad y su derecho de ir en contra de las buenas costumbres.
15.6.16

La rosa negra, lámina 23 de Chaman, 1960.

Pierre Molinier dijo que se iba a suicidar el día en que su esperma "sea como agua" y ya no pueda tener un orgasmo. A los casi 76 años, sus doctores le informaron que sufría de cáncer de próstata y que necesitaba una operación. Sus facultades sexuales, que eran el motor principal de su vida y de su obra, estaban en peligro. Cansado, en la noche del 3 de marzo de 1976, en la calle 7 de Faussets, Burdeos, dentro de su departamento vetusto de dos piezas repleto de armas de fuego, lienzos, objetos fetichistas, vibradores, condones y basura, se suicidó de un disparo en la cabeza.

En la cima de esta montaña de desechos acumulados desde hace 30 años, se encontraba una cruz de madera con una inscripción que decía "Pierre Molinier 1900-19-". "La intención de Molinier era escribir al día siguiente la fecha que faltaba, acostarse en el montón de desechos, solo, con zapatos de mujer, en posición de perro, con un velo que le cubriera el cabello y darse un tiro en la cabeza", escribió Pierre Bourgeade en su obra L'Aurore boréale (1973). "Cruzar su puerta no era entrar a un mundo marginal, era cruzar el umbral de otro mundo". Al final, el artista se suicidó en su cama, frente a un espejo. Sin embargo, la finalidad era la misma.

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No obstante, fue muy precavido y no se suicidó sin antes haberle dado de comer a sus gatos, resuelto ciertos asuntos de orden administrativo y dejado una nota en la puerta de entrada: "Muerto a las 19:30 horas. Las llaves las tiene el notario". En una carta que encontraron cerca de su cuerpo, pegada a una silla Luis XV, escribió "Declaro que me mato por voluntad propia y espero que se jodan todos los pendejos que me hicieron encabronar toda mi puta vida. Y para que conste, firmo, P. Molinier". Sobre la mesa había otro documento que tenía escrito "Odio la vida y me mato por voluntad propia y eso me hace reír. Besos a todos los que amo con todo mi corazón. P. Molinier". Donó su cuerpo a la ciencia con la esperanza de que "trasplantaran sus bolas a un joven impotente de 30 años". Aunque solo era famoso entre algunos aficionados del arte erótico, dejó atrás cientos de obras. Hoy, una placa conmemorativa que tiene escrito su lema "Tres pasiones: la pintura, las mujeres y las pistolas" le rinde homenaje frente a su antiguo hotel en el viejo burdeos.

Hanel 1, lámina 30 de Chaman, 1967.

Hasta su último respiro, el hombre, artista fetichista, precursor del arte corporal, de la fotografía erótica y del movimiento queer, hizo valer su libertad y su derecho de ir en contra de las buenas costumbres. No le tenía miedo a la muerte. Igual que el sexo —aunque en menor medida—, se podría decir que la muerte era una parte esencial de su obra. Cuenta que durante su adolescencia, fotografió a su amada hermana, Julienne, en su lecho de muerte, antes de masturbarse sobre ella: "Tenía unas piernas sensacionales. Por eso le acaricié las piernas. Eso me excitó, me subí en ella y eyaculé en su vientre, muerto… para que, de esa forma, lo mejor de mí se fuera con ella". En 1950, Molinier organizó un simulacro de su propio entierro en el jardín del establecimiento religioso donde trabajó como pintor artesano —un oficio que heredó de su padre y que ejerció hasta 1960—. "Aquí yace Pierre Molinier, nacido el 13 de abril de 1900, fallecido alrededor de 1950… fue un hombre sin moral y se aprovechó de eso para hacer gloria y honor. Inútil orar por él", escribió como epitafio sobre su ataúd falso. Más tarde, con la finalidad de demostrar su ruptura con la "vida convencional", recreó su suicido en varias fotografías.

Aunque sus experiencias con la muerte son impactantes, ilustran en parte su visión del mundo pero al final tienen poco peso en comparación con el resto de su obra y de su vida. Molinier era admirador del movimiento surrealista y de André Breton —quien lo nombró "maestro del vértigo" y expuso en su galería parisina en 1956—. Nunca dejó de plasmar sus fantasmas sexuales, su travestismo y su fascinación por el cuerpo en pinturas, dibujos, fotografías, autorretratos y otros fotomontajes.

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En la década de 1940, empezó a producir cuadros más ambiguos después de mucho años de pintar retratos y naturalezas muertas cercanas al impresionismo por el color y la luz. En la misma época, tras divorciarse de su esposa en 1949 —con la que tuvo dos hijos y se enamoró de una—, tuvo relaciones "amorosas, por no decir escandalosas" con maniquíes. "En primera, él no fabricaba esos maniquíes, solo los preparaba para que pudieran interpretar un papel en el teatro de sus fantasmas", escribió Gilles Berquet en la revista Maniac. También inició en el travestismo a varios de sus modelos y conquistas —tanto hombres como mujeres jóvenes—. Entre ellos estaba Emmanuelle Arsan, autora de la novela erótica Emmanuelle. Como en su infancia se sentía atraído por las mujeres y sus piernas, en la década de 1950 decidió que quería convertirse en mujer. En esa época empezó a fotografiarse en poses lascivas y provocativas, vestido como mujer, en tacones de aguja, con corsé, medias de seda y máscara.

Espolón de amor, 1960.

Al ver la censura en su cuadro Le Grand combat que representa a "gente haciendo el amor" durante una exposición en 1951, el "chaman", como se hacía llamar, respondió: "¡Entonces vayan a engendrar en la noche con un coito lleno de vergüenza, la única forma en que está permitido usar las b… según la moral pública! ¿Qué me reprochan en mi obra? ¿Qué soy yo mismo? ¡Vayan, conformistas! ¡Esclavos!". El periodista Jean Pierre Bouyxou explicó que Molinier estaba tan apegado a su obra que se rehusó a entregar uno de sus cuadros a un pintor famoso porque, según él, era un "pendejo". "Sería muy desagradable saber que una de mis obras está en manos de un pendejo, por eso no puedo venderle ninguna", le escribió al escritor.

Pese a ser muy cercano a Breton —y todavía más al pintor anticlerical y antimilitarista Clovis Trouille—, Molinier siempre rechazó a los surrealistas porque eran demasiado puritanos para su gusto. Su trabajo y su estilo de vida eran la prueba: estaba tan feliz de haber nacido un viernes santo, que también fue viernes 14 que no le importaban ni las convenciones sociales ni la decencia.Al embarrar sus pinturas de semen, masturbarse delante de los que le visitan e inventar un "instrumento" que le permitía chupar su propio pene como un contorsionista, lo único que hacía era proclamar su derecho a disfrutar libremente. "Yo me cojo a mí mismo, ya lo saben. Fabriqué un instrumento para chupármela yo mismo. ¡Es el único en el mundo!", explicó. Tardé dos años en inventarlo. Igual que los yoguis, por 18 días no comí otra cosa más que mi propio esperma". Su ruptura con los surrealistas fue todavía más evidente en la década de 1960, cuando decidió enviar una foto de él haciéndose una felación como postal a sus amigos y conocidos. Breton se rehusó a exhibir su lienzo Oh!… Marie, mère de Dieu en la Exposición Internacional de surrealismo porque era demasiado pornográfica —donde vemos a dos mujeres practicando una felación y sodomizando a Cristo muerto en la cruz—. "Se la voy a enviar al Papa", dijo Molinier en respuesta a dicha censura. "Para que acompañe a Miguel Angel en el infierno del Vaticano".

Por las nubes, lámina 26 de Chaman, 1968.

Aunque comenzó a exponer en 1927, sus obras recorrieron galerías de todo el mundo después de su muerte —como el Centro Pompidou, la IVAM de Valencia, el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York y el Museo de bellas artes en Burdeos—. En 2003, dos años antes de la exposición póstuma en su ciudad natal, hubo otra exposición que provocó un escándalo y fue clausurada por ordenes del alcalde Alain Juppé, quien expresó "la dificultad de confiar la administración del la exposición a una figura reconocida en la comunidad universitaria pero ajena al universo y la organización de los museos". Más recientemente, la galería Richard Saltoun de Londres le dedicó una retrospectiva y la casa Artcurial revendió la colección de su musa Emmanuelle Arsan.

Hoy, 40 años después de su muerte, la obra de Pierre Molinier resulta necesaria y sana que nunca.Si bien el trabajo de artistas como Andres Serrano y Bruce Labruce o de los caricaturistas de Charlie Hebdo es suficiente que algunos se ofendan, lo único que nos queda es esperar que los Molinier reciban el reconocimiento que merecen para cumplir la valiosa misión encomendada al hombre: "transformar al mundo en un burdel inmenso". Y de paso, "joder a todos los pendejos" de los que habla.

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La modelo (Jean), 1970.

Autorretrato, 1960.

Retrato de Luciano Castelli, 1974.

Espolón de amor, 1960.

Estudio para El placer de Mandrake , 1967.

Mis piernas, 1968.