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Alcohol, drogas y petardos

Valencia es así durante todo el año, pero especialmente durante las Fallas.
20.3.13

Música, drogas, grandes aglomeraciones y alcohol, así es Valencia todo el año. Pero si le añades el ruido continuo de petardos, te sitúas en Valencia durante las Fallas. Aquí es costumbre que hasta los niños de dos años tiren bombetes (los petardos más pequeños), y para el resto del mundo, lo raro sería no ponerte hasta el culo, dormir lo mínimo y tirarse pequeñas cargas explosivas unos a otros.

Este año, sin embargo, la ley se ha endurecido: ahora ningún niño menor de ocho años va a poder tirar un petardo. No está claro si esta ley se debe a los casos de menores de edad heridos en ediciones anteriores o a que la Generalitat quiere reducir gastos sanitarios (y recaudar pasta a través de las multas de 300 euros). Oficialmente sólo estará permitido que los chavales exploten petardos en las llamadas "zonas de fuego", lugares que reservan las Fallas para tirar petardos y a las que únicamente tienen acceso los miembros de una agrupación. Pero, como han demostrado sus propios políticos, en Valencia las leyes están para pasárselas por el forro.

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"Hay un montón de padres que están flipando porque sus hijos de cinco años no pueden tirar petardos", cuenta Ana Rodríguez, valenciana fallera de 25 años. Pero mientras vamos andando, está claro que nadie se molesta en aplicar la ley. "Chaval, no tires sólo bombetes, coge esto que salta más", le dice un padre a su hijo de tres años en una plaza del centro. "Estoy experimentando", dice otro niño a su madre. "Quiero hacer una mascletà, a ver si quemo las flores", añade, mientras coloca los petardos en un macetero de la calle.

"Las Fallas son cinco días muy intensos, de salir mucho y dormir poco, unas dos o tres horas al día", dice Sandro Huerta, estudiante de Ingeniería Industrial. Y también petardos continuos.  “Yo me he quemado muchas veces, pero nunca nada grave".

Las guerras de borrachos (petardos que saltan y nunca se sabe dónde van a explotar)  también son típicas, pero previas a las Fallas. "Se hacen sus propias armaduras domésticas y rústicas con cartones o lo que sea", cuenta Sandro. "Se meten en jaulas cerradas por arriba y por abajo para que no se salgan los petardos, y a lanzarse borrachos". "Eso es una locura", dice Sandro, "quien entra ahí sale con quemaduras y moratones". Según cuenta, sirve para ir preparando el cuerpo y la mente para los días que vienen.

Pero esta fiesta valenciana te deja más recuerdos. También te puede dejar sin un dedo o dos, o sin una mano. Depende. "Un masclet te puede hacer saltar una mano", asegura Sandro.

Enrique se quedó sin el dedo gordo de un pie al darle una patada a un petardo para que no se quemara un niño. El dedo voló por los aires por la explosión del pequeño artefacto una mañana, en una despertà. Carbonell es otro valenciano que se ha llevado un recuerdo de las Fallas. A él le explotaron los petardos que llevaba en el bolsillo del chandal por una chispa que le alcanzó. Todo el pantalón se fundió con su piel y tuvieron que ponerle injertos para sanar sus quemaduras de tercer grado.

Algunos recuerdos de las Fallas se quedan grabados para siempre. Otros se olvidan en la fiesta.