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¡Detlev vive!

Thomas Haustein es nuestro chapero alemán adolescente yonqui favorito.
01 Diciembre 2010, 12:00am

Thomas Haustein, ahora...

Hace treinta años, Thomas Haustein tuvo un papel protagonista en una película. Después no volvió a aparecer en la gran pantalla. Se le habría olvidado hace mucho tiempo si no fuese porque su papel fue el de Detlev en la maravillosamente truculenta

Yo, Cristina F.

(Uli Edel, 1981), un film basado en hechos reales sobre Christiane, una adorable prostituta adolescente heroinómana que pasa el tiempo en una estación de tren con otras prostitutas adolescentes heroinómanas, se mete un montón de heroína, va a un concierto de David Bowie puesta de heroína y en un momento dado vomita vino tinto por las paredes de su habitación mientras intenta inyectarse más heroína. Pese a tratarse de un film de culto y ser muchos sus admiradores, Thomas, cuyo rol era el del quinceañero novio chapero de Christiane, prácticamente desapareció de la faz de la Tierra. A Natja Brunckhorst, la actriz que interpretó a Christiane, le preguntaron por él en las entrevistas durante años, pero tampoco ella supo nunca dónde había ido a parar Thomas.

Con la llegada de internet, los seguidores de la película dispusieron por fin de un foro público donde hacerse a nivel global la pregunta que llevaba años revoloteando: “Eh, ¿qué fue de Thomas Haustein, el que hacía de Detlev en la película de Christiane F.?”. La pregunta surgía una y otra vez. Yo mismo me hice eco del misterio escribiendo sobre él en la web Beware of the Blog de la cadena de radio WFMU allá por el 2007. ¿Se habría transformado en su personaje? ¿Acaso había sido devorado por el universo de drogas y prostitución de Berlín después de la película? ¿Tal vez Thomas era realmente un niño de la Bahnhof Zoo (la estación de tren de Berlín famosa por su población de prostitutas y yonquis) simplemente interpretándose a sí mismo? ¿Seguía vivo?

El mes pasado casi me explota el tarro cuando abrí un mensaje en Facebook de alguien llamado Thomas Haustein. “¡Saludos desde Berlín!”, decía. “Me gustó lo que escribiste sobre mí”. ¡La leche! ¿Iba el mensaje en serio? Resultó que durante todos estos años Thomas había estado llevando una vida apacible en Berlín con su mujer y su hijo y trabajaba de asistente social ayudando a adolescentes drogadictos. Ver para creer.

Vice: Volvamos a 1981. ¿Cómo conseguiste el papel de Detlev en Christiane F.?

Thomas Haustein:

Estaba en la discoteca Sound, y la hermana del productor Bernd Eichinger andaba por ahí, buscando rostros interesantes para la película. Me dio su número de teléfono y me dijo que debería llamarla. No estaba seguro de si debía hacerlo, o de qué iba la historia, si era cierto o qué, pero al final la llamé.

Escogieron a Natja Brunckhorst entre 2.000 chicas de toda Alemania para el papel de Christiane. ¿Pasó lo mismo contigo?

Eso creo. En las oficinas tenían montones de fotos pegadas a la pared de chicos que optaban al papel. Cada vez que volvía había menos fotos. Entonces hubo algo como lo que ahora ves a menudo en televisión: ronda tras ronda, como un concurso. Seguí volviendo a las oficinas, haciendo cosas frente a ellos, hablando a la cámara. Al final sólo quedaban mi foto y la de otro chico en la pared. Fue entonces cuando supe que había conseguido el papel.

¿Cuántos años tenías?

Tenía 14. Mi cumpleaños es en junio, de modo que cumplí los 15 mientras rodábamos la película. Fue un verano estupendo.

La película estaba basada en la autobiografía de Christiane Felscherinow, Wir Kinder vom Bahnhof Zoo [Nosotros, los niños de la estación de Zoo] ¿Habías leído el libro antes de la audición?

Sí, claro. Todos los de mi edad lo habíamos leído.

¿Habías tenido contacto con la heroína en aquella época?

Fui a muchas fiestas en Berlín y estuve en contacto con muchas drogas. Probé unas cuantas, pero siempre dije que no a la heroína. Vi cómo afectaba a las vidas de los jóvenes a mi alrededor cuando empezaron a consumirla, porque al principio todo era muy bonito pero después acababan enganchándose.

¿Estuviste con yonquis para documentarte?

Algo así. Antes de la película yo era un chico normal de Berlín que iba al colegio y atravesaba la pubertad. Entonces mi vida cambió. No fui a la escuela durante los seis meses que duró el rodaje. Me sumergí en un ambiente totalmente diferente. Para un chaval de 14 años aquello era muy extraño, pero divertido. Di un salto muy grande en mi desarrollo personal. Absorbí muchas cosas de la cultura, de la subcultura, el cine, la música punk, los yonquis, muchas escenas distintas.

Me encanta tu actuación cuando sales del lavabo del Sound y te topas con Christiane como un zombie. Imitas bien a un yonqui.

¡Eso es porque me rodeaban por todas partes!

¿Conociste a la auténtica Christiane F.?

Se pasó un día por el plató con sus amigos. Su aspecto era punk y ella era muy simpática. Me cayó bien pero justo cuando la acababa de conocer me llamaron al plató. Tuve poco tiempo para hablar con ella.

¿Y conociste al auténtico Detlev R.?

No, nunca llegué a verle. No supe de él hasta unos cuantos años más tarde. Trabajaba para una comunidad social conduciendo un autobús de minusválidos, le iba bien y vivía con su mujer y su familia en Berlín. De quien sí me hice amigo íntimo fue de la amiga de Christiane Felscherinow, Stella, que sale en el libro. Salimos juntos un tiempo mientras se rodaba la película.

¡Guau! ¿Saliste con la auténtica Stella?

Sí. También aparece en la película, en un papel muy breve. Es la chica que me vende heroína en el Sound, casi al principio. Lleva una gabardina larga. Me gustaba mucho. Me enseñó cómo actuar en esa escena para que resultara más realista.

¿Tuviste ocasión de alternar con David Bowie?

Vino al Sound en una ocasión, pero mis amigos me contaron una trola. ¡Me dijeron que era su doble! Así que cuando me presentaron al “doble” de David Bowie, me mostré muy frío. Después se fue y mis amigos me dijeron la verdad. Me sentí como, “¡He perdido mi oportunidad de conocer a Bowie!”. Una cosa que no se sabe es que las escenas de concierto se rodaron en una actuación de AC/DC, no en una de David Bowie. Las secuencias con Bowie las rodaron Natja y un pequeño equipo más tarde, en Estados Unidos.

Mientras rodabas en la Bahnhof Zoo, ¿aún había yonquis y prostitutas adolescentes por todas partes?

Oh, sí, por supuesto. Eso no era mentira. En la película salen muchas personas en segundo plano que realmente andaban por ahí, tomando drogas y todo lo demás. Puedes verles en varias secuencias todos juntos porque Uli así lo quería, como cuando Natja va caminando por un pasillo, buscándome. En otros casos solamente estaban por ahí mientras rodábamos.

Decías que ya antes de la película ibas mucho por el Sound. Es interesante lo fiel que es la película a las localizaciones verdaderas: las casas de protección oficial de Gropiusstadt, la discoteca Sound, la estación Bahnhof Zoo, los lavabos públicos de Bülow Strasse... Todos eran sitios reales.

Sí. Muchos ya no existen. Otros aún están allí.

¿Cómo es la Bahnhof Zoo ahora?

Ahora hay muchas tiendas de lujo. Intentaron aumentar la calidad del lugar y desprenderse del hedor. Hay mucha seguridad y mucha policía. Aún así, sé por mi trabajo de asistente social que en la parte de atrás de Bahnhof Zoo hubo prostitución masculina durante mucho tiempo. Todavía hay, y también vagabundos. Es un punto de encuentro porque las oficinas de bienestar social están por ahí cerca. También es anónimo, porque es muy grande. Si la policía va detrás tuyo, puedes quedarte ahí y nadie podrá localizarte. Puedes perderte rápidamente.

...y entonces.

Me encanta la ropa que llevas en la película. Encuentro fascinante cómo lograron que te parecieras al auténtico Detlev R. basándose en las imágenes del libro: los tejanos ceñidos y las botas con alzas, las prendas vaqueras, la camiseta con el tigre que dice “Wild Thing” y el mugriento corbatín de color negro.

Sí, también a mí me gustaba la ropa. Algunas prendas eran mías, así que no me resultaba extraño llevarlas.

¿La chaqueta de “California Gold” era tuya?

¡Sí! [risas]

¿En las escenas con agujas hubo pinchazos de verdad?

No, era un truco. La aguja era retráctil, se metía dentro de la jeringa cuando presionabas contra tu vena, y la sangre era falsa. Como el clásico truco del cuchillo con la hoja que se retrae.

¿Y qué me dices de la secuencia del síndrome de abstinencia en tu piso, con ese vómito interminable? Me encanta esa momento.

¡Ah, sí! También tenía truco, claro. Natja tenía un pequeño aspersor oculto en la palma de la mano, conectado a un tubo de plástico que iba a lo largo de su brazo. Fuera de cámara un operador se encargaba de hacer salir el líquido a presión. Natja se puso la mano en la boca como si estuviera a punto de vomitar, el operador apretó el pulsador y el líquido empezó a salir a chorro. Y salió, salió, ¡y siguió saliendo!

Tu última escena, cuando te acuestas con tu cliente masculino, es muy gráfica para un chaval de 14 años en 1981. ¿Estabas nervioso?

Yo nunca había tenido contacto con el mundo gay, y por supuesto estaba muy nervioso teniendo que representar algo así ante una cámara. Me pasó lo mismo en mi primera escena de sexo con Natja. ¡Yo aún era virgen! Antes de la escena con el cliente, Uli me llevó aparte, lejos de la vista del resto del equipo, solos él y yo, y se puso detrás de mí para mostrarme cómo iba a ser [risas].

Muy caliente. ¿Recuerdas alguna escena que no saliera en la película?

Sí. Había una escena en una casa antigua en ruinas cerca del Muro. Había un hombre muy grande allí, el dueño de la casa o algo así, con una cara muy rara y una gran barriga, y era muy agresivo. Allí estaba yo, con Natja. Íbamos a meternos nuestra dosis, discutíamos, y entonces ese tipo apareció por sorpresa blandiendo un palo enorme. Intentó pegar a Natja y salimos corriendo. Hicimos muchas escenas de acción dentro de esa casa, me gustó aquello. También se rodaron más escenas con la madre de Christiane, algo con relación a su piso. Y alguna otra más, pero no consigo recordarlas.

¿Volviste a ver a Natja Brunckhorst después de la película?

No. De vez en cuando la veo en la tele. Pero mi relación con ella se acabó tras la película. No sé por qué. Me gustaba mucho.

La película tiene muchos fans. Los protagonistas deberían reunirse.

¡Sí! Sería bonito ver a todos de nuevo, aunque fuera por una noche.

¿Te sorprende que la película sea tan famosa 30 años después?

Sí, sobre todo en los últimos años. Hay como un pequeño revival de la película. Estuve en la Bahnhof Zoo hoy haciéndome las fotos para esta entrevista y por ahí había un grupo de escolares que sin duda había visto la película o leído el libro. Estaban husmeando por la parte de atrás de la estación, mirando por todas partes. Me sorprende que aún conserve su popularidad entre los más jóvenes porque hoy en día, con los efectos especiales de películas como

Réquiem por un sueño

, puedes ver que hay muchas posibilidades de contar una historia como esta.

¿Volverías a actuar? ¿O estás satisfecho de que Yo, Cristina F. haya sido tu única película?

No volví a probar suerte en el mundo del cine y me he preguntado muchas veces por qué. Quizá porque cuando veo esa película soy muy crítico conmigo mismo. No volver a actuar fue una mala decisión. Disfruté mucho trabajando en

Yo, Cristina F.

Tengo recuerdos intensos y maravillosos.

¿A qué te dedicas ahora?

Trabajo social. Asesoramiento en tema de drogas y terapia social psicoanalítica para las adicciones. Empecé de joven haciendo intercambio de agujas, y con los años he ido haciendo otras cosas siempre en este campo, y siempre en contacto con adictos a las drogas. Ahora hago terapia de forma itinerante, por las calles. Como asesor, sigo en contacto con algunos de los adolescentes con los que he trabajado desde los 14 años.

¡Guau! ¿Alguna vez les has dicho que fuiste Detlev en Yo, Cristina F.?

No. Al menos no al principio. Puede que lo haga más adelante, si con el tiempo me gano su confianza. La gente a la que sí se lo he dicho se sorprende, me hacen muchas preguntas. Pero yo no soy Detlev. Lo primero es mantener con ellos un contacto real, esa es la prioridad.

¿Tu hijo ha visto la película?

Ahora tiene 14 años. Se la puse una vez pero no le hizo mucho caso. Algunas escenas son muy fuertes para él. Pasa mucho tiempo en internet, como la mayoría de los de su edad, así que sabe cosas de la película y se las cuenta con orgullo a sus amigos.

Los distintos estados de ánimo de Detlev.