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Castrolandia

La belleza y desesperación de la Cuba de hoy.
1.12.10

Encontramos este flamenco de plástico con el cuello roto en el jardín de un antiguo hostal al lado de la playa, en la localidad de Cienfuegos. Como metáfora del país, funciona, creemos nosotros.

Ninguno de nosotros, dos daneses paliduchos, albergaba expectativa de tipo alguno cuando decidimos ir de vacaciones a Cuba el pasado abril. Por supuesto, los dos teníamos en mente los clichés habituales del país: arquitectura colonial, hombres mayores fumando puros, coches americanos de los 50 y bailes de salsa. Pero nos preguntamos cómo sería en realidad Cuba, especialmente ahora que los arquitectos de la revolución son unos viejos achacosos que han perdido la capacidad para gobernar eficazmente lo que la hermana de Fidel Castro llamó un día “una enorme prisión rodeada de agua.”

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Han pasado más de 50 años desde que Castro y sus camaradas entraron en La Habana y derrocaron al dictador Fulgencio Batista. La pequeña nación isleña ha tenido que aguantar desde entonces un embargo comercial impuesto por Estados Unidos que priva a los ciudadanos de Cuba de muchas de las cosas que el resto de nosotros damos por sentadas. Durante nuestro viaje no supuso una sorpresa comprobar que Cuba conserva gran parte del aura de la ya anacrónica guerra fría. Cuba está anticuada. Está desafinada y fuera de ritmo respecto al resto del mundo. Para bien y para mal. Lo que allí vimos fue una forma única de deterioro social tan desconcertante y bella como triste. Es un país de estética kitsch que carece hasta de la más ubicua tecnología moderna; en los últimos tiempos, también es un lugar perjudicado por turbias formas de turismo. En muchos aspectos es como un destartalado parque temático terriblemente necesitado de nuevas atracciones. Como resultado de sus peculiares condiciones, Cuba ha producido montones de cosas hermosas dignas de ser fotografiadas, y eso fue lo que hicimos.

También los cubanos juegan a los bolos, sólo que descalzos y con un esquema de colores distinto al que encontrarías en una típica bolera al estilo yanqui.

Vimos de lejos a este agricultor observando una quema controlada en un maizal. La quema se le fue de las manos. Los granos secos empezaron a estallar y provocaron una enorme humareda. El hombre se puso de todo menos contento.

Los cubanos han estado política, social y económicamente aislados del resto del mundo durante décadas. Como resultado, su acceso a los medios de comunicación ha sido siempre extremadamente limitado, y a las pocas cosas a las que sí han podido acceder están sometidas a fuerte censura. No fue hasta hace sólo dos años que el gobierno instaló una infraestructura para acceder a Internet y dio permiso a los ciudadanos para conectarse.

Algunos cubanos parecen sentir nostalgia de la época en que gángsters y estrellas de cine americanas deambulaban por las calles de La Habana. Aldo, el barman de nuestro hotel, tenía aspecto de personaje de El Padrino: Parte II.

Este es César, un italiano jubilado. Viaja a La Habana varias veces al año para conocer mujeres. Las hace “sus novias” y ellas se van con él a la “casa particular” (una especie de hostal cubano) en la que se esté alojando. La industria del sexo en Cuba está creciendo porque para las mujeres jóvenes hay menos trabajo que nunca.

El zoo nacional de Cuba está a unos 17 km. de La Habana. No hay señales de tráfico y nosotros no teníamos un mapa decente, pero tras una hora de búsqueda lo encontramos al final de un camino de polvo sin señalizar. Era un sitio ruinoso y desolador. Puede que este payaso intentara aportar un poco de alegría al triste panorama, pero la verdad es que no lo logró.

Un turista eslovaco en Hemingway Marina, a las afueras de La Habana. No parecía fuera de lugar. Lo que desentonaba era la chica de 18 años (que no sale en foto), con la que estaba.

Este es Jaime, chileno. Inexplicablemente nos preguntó si estábamos haciendo un proyecto sobre los nazis. Como probablemente habréis adivinado, es muy fan del Che Guevara.

Vladimir es la estrella del ballet acuático que actúa en el Acuario Nacional, en La Habana. Un tipo elegante y masculino a la vez, algo difícil de lograr llevando taparrabos.

En Cienfuegos, a unos 245 km. de la capital, conocimos a esta mujer, secretaria de una organización de arquitectos e ingenieros administrada por el Estado. Su oficina es pequeña y sin pretensiones. A pesar de la modestia del despacho, se mostró orgullosa de la organización y contenta de que la fotografiáramos trabajando. Y sí, su bigote es auténtico. Impresionante.

El escaparate de una tienda en La Habana. Encontrar pasta de dientes y jabón puede ser difícil, pero si buscas algo más esotérico, por ejemplo un oso/bicicleta, lo tienen.

Encontramos a este solitario turista americano descansando al atardecer junto a la piscina del legendario hotel Habana Riviera, que abrió sus puertas a finales de 1957. Poco ha cambiado desde entonces, excepto que cada año lo visita menos gente.

Este es Yimi Konclaze, un rapero y DJ cubano bastante notable que acaba de terminar su segundo álbum. Un amigo nuestro le conoce y nos pidió que le lleváramos un teléfono móvil, algo muy difícil de conseguir en Cuba. Le visitamos en su pequeño apartamento/estudio, donde vive con su madre, su hermana y su hija de 8 años.

Este es Reynaldo, un respetado empresario que ha hecho del ecoturismo un provechoso negocio en Cuba. Su pasión son los cocodrilos. Posee varios especímenes disecados y tiene uno vivo en su patio trasero.

Viernes noche en el Habana Riviera. La pista de baile estaba completamente vacía.

En la ciudad rural de Trinidad este hombre cobra a los turistas 50 céntimos por fotografiarle. El resto del tiempo se queda sentado en su mula, fumando sin parar. Nos contó que a veces se mueve por la ciudad, pero la mayoría de días puedes encontrarle aquí. El trabajo no está dando últimamente muchos beneficios.

La publicidad es algo raro en Cuba. Pocas firmas occidentales consideran lucrativo anunciarse debido a los limitados recursos de los que dispone el público, y las autoridades cubanas creen que en un país que pretende una distribución justa de los bienes, la propaganda comercial no tiene razón de ser. Sea como sea, los cubanos que salen en este anuncio de Nestlé parecen disfrutar mucho de su helado. Sobre todo ese tipo que se parece a Tracy Morgan.