
Por supuesto, la adicción no destruye sólo las vidas de estas mujeres. El aumento en los índices de adicción tendrá un fuerte impacto en la siguiente generación, la cual está siendo criada por madres adictas. Un estudio de 2010, dirigido por el Departamento de Estado de Estados Unidos, encontró que en 31 de cada 42 hogares donde vivían adictos adultos había indicios de que los niños estaban siendo expuestos a las drogas. Hay vídeos del remoto corredor de Wakhán que muestran familias amontonadas en chozas, pasándose la pipa del sueño. Cuando sus hijos lloran por el hambre o el frío, las madres les echan el humo en la cara o les frotan polvo de opio en los labios para tranquilizarlos; estas prácticas, antes reservadas a grupos étnicos como los wakhi, son ahora un fenómeno generalizado por la falta de médicos en la región, consecuencia de las guerras recientes. Además, alimentarse del seno de una yonqui puede ser letal; básicamente, la imagen más desesperanzadora que uno se pueda imaginar.
