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Por varias razones. Una, es que tiene una multitud internacional enorme. Me dio una amplia gama de sujetos con los cuales trabajar. También me gusta la mística del lugar, pero sabía que en este proyecto no quería mostrar la iconografía de Coney Island. No quería que se tratara tanto del lugar, sino más bien de la gente y del clima emocional. Había pasado por situaciones personales importantes antes de comenzar a tomar las fotos, y quería concentrarme en un proyecto. Acabo de cumplir 35 años, así que estoy definiendo mi vida en términos diferentes. Durante todo el proyecto estuve pensando en metáforas de los ritos de paso y trabajando en eso.
Algunos son literales y algunos no son tan literales. Se podría decir que los más literales son las imágenes de las parejas: la idea del amor juvenil y la forma en que cambia; cómo tu concepto de lo que es el amor puede transformarse con el tiempo. Los retratos menos literales serían esos donde se ve el agua: fotografiar a la gente en el agua es una metáfora en muchos textos espirituales. Al salir del agua, estás cambiando tu conciencia. Muchas religiones tienen historias sobre salir del agua. Las fotos de los niños en los hoyos tienen que ver con los diferentes escenarios de iniciación a la edad adulta por los que uno pasa. Otras fotos trabajan con cuerpos más viscerales: intentan ilustrar emociones que realmente no puedo poner en palabras, imágenes que evocan una sensación con la que la gente se puede relacionar y que está más allá del lenguaje. Para mí esa es una foto exitosa.
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Cuando caminé por la playa, hice el mismo recorrido una y otra vez, empezando por la parte más lejana del malecón, en Brighton Beach. Quería pensar lo menos que fuera posible, así que medité antes de ir a la playa. Luego busqué a las personas con las que sentía que tenía una conexión o chispa. De algunas me atrajo lo que llevaban puesto, un color o estilo al que reaccioné; de otras, un atributo físico como sus manos o su cuerpo. Hablé [con la gente] acerca de lo que estaba haciendo y le ofrecí compartir las fotos para que también obtuviera algún beneficio. Realmente es una colaboración con la otra persona. Era importante que ellos quisieran que los retratara o que se sintieran cómodos con eso, porque yo exhibo todas esas imágenes. A veces es muy práctico porque hay cierta confianza de por medio.
Supongo que eres capaz de crear algo que ofrece una experiencia compartida. Es menos planeado y más espontáneo, lo que permite una mayor soltura. Mi otro trabajo es más de usar trípode y modelos estáticos. En este proyecto tenía ganas de trabajar de una manera más flexible y de volver a lo básico: sin trípode, con un lente, una cámara, luz natural. Quería trabajar solamente con lo que tenía y hacer que saliera algo bueno de la situación. En ese sentido es similar al trabajo editorial: a veces vas y en realidad no te encuentras con la mejor situación.
Podría, pero me siento muy atraído por Coney Island. Me gusta mucho la energía del lugar y tiene una historia muy interesante. Podría tomar estas fotos en cualquier lugar, pero mi elección tuvo que ver con el tiempo y el espacio, con las estaciones del año, con lo que estaba enfrentando en mi vida personal. Siempre quise hacer algo relacionado con Nueva York. Me dabe envidia de los amigos que habían logrado hacer proyectos sobre la ciudad. Pero al mismo tiempo siempre me decía a mí mismo que ya se había hecho todo y que tendría que ir a algún otro lugar. Pero eso no es verdad: puedes concebir un proyecto en cualquier parte. Sólo escogí ese espacio particular para contar mi propia historia, para contar las historias de estas personas y para relacionarme con la gente en un nivel más profundo.