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Desfile fascista en Madrid: así fue la manifestación del Hogar Social Madrid

Los fascistas futuristas de la capital contaron con el apoyo de otros grupos y consiguieron tomar el centro de la ciudad durante un par de horas.

por Vice Staff. Fotos de Davit Ruiz
22 Mayo 2016, 10:37am

La cita era a las seis de la tarde en Plaza de España, en el centro de Madrid. Llegamos por ahí 45 minutos antes y poca cosa, la verdad. La convocatoria del Hogar Social Madrid para marchar por el centro de la ciudad no parecía un éxito. Pero, ¿quiénes eran los convocantes? Para no iniciados en el tema, hace más de un año, pasamos una tarde con ellos y no querían hablar de Franco, ni que les llamaran nazis, ni neonazis. Preferían ser denominados fascistas, bueno, según ellos, "fascistas futuristas". Su marcha de este sábado era para reivindicar España para los españoles y ayudas sociales para los que han nacido en el país.

El día parece el perfecto. Están ya por aquí, tomando cañas, de bastante buen rollo, las aficiones de Barcelona y Sevilla. Mañana es la final de la Copa del Rey. Toca Springsteen en el Bernabéu, unas 80.000 personas por ahí sueltas por el rock no por la política; Manolo García en el Pabellón, de esto no teníamos ni idea; es el Día de los museos y, además, es una tarde de sábado en el centro de Madrid. Es lo de siempre, esto está petado de turistas, consumistas y paseantes.

Volvemos a Plaza de España. Según se acerca la hora, la cosa cambia de color. Como de la nada comienzan a llegar grupos de chicos y chicas (muy jóvenes), que toman como por sorpresa la la plaza, mientras -con muy buena organización- también aparecen banderas de España -sin escudo, sin aguilucho- y del Hogar Social Madrid. "Mantenedlas siempre arriba", se escucha como consigna de uno de los organizadores, con su chaleco amarillo de esos que te pones cuando se te avería el coche. A su lado, dos emos muy jóvenes -Plaza de España es su territorio- comentan: "Yo necesito alegría, y los nazis no son alegría". Suerte.

Los turistas alucinan. Christopher, alemán, se nos acerca a preguntar quiénes son esta gente. Ha visto un tatuaje de las SS en un cuello y se imagina, pero quiere confirmar. Se lo contamos y su respuesta, con cara de no entender nada es: "En mi país también hay manifestaciones de éstas, pero siempre aparece gente de izquierdas y acaban pegándose. No me creo que haya tanta gente y que sea tan joven". Cierto, hay bastante gente (unos 400) y son muy jóvenes. También es cierto que dentro de una hora, en Atocha, va a haber una concentración anti-fascista, que arranca en Atocha y acaba en Sol. Muy cerca del 2 de Mayo, la Plaza que pretende alcanzar el Hogar Social.

Lagarde

Nueva pregunta, esta vez se nos acerca Lagarde, un chico rumano. Le explicamos lo que se cuece, pero él nos gana por la mano. "Mira, vivo en la calle, soy activista, viajo por toda España y voy a sacar esta pancarta porque es una vergüenza que haya nazis manifestándose por el centro de la ciudad. Sé que hay otra manifestación, otros compañeros están allí. Pero si tienes un idea, y es buena, tienes que defenderla. Tengo algo de miedo pero lo voy a hacer". Y lo hace. En cuanto la procesión se dirige a coger la Gran Vía, camino de la Calle San Bernardo y luego hacia Malasaña, saca su pancarta (un cartón) y se enfrenta con la plana mayor de Hogar Social. La Policía le salva de un susto -además de los gritos, se está rifando algo más- y le retiran. Le ha echado huevos, hay que decirlo.

Comienza el desfile. Cánticos que hablan de que la ayuda social no es para extranjeros, de los refugiados, a los que no quieren ver ni en pintura, y que terminan con un "qué viva España" y un himno de la casa al ritmo de temazo de campo de fútbol de Primera División.

Alguna bengala, pero poco más, todo milimétricamente pensado, buena imagen, ni un gesto, ni una bandera anti-constitucional y contados brazos en alto... Solo los mensajes en las camisetas. Con eso ya vale.

La comitiva, cada vez con más gritos, más caliente y con más mala hostia, consigue llegar al 2 de Mayo. Las tiendas y los bares han cerrado. Están hasta los cojones de la gente que ha permitido meter la manifestación hasta el corazón de Malasaña, se han vaciado los parques y las calles que llegan a la plaza están custodiadas por la Policía, por agentes que van bien preparados, estilo Robocop.

El responsable de una tienda de discos nos dice que a las siete ha chapado el negocio, que no quería problemas, pero que a ver quién le devuelve la caja de esta tarde. También dice que la imagen es ridícula y que esta demostración de poder no tiene sentido.

Subimos a casa de David, amigo músico, que nos abre sus puertas para escuchar los mítines que cierran la marcha en la plaza en la que se montó la rehostia contra los franceses en 1802. Parece que los manifestantes han intentado encontrar algún tipo de simbolismo, de metáfora: expulsar al extranjero.

Fin de la fiesta. Algunos gritos de rechazo, de gente del barrio, y respuestas airadas de los manifestantes. Los antidisturbios esperando y la gente de Hogar Social, que poco a poco se marcha. Hasta aquí ha llegado la demostración de fuerza y de músculo. Ruido de helicópteros en el centro de Madrid, éste es el epílogo de la manifestación fascista-futurista. Y lo que pase a partir de ahora por las calles va a ser otra historia.