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Cultură

Qué se siente cuando la persona que amas padece depresión

Vincular tus sentimientos a los de alguien que creía que no sería capaz de volver a amar puede ser una experiencia transformadora.
22.4.16
Todas las ilustraciones por Madison Griffiths

Este artículo se publicó originalmente en VICE Australia.

Antes bromeaba con que solo atraía a hombres con depresión. Era la única experiencia que había tenido, tanto en mis relaciones estables como con los ligues ocasionales. Nunca salí con nadie que no estuviera en tratamiento con antidepresivos o que no visitara al psiquiatra con más o menos regularidad. Me sentía atraída por los hombres introspectivos, taciturnos y sombríos.

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Supongo que el hecho de haber sufrido episodios de ansiedad y depresión me hace ser más empática. También influye mi carácter protector; me encanta cuidar a las personas, me gusta arreglar situaciones y poner a las personas en contacto con los servicios que pueden ayudarles. Estoy estudiando para ser trabajadora social.

Vincular tus sentimientos a los de alguien que creía que no sería capaz de volver a amar puede ser una experiencia transformadora

No quiero comparar mi experiencia como pareja de alguien con depresión con la lucha de una persona que en realidad padece depresión. Pero tras años de amar a quienes probablemente no me puedan amar de la misma forma, he aprendido algunos trucos que podrían ser útiles.

Mi caso solo es uno más entre los de muchas otras personas que han acompañado en silencio a sus seres amados, tratando de que coman por primera vez en dos días, brindándoles su apoyo cuando una espesa niebla nubla su razón, notan los músculos agarrotados y su cama es el único espacio seguro que tienen para esconderse.

Vincular tus sentimientos a los de alguien que creía que no sería capaz de volver a amar puede ser una experiencia transformadora. Te sientes especial porque tu presencia hace que tenga menos días malos y que sus días buenos sean más frecuentes. Cuando te enamoras de alguien que tiene depresión, te juras a ti misma que nunca lo juzgarás por su trastorno, sino por las persona inteligente, dinámica y amable que es. Y generalmente ese pensamiento permanece hasta el final.

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Cuando te enamoras de una persona que padece depresión, de alguna forma, esa enfermedad solitaria y aislante termina por arrastraste. Sus días malos también lo son para ti. En vez de ir al cine o a un restaurante, pasáis el tiempo libre en la cama hasta las dos de la madrugada. Y es porque su energía no les da para más.

Dormir empieza a ser difícil. A veces te pasas la noche mirando al techo, preocupada por la conversación que habéis tenido hace un rato, cuando tu pareja te dijo que no le veía sentido a seguir viviendo. No duermes porque la vida sin la persona que amas parece todavía más horrible que el dolor que ya sientes por ella.

Viéndolo desde la distancia que da el tiempo, es obvio que la forma en que trataba de gestionar la depresión de mi pareja no era ni saludable ni sostenible

Tu ansiedad se vuelve una obsesión: si no piensas lo suficiente en ellos, en su enfermedad y en el cuidado que necesitan, les empezarán a pasar a suceder cosas malas. No puedes pensar en nada más que en cómo ayudarlos.

Cuando te enamoras de una persona con depresión, a veces no siempre durante una o dos semanas tus conversaciones telefónicas pueden girar en torno a pedir una cita con el nuevo psiquiatra, contactar con el coordinador de apoyo de su universidad y asegurarte de que se presente a las tres citas pendientes con el médico. Eres su pilar de apoyo, porque lo amas.

Una vez, durante unas vacaciones en el extranjero, estaba tan consumida por la depresión de mi pareja que me daba miedo salir del hotel en caso de que necesitara contactar conmigo desde Australia. Tuve un ataque de pánico en la Isla de Vancouver porque no supe de él en mucho tiempo y estaba casi segura de que se había autolesionado.

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Viéndolo desde la distancia que da el tiempo, es obvio que la forma en que trataba de gestionar la depresión de mi pareja no era ni saludable ni sostenible.

Al final de estas relaciones, quedaba totalmente exhausta. Nadie te enseña a cuidarte a ti misma. Desde jóvenes, en especial si eres mujer, te enseñan a pensar primero en los demás.

Aunque, la verdad, si no sabes nadar, no puedes ayudar a alguien que se está ahogando.

No puedes ser el apoyo de una persona si tu propia salud mental se ve afectada por su depresión. Para mí, hacer un curso de doce semanas de reducción de estrés mediante meditación me sacó de la depresión. Me ayudó a superar la ansiedad crónica que me generaba el hecho de tratar de ayudar a mis exnovios con depresión.

Me arrepiento de haber empezado estas relaciones sin haber establecido límites o haber tenido mi propia red de seguridad

Me arrepiento de haber empezado estas relaciones sin haber establecido límites o haber tenido mi propia red de seguridad. Pero nunca me arrepentiré de haber tenido una relación con una persona que padece depresión. En especial porque su enfermedad no es lo que me atrae. A pesar de sus síntomas, la depresión en realidad no es una enfermedad solitaria o egoísta. Sí afecta a los seres queridos pero es algo inevitable. Nadie tiene la culpa.

Lo único que puedes hacer es entender que no importa cuánto ames a esa persona y cuántas horas te pases acurrucada con ella, nunca vas a ser capaz de curarla. Los únicos que pueden curarse son ellos mismos.

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