Conspiraciones made in Spain: Santiago Camacho de 'Cuarto Milenio'

Santiago Camacho es uno de los teóricos de la conspiración más reconocidos de nuestro país. A lo largo de su carrera ha participado en proyectos emblemáticos como 'Enigmas' o actualmente 'Cuarto Milenio'.

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15 Junio 2016, 3:00am

Santiago Camacho posa con su libro más exitoso, "20 grandes conspiraciones de la historia", en La Fontana de Oro, un histórico local de Madrid que servía de punto de encuentro para grupos conspiradores

Conspiraciones made in Spain, es una miniserie de artículos en la que entrevistaremos a los teóricos de la conspiración más importantes de España.

El asesinato de John Fitzgerald Kennedy en 1963 fue, por la extraña forma en la que se sucedieron todos los hechos, el punto de partida de la creencia a nivel masivo de que no siempre hay que fiarse de aquellas afirmaciones que provengan de los poderes fácticos.

La conspiración como fenómeno de masas había nacido y ya no había vuelta atrás. A partir de entonces, los grandes eventos que sacudieron a la humanidad tuvieron que verse sometidos al juicio de los escépticos, convencidos de que en muchas ocasiones no todo es lo que parece porque a los verdaderos poderes no les interesa que sepamos quiénes y cómo mueven de verdad los hilos del mundo. Ya dijo Orwell, en 1984, que "la ignorancia es la fuerza".

El atentado del 11S y la generalización del uso de internet fueron los grandes hitos que provocaron la formación de verdaderas comunidades de usuarios que compartían su desconfianza y que, además, tenían la infraestructura necesaria para intercambiar y acumular información alternativa, que hasta entonces prácticamente estaba en manos de círculos muy cerrados de personas con buenos contactos y con ganas de saber más.

Hoy en día podemos decir nos encontramos ante un verdadero género periodístico. La instantaneidad y globalización de la información ha sido el perfecto punto de inflexión para que se hayan creado enormes plataformas en las que apoyarse para dar a conocer su otra verdad. "La verdad", según ellos y según sus seguidores.

El incesante crecimiento de la desconfianza en las instituciones por parte de los ciudadanos —que por otro lado tienen motivos de sobra para desconfiar—, ha terminado de encumbrar a los que no se creen nada que salga de la boca de alguien que pertenezca al establishment.

Siempre hemos tenido la ventaja de que, como somos los loquitos de los ovnis, podemos hablar de lo que nos salga de las narices porque nadie nos va a tener en cuenta

España, país en el que desde hace tiempo se han dado todas estas coyunturas, ya cuenta con sus propios canales y teóricos de la conspiración altamente consolidados. Líderes de lo alternativo, de lo incómodo, y lo más importante: de lo que hace dudar.

Dudar de todo, con la premisa de que eso, dudar, es la forma más sana de entender las cosas.

Seleccionarlos y conseguirlos a todos no ha sido fácil. Finalmente, para este reportaje han accedido a aparecer los líderes de la conspiración en España de cada una de sus plataformas: Santiago Camacho por la televisión, JL Camacho por YouTube, Mitoa Edjang por la radio y Luis Carlos Campos por los blogs. Casi todos ellos, además, también han publicado libros; la crema para los autodenominados "insaciables buscadores de la verdad". Como periodista tengo que confesar que jamás me habían facilitado tantos off the records en tan poco tiempo. A continuación, lo publicable.

El peor enemigo para alguien que se quiera dedicar al tema de las conspiraciones es tener ideología: en algún momento se te va a quebrar

Santiago Camacho es el especialista en conspiraciones del programa 'Cuarto Milenio', el histórico programa de misterio de la televisión en España. Además, ha trabajado en las principales revistas del sector y es autor de varios libros que recogen investigaciones sobre episodios oscuros de la historia de la humanidad.

VICE: ¿Qué fue lo que hizo que te interesaras por el mundo de las conspiraciones?
Santiago Camacho: Todo comenzó cuando era redactor jefe de la revista 'Enigmas'. Yo era muy jovencito y tenía muchas ideas nuevas, tenía mucho empuje, y vi que había un nicho: básicamente, en las revistas de ese sector llevaban la torta de años haciendo lo mismo: el mismo fantasma, el mismo ovni, la misma civilización egipcia...

Yo creía que había un nicho para otro tipo de misterios que no tenían absolutamente nada de sobrenatural, que eran misterios que planteaba el propio ser humano a sí mismo y que podían tener no solamente un interés para el público sino que también tenían un componente vivo: un componente de denuncia y un componente de que era algo que podía afectar directamente a la vida del lector.

Que seas un friki no quiere decir que tengas poco público

En el fondo, el planteamiento tiene mucho que ver con lo que se hace en VICE: intentaba echar un vistazo a una parte de la realidad que en aquel momento, ese sector de la prensa en concreto, ignoraba por completo... en realidad lo ignoraban todos los sectores.

Ahora, gracias a internet parece que no está tan ignorado...
Ahora lo de las teorías de la conspiración puede ser muy conocido. Es un fenómeno cuyo éxito actual viene de internet. Cuando yo empecé con esto no había prácticamente internet y en el mundo de la conspiración todo se movía a base de unos boletines infectos hechos con fotocopiadora que te mandaban por correo, como el que salía en la película Conspiracy Theory de Mel Gibson.

El teórico de la conspiración suele considerar que la paranoia no es más que el estado más alto de la alerta

Era un mundo de iniciados, el que te metías porque conocías a alguien, y te acababas suscribiendo a un boletín que luego pasaron a ser por correo electrónico y después de eso vinieron las grandes webs. Era un territorio virgen y era un momento apasionante.

Además, el tema a nivel personal me interesó mucho. Lo que empezó siendo una buena idea comercial se convirtió en una pasión.

Entonces, ¿funcionó bien a nivel comercial?
Sí. No fue un pelotazo pero sí que en aquella época, en 'Enigmas' de repente el público tenía una revelación por mes. Y muchas veces tenías la satisfacción de convertirte en la antesala de la noticia.

Recuerdo que cuando publiqué mi primer reportaje sobre el entonces siniestro proyecto Echelon, las organizaciones escépticas y las fuentes más oficialistas enseguida dijeron que era ciencia ficción. Al año, el parlamento europeo emitió una directiva a todos sus miembros avisándoles de que sus comunicaciones podrían estar intervenidas por los norteamericanos.

¿Luego eso se valoró?
No, nunca. Y mejor así: trabajando en 'Enigmas', trabajando en 'Milenio 3', ahora en 'Cuarto Milenio' y aun así ya sabes que la televisión es mucho menos espontánea... todos los que nos dedicamos a este gremio hemos tenido siempre la ventaja de que, como somos los loquitos de los ovnis, podemos hablar de lo que nos salga de las narices porque nadie nos va a tener en cuenta.

Lo que sucede a ciertos niveles de poder, el ciudadano de a pie no tiene ni siquiera elementos para imaginarlo

Entonces podías hablar del 23F, del síndrome tóxico... de temas que en la prensa generalista eran tabú. Una teoría que se salga un poco de madre del 23F en 1995 era impensable hablar de ello en otro sitio que no fuera la revista 'Enigmas'.

Entonces, ¿os ha favorecido esa falta de credibilidad?
Sí... a ver, no falta de credibilidad porque al final la credibilidad te la da el público, pero sí nos ha favorecido que nos tomen poco en serio. Cuentas así con una libertad a la hora de plantear temas que en otros sitios son impensables, y es maravilloso... antes lo era más y ahora lo sigue siendo aunque cada vez menos por muchas cosas.

¿De qué sirve esa libertad para contar cosas si esas cosas van a llegar a tan poca gente?
Es que no llega a poca gente. Te toman poco en cuenta porque eres un friki pero que seas un friki no quiere decir que tengas poco público.

Por lo tanto, ¿sois conscientes de que sois un poco frikis?
Somos conscientes de que lo somos a los ojos de según qué gente. Un sector del propio público no cree las cosas que contamos porque no encajan en su orden universal que tienen planteado como realidad; hay sectores enteros, como puede ser el académico, el científico o el político, que todo lo que digamos lo van a coger con mucho escepticismo... pero es que yo no hablo ni escribo para esa gente.

La realidad es un consenso social: hemos elegido creernos determinadas cosas y no creernos otras

Yo hablo para la gente que me quiera escuchar y es un sector del público muy amplio. En 'Milenio 3' he aprendido mucho sobre el público que tenemos: fuera del mundo de la conspiración descubres que las historias raras, de fantasmas, de sucesos más o menos paranormales forman parte de la cotidianidad de una cantidad de gente que alucinas.

Ese programa, al darnos visibilidad, conseguía que por ejemplo, si te sentabas en un taxi y te reconocía el taxista, el taxista te contaba su historia que probablemente no le contaba ni a sus amigos ni a buena parte de su familia.

¿Y te ha pasado eso a nivel conspirativo?
Yo creo que eso le pasa a cualquier periodista. Hay mucha gente que conoce a personas que tienen acceso a determinada información, o que ha tenido puestos en la seguridad del Estado, los servicios de inteligencia, en el cuerpo diplomático... y en confianza te dicen: "oye, esto no lo publiques jamás, pero te voy a contar esto para que lo tengas en cuenta".

La mayor conspiración y la que nadie está dispuesto a admitir es que el mundo está gobernado por la estupidez y la codicia

¿Te dedicas a la conspiración profesionalmente?
No: me dedico a ello en mi profesión, pero yo en 'Cuarto Milenio' soy un redactor. Tiene muy poco glamour lo que hago en mi día a día. La gente se cree que es que uno vive de ser conspiranoico. Y de ser conspiranoico sólo vive que yo sepa una persona de este país que es JL [entrevistado también para este reportaje].

JL es un tío con el que puedo no estar de acuerdo en un altísimo porcentaje de las cosas que dice pero le admiro. Es un currante nato, ha estado ahí pico pala, pim pam... y ha levantado su chiringuito con sus cojones y eso tiene un mérito. Yo no vivo de ser conspiranoico.

"Conspiranoico" suena un poco despectivo...
No es tan despectivo. El primero que lo usó en este país fue Enrique de Vicente, y si empezó a usarlo él lo hizo con cierto orgullo. El teórico de la conspiración o conspiranoico, dicho con todo el cariño del mundo, suele considerar que la paranoia no es más que el estado más alto de la alerta.

Por ejemplo: ahora estamos en plena campaña electoral; ser un poco paranoico con lo que nos dicen los políticos está muy bien. De lo que diga el poder en general, la máxima es "piensa mal y te quedarás corto". ¡Muy corto! De lo que sucede a ciertos niveles de poder, el ciudadano de a pie no tiene ni siquiera elementos para imaginarlo.

¿Por ejemplo?
Pues te pongo un ejemplo: tú piensas en el proyecto MK Ultra y lo piensas con una mentalidad de que esto te lo cuentan en 1970 y claro... se lo cuentas a cualquiera por muy alto conocimiento que tenga y te dice: "estás flipando muchísimo". Y era verdad.

Está documentado, hubo comisión parlamentaria, hubo cortes de cabeza, hubo miles de folios que se quemaron y no se sabe lo que contienen... Estaban lavándole a la gente el cerebro de formas atroces, en la cuna de la democracia y el país de los bravos y los valientes.

Se dice que el programa MK Ultra sigue en activo...
Es que es lógico. Vamos a ver: sabemos qué es el proyecto MK Ultra, sabemos que se experimentó con uranio o con materiales radioactivos con la población de grandes ciudades norteamericanas, sabemos que a grupos de población se los infectó con sífilis simplemente para ver qué pasaba... sabemos a nivel oficial que pasaban todas estas cosas hace 40 años.

El peor enemigo para alguien que se quiera dedicar al tema de las conspiraciones es tener ideología: en algún momento se te va a quebrar

Al teórico de la conspiración, lógicamente, lo que le fascina saber es qué pondrá en los libros de historia dentro de 40 años de los chanchullos que se hacen ahora.

Ahora estamos en una época en la que parece que todo se sabe mucho más rápido precisamente por cierta facilidad para difundir la información...
Efectivamente, cosas como Wikileaks, como Snowden... han facilitado mucho que la población pueda conocer hasta qué punto el discurso oficial tiene poco que ver con el comportamiento real de sus políticos, de sus poderes, de sus militares...

El problema es que, curiosamente, esa información fluye de una forma muy torpe: la cantidad de ruido de fondo que hay ahora mismo en la comunicación es de un calibre brutal, y el receptor medio no tiene forma humana de distinguir qué información es válida y cuál no. La mayor parte de la gente, con muy buena voluntad, suele elegirla a boleo o la que le encaja mejor con sus propios prejuicios. Pero, en el fondo, la capacidad de análisis crítico, de distinguir lo que es una chorrada de lo que tiene visos de realidad, la tiene muy poca gente.

La imagen de los medios de comunicación está por los suelos, y eso se debe a que la gente se ha dado cuenta de que los medios mienten.

¿Eres autor de alguna teoría conspirativa o las transmites sin más?
Yo sencillamente soy un divulgador. Todo lo que yo transmito está referenciado, no me apropio de nada que no sea mío; cito a todo el mundo escrupulosamente.

A mí se me colgó el sambenito de que no me creo que llegáramos a la Luna, y lo único que hice fue escribir un libro en el que en un capítulo expongo las teorías de una serie de personas con las que puedo estar o no de acuerdo.

Entonces, ¿tú te crees las teorías de las que hablas?
Normalmente, por honradez, intento que sí... salvo esta de la Luna que digamos que tengo mi teoría particular. Yo sí creo que llegamos a la Luna, pero puedo creerme que buena parte del material gráfico sea falso porque a lo mejor no interesaba por mil razones que no salieran las fotos originales... puede ser. Pero normalmente no le hago de altavoz a nada que yo crea que no tiene fundamento.

¿Cómo ves el actual panorama de teóricos de la conspiración?
Normalmente, la teoría de la conspiración tenía a tíos como Jim Garrison: analiza el hecho, busca indicios, hace conexiones, tiene una serie de pruebas y de hipótesis fundadas... y en base a eso saca una conclusión.

Ahora mismo, si miras una teoría que saques de internet: es "esto que ha pasado no me lo creo. Nos están mintiendo. Y ahora se me ocurre tal o cual paja mental, te la cuento como si fuera la verdad absoluta y yo fuera Moisés descendiendo de la montaña con las tablas de la ley, y te lo tienes que creer o si no eres un manipulado por el sistema". Ole tus huevos. Pues no, macho.

Y yo, cuando voy a un plató de televisión o cuando me he puesto delante de un micrófono de radio y muchísimo más cuando me he sentado delante del ordenador a escribir un texto, lo que intento es poner prueba, prueba, prueba, prueba... y ni siquiera es mi intención venderle a nadie una verdad.

Es que, en función a eso, saque la conclusión que quiera. Para mí eso es en realidad lo que debería ser el servicio social de la teoría de la conspiración. Que no es lo que se lleva, que no es lo que más dinero da... pues no. La gente se lo cree y me parece muy respetable, pero yo no voy a entrar por ahí.

¿Tienes alguna teoría de la conspiración cuya autoría sea a raíz de una labor de investigación 100% tuya?
Sí, tengo algunas. Y de esas no se ha publicado ninguna... porque son impublicables (risas).

¿Qué es impublicable?
Es todo lo que saben nuestros compañeros de las redacciones de los grandes medios nacionales... todos esos secretos a voces que en las reuniones de periodistas nos decimos, nos dejamos caer... que ninguno de los dos, aunque lo sepamos, lo podemos publicar.

¿Y por qué no lo publicáis ninguno de los dos? Mi papel aquí es tocar un poco los cojones.
Y haces muy bien. Tremendamente bien... Primero de todo porque a ninguno de los dos nuestros jefes nos dejarían... y no hablo de nuestros jefes directos sino del "gran jefe".

Aparte de eso... porque la verdad es muy elástica. Estamos equivocados pensado que la realidad es un "todo" inamovible. La realidad es un consenso social: hemos elegido creernos determinadas cosas y no creernos otras. Y, sobre todo, la sociedad se basa en la confianza. Por eso los conspiranoicos somos tan tocapelotas.

Nosotros confiamos que si metemos nuestro dinero en el banco, el banco lo va a devolver cuando se lo pidamos. Confiamos que el señor que conduce un taxi no es un asesino en serie que nos va a degollar y después dejarnos en un descampado. Confiamos en que el médico nos está inyectando lo que nos dice y no un psicotrópico... Hacemos actos de confianza ciega todos los días.

El conspiranoico es un virus de esa confianza. Decías "por qué no se publican esas cosas"... porque son esencialmente contrarias al discurso vigente y establecido. Te pongo un ejemplo: el 11M. Una serie de periodistas de este país vinculados a medios de derechas fueron los únicos que intentaron establecer una versión alternativa a la versión oficial a esos atentados.

Hay una serie de estudios científicos que te indican que aquello no tuvo nada que ver con el aceite de colza. Los responsables fueron un cultivo de tomates en Roquetas de Mar

Aquello tuvo hasta una respuesta institucional... y brutal, salvaje. A alguno le costó su puesto en su medio. Si fuera una cuestión de reyerta entre medios, pues estamos acostumbrados... pero se empezaron a meter las instituciones. No me meto en ese jardín pero, analizando la información... habría cosas que hubieran debido investigarse más. Y ahí no me meto más porque la herida está aún muy abierta.

¿Y con algún otro tema del que sí se pueda hablar?
[Se crea un silencio un poco tenso] Hay una serie de estudios científicos que te indican que aquello no tuvo nada que ver con el aceite de colza. Los responsables fueron un cultivo de tomates en Roquetas de Mar que estaba contaminado con un pesticida mal utilizado por el agricultor y que provocó aquello.

Pero parece una negligencia dentro de un transcurso normal de las cosas...
Se tapó por los intereses de la productora del insecticida y porque en aquel momento se estaba negociando la entrada en la Unión Europea de España y un embargo sobre los cultivos de hortalizas españolas en aquel momento hubiese sido muy negativo para la negociación.

Es muchísimo mejor decir que unos golfos vendían aceite desnaturalizado de casa en casa y que eso no iba a llegar a ninguna señora de Lyon, Manchester ni de Bonn, que decir que el tomate de cierto sitio que sí va a llegar a esos sitios pues a lo mejor estaba mal.

Te puedo asegurar que médicos, periodistas, militares... todo cristo viviente que se metía en esa historia sufrieron represalias. Por poner un ejemplo, Cambio16 se hizo eco de esta teoría y al número siguiente tuvo que retractarse de un reportaje de portada.

¿Eso a ti te ha sucedido como profesional?
No... a mí algún director o algún redactor jefe me dijo "esto no te lo publico y punto".

¿"Y punto" qué quiere decir?
"Y punto" es... "y no me traigas más mierdas de estas"...

Muchas veces descubres que un ministro, o que un banquero... son personas. Con las mismas debilidades, los mismos prejuicios, las mismas limitaciones

¿"Mierda" en qué sentido?
En el sentido de que de alguna forma comprometía a su medio y no estaba dispuesto a querellarse o a que le dieran un toque de alguna forma... o que directamente no les parecía una historia convincente.

¿En 'Cuarto Milenio' te ha pasado alguna vez?
A mí nunca, y hemos hecho alguna barbaridad que otra de que a toro pasado te digan "os sobrasteis un poquito anoche, ¿no?"... pero nunca ha sonado un teléfono, ni una orden de "a este invitado no lo lleves"... nunca ni en la tele ni en la radio.

Entonces, con respecto a lo que decías del 11M... ¿hay ideología en el mundo de la conspiración?
El peor enemigo para alguien que se quiera dedicar al tema de las conspiraciones es tener ideología. La que sea.

En algún momento se te va a quebrar y te vas a dejar un jirón de inocencia en el camino. El rollo es que no se te quiebre, entonces tienes un sesgo que te hace seleccionar todas las teorías de la conspiración que encajan con tus prejuicios, que serán las buenas. Las que no encajen, serán las malas, serán mentiras.

Hay conspiranoicos de derechas y conspiranoicos de izquierdas.

¿Cuál es, para ti, la mayor conspiración que existe?
La mayor conspiración y la que nadie está dispuesto a admitir es que el mundo está gobernado por la estupidez y la codicia. Es algo que todos sabemos y que todos cerramos los ojos.

Por ser periodista, muchas veces descubres que un ministro, o que un banquero... son personas. Con las mismas debilidades, los mismos prejuicios, las mismas limitaciones... y a veces las mismas mezquindades de cualquier hijo de vecino. Como aquel que te rayó el coche anoche porque le parecía que lo tenías muy nuevo.

Portada de "Hemos Vuelto", de Santiago Camacho

Descubres que el mundo no está tan controlado como parece. Siempre que sucede un gran acontecimiento como un accidente de avión, a lo mejor a las tres horas ya hay una teoría de la conspiración sin ningún dato, y hay gente que se la cree porque nos resistimos a admitir que vivimos en un mundo caótico.

No podemos admitir que dos cafres cojan un arma y se líen a tiros con gente en una playa, por poner un ejemplo, o que se caiga una avión... todo es tan absurdo que intentamos consolarnos pensando que alguien, aunque sea un hijo de la gran puta, sabe lo que está haciendo, que alguien está manejando los hilos. Y así le da sentido a todo.

Admitir que muchas veces nuestra vida está en manos de la estupidez, de la codicia y del azar es mucho más angustioso que imaginar que hay sociedades secretas, políticos con dobles agendas o agentes de espionaje que saben lo que están haciendo aunque a nosotros se nos escapen.

Y como autor de libros, ¿te va bien?
Se han vendido bien algunos, otros se han vendido fatal... generalmente a mejor el libro peor se vende, no me preguntes por qué... Cuando más satisfecho he estado yo de mis libros peor se han vendido. Es una maldición.

¿Podrías decirme nombres concretos?
Sí, mira... A nivel documentación, el libro del que más orgulloso estoy es uno que se titula "Hemos vuelto": un tema del que nunca nadie ha escrito nada y que cuenta la historia del nazismo desde Hitler hasta nuestros días. Vendí cuatro. Está mal decirlo... pero es un trabajo que, a ese nivel, le da dieciocho mil vueltas a cualquier otra cosa que haya escrito.

¿Y el que más se ha vendido?
"20 grandes conspiraciones de la historia", sin duda. Se sigue vendiendo muchísimo.

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