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Noisey

En defensa del Big Beat, el género musical de los 90 que a los snobs les encanta odiar

El Big Beat se recuerda a menudo con un rubor colectivo, pero a nosotros no nos da ninguna vergüenza.

por Jonny Coleman
31 Octubre 2016, 10:42am

Fans en un concierto de Prodigy. Foto vía Flickr de Vladimir Petkov.

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La música americana mainstream de finales de los 90 no nos trajo nada especialmente bueno. Aunque nos encante recordar esos años a través de unas gafas de rave con cristales rosas, fue una época bastante floja. El rock y el grunge se hundieron en picado de forma inevitable cuando farsantes como Bush y Live tomaron el relevo en la escena del alt-rock en 1995. Britney Spears y compañía, Blur vs. Oasis y toda la panda del Britpop estaba despegando. El nu metal se abría camino como banda sonora de la nueva era de la ultraviolencia suburbana. El house minimal y progresivo acechaban a la vuelta de la esquina. Si escuchabas música a medida que se acercaba el nuevo milenio, podías creer que los doomdsayers estaban en lo cierto y que este ciclo de la humanidad había agotado todas sus ideas y estaba condenado a llegar a su fin.

El Big Beat, otro género musical increíblemente popular que ayudó a definir los 90, se recuerda a menudo con un rubor colectivo. Tanto a los críticos como a los líderes de la música electrónica de aquel momento les gustaba tratarlo como un chiste, pensando en su grandiosidad al estilo del arena rock y su gusto por los drops eufóricos como algo estridente, predecible y cursi: "la boy-band del subgénero de la electrónica", como dijo un comentarista del Ars Technica openforum en 2001. Como fenómeno dentro del pop, el big beat solo consiguió ser una gran tajada dentro del pastel de la música americana durante unos años. Sin duda, el género llegó a su máximo apogeo entre 1995 y 1999 —con grupos como los Chemical Brothers y The Prodigy recogiendo premios Grammy y acumulando nominaciones mientras vendían millones de discos por todo el mundo— antes de pasar a su declive final. "[El big beat] empezó como una bocanada de aire fresco, emocionante y liberadora", dijo el fundador del sello Skint, Damian Harris, a The Guardian en 2008 en 2008, "y acabó siendo el borracho escandaloso y porculero que todos esperan que se vaya de la fiesta".

Pero aunque el big beat se recuerde a veces como el momento más bajo en la evolución de la música de baile, o como un movimiento de marketing cínico, el género ocupa un lugar importante en la historia como continuación de la música electrónica mainstream americana. Como poco, el big beat ayudó a abrir las puertas y demostrar que había un interés por la música de baile dentro del contexto comercial de los Estados Unidos. Su éxito dentro del mainstream representó la primera iniciativa de éxito tomada por una gran discográfica para reempaquetar y exportar a Estados Unidos una versión destilada de la música electrónica que había creado, solidificando la idea de los 90 de que los DJ y productores podían venderse muy bien en los Estados Unidos fuera del contexto del trance. Grupos que llenaban estadios como The Chemical Brothers y Fatboy Slim también presentaron la música electrónica como un formato creíble de arena rock para la próxima generación de chavales, que crecerían creando beats en su casa y haciéndolos sonar en los escenarios principales de festivales de todo el mundo.


Vale, pero por favor que alguien me explique qué cojones es el big beat. El sonido del big beat llegó desde Inglaterra de principios a mediados de los 90 dentro del contexto de la escena de rave del Reino Unido, con artistas como los Chemical Brothers y Fatboy Slim haciendo un pupurri con todos los elementos posibles: rock, techno, rap, pop, punk, lo que sea. Como su nombre indica, los beats eran decididamente gruesos, había una verdadera carrera para ver quién conseguía los beats y drops más robustos y bombásticos.

La mayoría de los hits de big beat como "Block Rockin' Beats" de los Chemical Brothersy "Praise You" de Fatboy tenían un tempo medio de entre 90 y 120 BPM, más rápido que la mayoría de temas de hip-hop y trip-hop, pero más lento que los 120 BPM de referencia para el house y el techno. El big beat también debe mucho a grupos como Coldcut y a otros de los primeros genios de los platos de Gran Bretaña, cuya música se centraba en el breakbeat y los samples. La voz no se caracterizaba por su originalidad, pues era un sonido más basado en los samples.

Sellos como Skint Records, Wall of Sound y City of Angels fueron claves para definir la escena, al igual que lo fueron las fiestas Big Beat Boutique de Fatboy Slim, que empezaron en Brighton en 1995 con Damian Harris de Skint. Lo que empezó como un puñado de tipos haciendo algo de ruido pronto se convirtió en un grupo de artistas británicos como Lo Fidelity Allstars, Propellerheads, Death In Vegas, Bentley Rhythm Ace, The Prodigy y Wiseguys, además de los neerlandeses Junkie XL y americanos como The Crystal Method.

El big beat se centraba más bien en una diversión descerebrada, un batiburrillo postmoderno de sonidos agradables carente de un significado profundo. Aunque algunos de los sonidos y estilos se solapaban, el big beat era como la antítesis más pop del intelectualismo de la música electrónica inteligente más bien acogida por la crítica, y una respuesta a la prepotencia de los DJ puristas que dominaban la escena de baile de Inglaterra a mediados de los 90. No intentar hacer mucho más que el tonto y conseguir que funcione era una forma de "tocar las narices de la vieja guardia y fastidiar a los snobs de la música", dijo Harris a The Guardian en 2008.


Dicho de otro modo, el big beat era música de fiesta basada en samples que atraía al oyente casual. La fórmula del big beat era básicamente: 1) Pilla un breakbeat y comprímelo a tu rollo. 2) Corta y pega unos trocitos de discos de funk y de soul. 3) Coge una voz y añade unos cuantos samples de discos infantiles viejos o bandas sonoras. 4) Tapa algunos agujeros con una línea o dos de sintetizador. 5) Añade un toque de agresividad rockera, psicodelia o influencias de rave. 6) Aclara y repite.

Cuando la fórmula funcionaba, lo petaba (acordémonos básicamente de cualquier canción de los tres primeros discos de Chemical Brothers). Cuando no, era asquerosamente malo. Seré el primero que admita que el big beat es responsable de varias obras musicales que el mundo se podría haber ahorrado, y gracias a su actitud de "todo vale" con los samples y puntos de referencia es en parte responsable de la abominación conocida como electro swing.

Podemos considerar que "Rockafeller Skank", el hit de Fatboy Slim de 1998, es uno de los timos más claros del big beat. Quizás sea el sample de guitarra tontorrón, o quizás su sample de of Lord Finesse fuera de lugar diciendo "Justo ahora, hermanos del funk soul", que parece vacío y demasiado arbitrario, pero esta canción me produce una especie de urticaria como ninguna otra. Sobra decir que el disco fue todo un éxito.

De hecho, el big beat también representó la primera iniciativa de éxito por parte de una gran discografía para volver a empaquetar y exportar a los Estados Unidos una versión destilada de la música electrónica que había creado —house, techno y un toque de hip-hop— a través de la lente británica del post-rave. Otros, como Rick Rubin y su WHT LBLS, habían llegado antes para intentar crear el techno mainstream techno y fracasaron. El big beat, por el contrario, recargó las armas unos años más tarde. El hecho de que coincidiera con la invasión del brit-pop de la segunda mitad de los 90 no fue tampoco casual, puesto que ambos eran ejemplos de los ingleses cogiendo música con raíces americanas, blanqueándola y volviéndola a vender a los adolescentes americanos. Era evidente que se trataba de música creada por británicos de clase media-alta dirigida a la juventud americana de la clase media-alta, y que muchos de los principales artistas eran claramente hombres heterosexuales blancos.

Yo era un adolescente del sur profundo de los Estados Unidos cuando estalló el big beat. Yo lo pillé hacia el año 96 viendo los videoclips divertidamente conceptuales de los Chemical Brothers en la MTV. El folk, jazz, brass, blues, rock y rap fueron los sonidos predominantes de mi infancia donde crecí, y no había muchas opciones para encontrar el techno y la música house que pasaban desapercibidos. En aquella época todavía era demasiado joven para ir a raves, pero me sentí atraído por el sonido exótico del techno, que sonaba como si viniera de mundos muy lejanos a donde yo vivía. Más tarde, me obsesioné con Prodigy y sus discos de rave. En su punto álgido, Prodigy fue una pieza importante y fiel de la escena del big beat, capaz de hacer malabarismos con sonidos tan disparatados como samples de Ultramagnetic MC, riffs de guitarra pesados y líneas de sintetizador pegadizas. Mientras que Prodigy ha dejado de hacer música que conecte conmigo en los últimos años, la mixtape comercial de 1999 The Dirtchamber Sessions Vol. 1 (por desgracia nunca hubo un segundo volumen) creo que es la mejor introducción y resumen del estilo del big beat. Es un megamix de discos de hip-hop y de rock de clásicos de Celluloid, "King Kut", new school, Sex Pistols, Babe Ruth y otros artistas del big beat. Y es rápido, relajado y divertido.


El momento que disfrutó el big beat bajo el foco del mainstream llegó a su fin hacia el 2000, aunque al igual que otras micro-escenas desembocó en otros sub-géneros como el brostep y el trap más adelante en el 2000. En su entrevista con The Guardian, Harris dijo que la escena sufrió una sobredosis de ella misma. "La cocaína empezó a predominar mucho más, lo que nunca es sano para una escena", dijo. "El éxito significó mudarnos de pequeños clubs llenos de sudor a enormes estados y las sesiones de DJ eran demasiado predecibles. Así que la gente empezó a tomar diferentes rumbos y el big beat se convirtió en un insulto". Según Harris, el sonido del big beat también perdió todo sentido de cuáles eran sus límites cuando empezó a utilizarse a muerte en tráileres de películas de acción, anuncios, videojuegos y eventos de deporte. Con esta sobreexposición, la música empezó a hacerse repetitiva y a perder inspiración y los hits eran cada vez más difíciles de encontrar. Incluso los Chemical Brothers empezaron a perder creatividad durante una época en los 2000 y eso que eran de entre los más arriesgados y mejores compositores. Nadie sabía muy bien cómo continuar con este estilo, así que pasaron a otra cosa.

Aún así, durante su vida, el big beat generó varios discos y artistas de grandes éxitos; grupos como Crystal Method, Prodigy, Chemical Brothers y Fatboy Slim han girado por Estados Unidos sin parar desde entonces. Aunque "Skank" nunca acabó de ser mi rollo, "Praise You" de Fatboy Slim seguramente marcó la cúspide del big beat en Estados Unidos y el zénit del género antes de su precipitado declive.

El big beat también convirtió a los Chemical Brothers en el grupo de arena rock de la música de baile mainstream. Muchas de las cosas por las que se alaba a Daft Punk —espectáculos de luces en sus conciertos, grandes temas en sus canciones, tratar un LP de baile como un LP de rock— los Chemical Brothers las hicieron primero y, muchas veces, mejor. Podríamos incluso discutir si el primer disco de Daft Punk es básicamente un disco de big beat con una pizca de histrionismo rave. Pensemos en "Da Funk", por ejemplo, ese gran beat de medio tempo no quedaría fuera de lugar en un disco de Chemical Brothers. Seguramente se han quedado fuera de la etiqueta del big beat por ser franceses, pero si Homework no es big beat, entonces no estoy seguro de lo que es.

En última estancia, el big beat marcó el camino para géneros como el blog house y, más adelante, el brostep y el trap. Esos drops, el estilo de "cualquier sample vale", la idea de que es material para grandes escenarios e incluso la superficialidad que desprenden es marca de la casa de DJ y productores de big beat. El big beat ayudó a allanar el camino para artistas desde Justice hasta Diplo, desde los dioses del trap hasta Jamie xx y, te guste o no, su fantasma todavía sigue pululando por la música electrónica en 2016.

Artículo publicado originalmente en Thump. Traducido por Rosa Gregori.

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