Tatuajes de El Vaquilla y golpes: los boxeadores underground de Sevilla

Gabriel Fernández nos invita a descubrir el boxeo amateur en Utrera a través de sus fotos. Un mundo alejado del glamour de los gimnasios y la competición.

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24 junio 2016, 3:00am

Todas las fotografías por Gabriel Fernández

A través de los ojos de Gabriel Fernández, las cuerdas de un ring de boxeo se convierten en una jaula, en la misma que priva de libertad a unos pájaros. Un lugar del que ninguno de los dos contrincantes puede salir hasta que uno de ellos se rinda, o dé con sus huesos en la lona.

Igualmente, un gimnasio de Utrera (su pueblo en Sevilla) se transforma en el lugar perfecto para hacer una radiografía de extrarradio. Con gente que igual que llevan un tatuaje de El Vaquilla, escuchan rap americano o flamenco. Una fusión de estéticas y formas de ser que queda reflejada a la perfección en su trabajo No matter how you try, you can't stop me now.

Solo tiene 21 años y estas fotos forman parte de su proyecto de fin de estudios. Piensa seguir su formación y seguir haciendo fotos toda la vida, esto no ha hecho más que empezar para él, "me tendrían que cortar las manos para que parara".

Sus fotografías de boxeo underground (puede ser un buen calificativo para sus imágenes) nos han gustado mucho, por eso hemos decidido charlar un rato por teléfono, mientras viajaba en un tren de Utrera a Sevilla, donde estudia.

VICE: ¿Cómo llegas al mundo del boxeo?
Gabriel: Llevo tres o cuatro años haciendo fotos y este proyecto nace como el trabajo final de los estudios que estoy haciendo en la Escuela de Arte en Sevilla. Tenía bastantes ganas, desde hace tiempo, de hacer algo relacionado con el boxeo en mi lugar de origen.

Eres de Utrera, ¿no?
Sí. Es una ciudad pequeñita de Sevilla y allí hay tiene mucho tirón el boxeo y tiene un gimnasio del que han salido campeones.

Háblanos de ese sitio.
Pues el 80% de las fotos están hechas en un gimnasio pequeñito, también hay alguna velada a la que he podido ir, por Málaga. Es muy curioso, porque el sitio, el gimnasio, es muy pequeñito y eso marca las fotos.

Pero desde que entré sabía perfectamente que allí había material. Es un sitio muy pintoresco y está en un lugar del extrarradio del pueblo. Un sitio especial.

¿Por qué pintoresco?
Pues El Tinte es un barrio que marca a la gente que vive allí. Y al gimnasio van desde chavales muy jovencitos, que quieren aprender a boxear y gente muy inocente que se dedica a estudiar a gente que vive ocupando un cuarto de basuras y otros que han estado presos. Todo el mundo se junta allí.

Creo, al ver tus fotos, que te interesaba plasmar tanto el mundo del deporte como a la gente que va a ese gimnasio.
Realmente, no quería verlo tanto como un deporte, sino como un estilo de vida. La gente que va a boxear allí es totalmente amateur, no ganan dinero con esto. Al revés, les cuesta dinero. Sin embargo, tienen un pasión y un amor por lo que hacen allí que es lo que he querido reflejar. Hay gente que boxea durante seis u ocho meses, para luego pelear, literalmente, durante nueve minutos.

No era tanto el deporte, entonces.
Lo que me movió era la otra parte que te cuento. Si te fijas bien en el proyecto, habrá como ocho fotos de gente boxeando. Lo demás es mucho retrato y el ambiente en el que se mueven estas personas. No buscaba hacer algo explícito.

Alternas color y blanco y negro, siempre en película.
Lo que he intentado hacer, a través de esta estética, es contar dos cosas bien distintas. Con el blanco y negro hablo de la suciedad de este mundo, de algo directo, de algo agresivo. Fotos que quiero que muerdan, con un grano súper exagerado. Mientras que con el color son fotos que ponen un punto y aparte. Un choque contra la acción, intento darle un toque delicado. Cambio el ritmo del espectador, con retratos fuera del contexto del gimnasio, en las calles o en casas, para que se centre en los personajes. Los descontextualizo sin el teatro del boxeador. Demostrar que son personas delicadas y sencillas, que tienen su vida, sus familias, que no son Mike Tyson.

Hay fotos en las que aparecen balas y tatuajes de pistolas, es esa violencia de la que me hablabas antes.
Con el tema de los tatuajes es más sencillo: ellos son así. Se mezclan tatuajes de 'Yo, El Vaquilla', con la cultura del rollo americano. Yo entro allí a hacer fotos y suenan Eminen y flamenco. Es decir, que se junta la cultura americana (por el boxeo) con el tema del barrio, de su estética y de su música. "Soy muy gangsta, pero llevo al Vaquilla".

La bala en realidad es un mechero, con forma de casquillo de escopeta, me resultó gracioso y tomé la foto. De lo que sí me gustaría hablarte es de las fotos de unos pájaros en una jaula, porque tienen un sentido muy concreto.

Ahí sí planteo ese juego del boxeador con la violencia, tíos que se encierran entre cuatro cuerdas y se pegan con otros, y punto. Están enjaulados y no pueden salir hasta que se acabe. Los pájaros son mascotas que estaban en el garito de uno de ellos. Le doy importancia a la jaula como límite.

¿Te costó ganarte la confianza de los boxeadores?
Para nada. Conocía a una chica, que es la que sale en el proyecto. Es sub-campeona de España y entré por ella. La gente estaba encantada y muy ilusionada con mis fotos. Les pedí ir a sus casas, sacar a sus familias y ellos encantados. Nadie me puso impedimentos. Ha sido fácil y ha sido un placer trabajar con ellos.

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