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Estado Islámico ha puesto un anuncio en una revista para pedir dinero por un par de rehenes

Dabiq, la revista del Estado Islámico dedica una página para pedir dinero a cambio del rescate de dos rehenes.
10.9.15

De la misma forma que occidente tiene los medios de comunicación a su favor para contar su versión de los hechos, Estado Islámico (a partir de ahora EI) también juega con los mismos trucos. Esto lo hace publicando puntualmente en internet vídeos que parecen forjados con mucho presupuesto; campañas en las redes sociales; intentando lanzar un canal de televisión con emisión las 24 horas y publicando una revista de propaganda escrita en varios idiomas llamada Dabiq. Pese a que normalmente se distribuye de forma digital aparecieron a la venta en Amazon algunos ejemplares impresos y encuadernados (actualmente ya no disponibles). Por si os interesa, podéis consultar los PDF's de los números anteriores de la revista aquí.

El primer número fue publicado en julio de 2014 y desde entonces ha ido brindando un goteo incesante de propaganda pro EI acompañada de grandes splash pages con fotografías muy explícitas de víctimas del EI, víctimas civiles de los ataques aéreos de los Estados Unidos, miembros del EI en acción y un buen muestrario del material armamentístico del que dispone su ejército. El undécimo número, que acaba de salir ahora, contiene, entre otras perlas —como advertir a los refugiados sirios de que largarse a Europa supone un pecado y que pueden exponerse a "la constante amenaza de la fornicación, la sodomía, las drogas y el alcohol"— una página publicitaria en la que piden dinero a cambio de la entrega de un par de rehenes. La página en concreto reza "prisionero noruego en venta" y "prisionero chino en venta". Desde la revista no concretan la cantidad del rescate pero sí que facilitan un número de Telegram para contactar con ellos. Según la revista, la oferta es "limitada" pero no se determina el plazo.

Siguiendo toda la lógica estética que caracteriza todos los flirteos audiovisuales del grupo terrorista —¿o deberíamos llamarlo ejército?—, el anuncio resulta más cercano al cartel publicitario de una película que al de una nota de secuestro reclamando un rescate. De todos modos, más allá de la espectacularización del horror, al ojear las páginas de Dabiq es lícito observar la relatividad de los hechos. En las páginas del cuarto número, por ejemplo, vemos una foto gigante de una niña de unos tres años yaciendo muerta en el suelo, llena de sangre, supuestamente víctima de un ataque norteamericano. La imagen es mucho más impactante que la del niño sirio que apareció hace unos días en los medios y su presencia en esta revista del EI nos hace plantear la veracidad de los hechos, cosa que también tendríamos que haber hecho en el caso de los medios occidentales que cubrieron el caso de Aylan. Es evidente que existe manipulación propagandística en estas páginas pero evidencia aún más que todos nosotros estamos siendo condicionados por los medios occidentales. Puede que incluso sea de agradecer que el EI sea tan evidente en su posicionamiento al mostrar una realidad tan ficcionada, ya que al menos nuestro criterio viaja de lo falso hacia —si lo consideramos— lo verdadero, y no al revés.