Sobre la gordofobia contra Carla Morrison

La complexión corporal puede ser un problema de violencia de género. Y el cuerpo un espacio de rebelión y disidencia.
2.11.16

Carla Morrison formó parte de una campaña publicitaria para la marca Levi's. Posó usando unos jeansque se llaman Shaping Super Skinny Plus: están diseñados para chavas "llenitas", "curvilíneas", "gorditas", "voluminosas", o como quiera llamársele a cualquier tipo de cuerpo que no parece de modelo de Victoria's Secret. En otras palabras, para describir prácticamente a la mayoría.

Algunas personas no tardaron en atacarla con comentarios del tipo: "Es una gorda perezosa que no cuida su cuerpo"; "Qué flojera estar justificando la obesidad con campañas";  "Dejen de promover la mala salud"; y hasta "Mejor ponte a dieta culera, te lo decimos por tu bien". En cambio ella respondió con elegancia:

Morrison no es "obesa", ni "floja" ni tiene problemas de salud. Tampoco necesita nuestros consejos. Vaya, ni siquiera es "gorda" (y ojo con las comillas). Su cuerpo no-delgado es un desafío porque estamos acostumbrados a ver a mujeres perfectas (es decir, que se adecuan a la idea que tenemos de belleza física) en la publicidad, la televisión y en Internet: nos parece normal un ideal que no tiene nada que ver con la realidad.

No es la única a la que le ha pasado. De por sí las mujeres sentimos la enorme presión de estar ultra-delgadas; para cantantes y artistas del medio pop es aún peor. Por si fuera poco –y más en Youtube y Twitter– todos nos sentimos con el derecho de opinar y criticarlas por "desperfectos" en sus cuerpos y apariencia.

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Hace un par de años, el diseñador Karl Lagerfeld dijo que Adele estaba "un poco demasiado gorda"; ella respondió que representaba a la "mayoría de las mujeres y estaba orgullosa de eso." Luego un fan le gritó "Fat bitch!" a Britney Spears en uno de sus shows en las Vegas. A Selena Gómez la criticaron una vez que usó bikini y no se veía "perfecta"; a Kelly Clarkson se la comieron viva después de que tuvo un bebé y a Nicki Minaj le llamaron "culo gordo" y le dijeron que dejara de comer hamburguesas. El fenómeno es más que común.

Estos comentarios son un reflejo de la cultura mainstream que predica un control sobre los cuerpos. Hay un prototipo de "mujer", creado por la publicidad a través de photoshop, que se instala en nuestros inconscientes como si en verdad existiera. Pero es mera ficción; es un objeto, un producto de marketing. Lo aceptamos como verdadero porque desde chicas hay una forma de comer y vernos para "ser aceptadas"; la moda y las marcas nos obligan a caber en un molde imposible.

La presión social es enorme. Hoy en día, "ser bella" implica estar "delgada", por lo que la "gordura" y la "fealdad" están también asociadas. El término se llama "gordofobia": la discriminación que reciben las personas consideradas gordas en esta sociedad. Y ojo, porque el decir "consideradas gordas", quiere decir los paradigmas cambian: en pantalla, en revistas de moda y anuncios de publicidad, nadie puede ser "imperfecta". Lonjas, estrías, canas, arrugas. Nada "natural" y "real" es aceptado. Solo el estándar de "mujer ficción."

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Es un problema social, y además es un fenómeno de violencia. Las mujeres interiorizamos las ficciones, creyendo que debemos alcanzarlas; los hombres esperan tener mujeres perfectas que no existen, y nos agreden al no encontrarlas.

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Lo peor es que un tipo de violencia tan invisible y normal, que además de no cuestionarlo, lo imponemos y repetimos. Eso son los comentarios a Morrison. Como si el ser una cantante famosa, implicara automáticamente el tener que estar flaquísima. ¿Cómo el público podría ver cuerpos fuera del prototipo? Así de interiorizado lo tenemos: su "no-delgadez" es un insulto para muchos.

"Ser gorda es un insulto porque la publicidad nos ha hecho creer que ser gorda no vende. Su método ha sido eliminar a las gordas del mapa público del deseo. Una cultura obsesionada con la delgadez femenina, no está obsesionada con la belleza de las mujeres: está obsesionada con la obediencia de las mujeres". -Naomi Wolf

Por otro lado, hay algo muy interesante en los comentarios a Carla Morrison: muchos equipararon el estar "gorda" con un tema salud. El típico, "deja de comer, te lo decimos por tu bien". La gente incluso habló de obesidad (nada que ver), de diabetes e hipertensión. No sólo la publicidad y el photoshop ejercen un control sobre los cuerpos, sino que el discurso de la salud y las enfermedades también. Y lo peor es que es otra ficción, una mentira. No tiene nada que ver: un cuerpo delgado no es un cuerpo saludable y un cuerpo pasado de peso no es sinónimo de enfermedad. La salud aplica a todas las tallas. Basta con leer los testimonios de modelos flaquísimas presionadas por bajar aún más de peso, que terminaron con anorexia, bulimia y problemas respiratorios.

¿Qué sabemos nosotros sobre los hábitos de salud de Morrison? ¿Basta con ver que no es esquelética para asumir que tiene problemas? Es otra vez el estándar falso que está tan profundamente arraigado en nuestras mentes y modos de ser, que además de aceptarlo lo imponemos. Nos indignan las gordas. Por "huevona", porque no tiene "fuerza de voluntad", porque "le vale". Y en realidad el tema es mucho más complejo.

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La complexión corporal es un tema casi como el color de piel con el que nacemos. Claro, siempre hay cremas que blanquean o sesiones en camas de bronceado que lo pueden modificar, pero siempre implica una inversión (en el caso de los cuerpos por ejemplo, en cirugías plásticas). Una vez más el propio mercado sale ganando: tienes que comprar y gastar mucho dinero para poder verte "como photoshop manda". No tiene ningún sentido.

Y eso nos lleva a reflexionar sobre Levi's y su campaña, pues tampoco son los buenos de la historia. En su lógica publicitaria y de marca, la libertad y el empoderamiento de las mujeres no-delgadas pasa también por el consumo. Basta con fijarse en el nombre que le pusieron a sus jeans:Shaping Super Skinny Plus. Hay que comprar sus productos para retomar control de nosotras mismas, sentirnos cómodas y "aunque seas plus ­(gorda) verte skinny (flaquita)". No lo podemos lograr solas.

En un excelente post de Medium, Tania Tagle criticó este tipo de campañas "body positive". Desde #I'mNoAngel, de la marca de lencería Lane Bryant o la publicidad de Dove y ahora Levi's, no se trata del poder femenino sino del mercado en el cual seguimos siendo objetos. Ella dice:

"Al final, lo que se plantea es una falsa dicotomía, pareciera que lo que las marcas nos dicen es: o quieres ser imposiblemente delgada y sexy o quieres desafiar los estándares bajo la bandera de "mujer real". (…) Ninguna compañía tendría que normar la forma en que nos relacionamos con nuestros cuerpos y mucho menos plantearnos oposiciones falsas: no es necesario medir 1.90 y pesar 40 kilos para ser sexy, así como tampoco es necesario tener sobrepeso para ser "real".

Con todo, el efecto de promover "modelos reales" es más positivo que el estándar de modelos famélicas y muertas de hambre. Al final es imposible deshacernos de todos los amarres y discursos de control, pero podemos empezar a darnos cuenta y cuestionarlos. La forma en que decidimos vivir y expresar nuestra realidad corporal, solo depende de nosotras.

Carla Morrison logró mandar un mensaje poderoso sobre su cuerpo y las reglas que tiene que desafiar todos los días para ser una mujer exitosa en el medio de la música. Cuando no aceptó las agresiones basadas en ficciones y mentiras sobre como "las mujeres que cantan se deben ver", nos enseñó algo importante: que el cuerpo también es un espacio de rebelión y disidencia. Todas podemos hacerlo.