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La Selección Nacional tiene una nueva oportunidad al enfrentar a El Salvador

A la Selección Mexicana se le presenta, por enésima vez, un punto de inflexión del cual esperamos decida dejar de ser el "gigante" de los segundones y se haga, de una vez por todas, un lugar en la mesa de los verdaderos gigantes.
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Foto por Winslow Townson-USA TODAY Sports

Entender al aficionado mexicano es complicado. Cuando José Manuel "Chepo" de la Torre se mantuvo intransigente con su once titular, pedíamos variantes y cambios; luego vino Miguel Herrera, quien se aferró a un cuadro que lo acompañó desde el debut en Brasil ante Camerún, hasta la consecución de la Copa Oro contra Jamaica y nos parecía que esa constancia en la alineación era lo que nos llevaría a dar por fin el siguiente paso, no fue así.

A su despido, la Federación Mexicana de Futbol, fuera por gusto o porque de sus candidatos principales ninguno aceptó, se decantó por Juan Carlos Osorio para comandar el barco azteca hacia Rusia 2018.

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Como era de esperarse, sus rotaciones, las que meses atrás pedíamos a gritos, se convirtieron, tanto para un sector de aficionados como para gran parte de la prensa, en el motivo de la hecatombe ocurrida ese famoso 19 de julio ante Chile.

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Desde su llegada, el estratega colombiano se vio envuelto en el eterno ambiente pesimista que rodea a la Selección, no obstante, los buenos resultados lo acompañaron y dejaban poco espacio para las críticas: diez partidos jugados, nueve victorias (Honduras, Chile y Uruguay las más destacadas) y un empate, veinte goles a favor, y solo dos en contra, llegando así a 22 partidos consecutivos sin conocer la derrota, récord histórico para el Tricolor.

Para su décimo primer encuentro, todos ya sabemos lo que pasó: la herida del 7-0 se mantendrá abierta y cada uno de los malos resultados obtenidos, a partir de hoy, eliminarán las puntadas que se pudieran haber generado con una que otra victoria ante selecciones menores.

El otrora técnico del Puebla, se enfrenta hoy ante un reto mucho más complejo que jugar de nuevo contra Alexis Sánchez, Eduardo Vargas y compañía, se encuentra ante la imperiosa necesidad de recuperar tanto a sus jugadores, como a los directivos y todavía más importante, a los aficionados. Convencer a todos de que lo ocurrido aquel día en el Levi´s Stadium no fue más que un tropiezo (de proporciones épicas) y que él es el indicado para romper la maldita costumbre de tener más técnicos en el proceso mundialista, que victorias en dicha justa.

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El Tri regresa a escena en el Cuscatlán, se medirá ante El Salvador y como ya lo han dicho Javier Aguirre, Claudio Suárez o Luis García, el Coloso de Monserrat es "uno de los estadios más difíciles de visitar en la región". Más que una cuestión futbolística, es el ambiente hostil que rodea a los jugadores; cabe recordar el lamentable episodio de 2009, en el cual gran parte de la afición blanquiazul asistió al estadio con cubrebocas, haciendo referencia al problema de influenza que atravesaba nuestra nación, acto sobre el cual declararon que "no lo hacían con ánimos de ofender, sino de presionar psicológicamente".

Los salvadoreños, con apenas dos puntos, se juegan la vida y tienen puestas sus esperanzas en ganarle a México y a Canadá, esperando que, a la postre, el primero derrote a Honduras en el Azteca, lo cual no se antoja muy complicado, y ellos sacar los tres puntos en suelo canadiense para así meterse entre los últimos seis. Cualquier derrota los deja fuera.

En cuanto a México respecta, su problema no radica en la cuestión numérica, ya que el boleto al Hexagonal Final se aseguró matemáticamente con la victoria ante Canadá. El foco de interés radica en que, a partir de hoy, el combinado azteca trabajará contrarreloj: cada uno de los partidos disputados serán 90 minutos para demostrar que la continuidad del proyecto fue la decisión adecuada, 90 minutos que, ya sea por un interés real o el simple morbo de ver qué pasará.

Pondrán a prueba al televidente que sintonice el partido, con transmisiones que, independientemente en el canal que se vean, no es difícil pronosticar qué se dirá. Serán 90 minutos para que todos aquellos que se disculparon ante las cámaras, en conferencias de prensa y pidieron perdón (cómodamente) en las redes sociales, recuperen la credibilidad, el amor propio y el respeto que le merecen a la camiseta que portan, una cúmulo de factores que, aquella noche en Santa Clara, California, pareció no importarles mucho.

Porque puede ser complicado entender al aficionado mexicano, pero si algo tiene claro es que el 7-0 no se olvidará nunca y para resarcirlo, no bastarán ya los récords moleros, las Copas de Oro, ni los "ya merito" en el cuarto partido del mundial.

A la Selección Mexicana se le presenta, por enésima vez, un punto de inflexión del cual esperamos decida dejar de ser el "gigante" de los segundones y se haga, de una vez por todas, un lugar en la mesa de los verdaderos gigantes.

Por Andrés Rodríguez, sigue al autor en Twitter: @andriu_rd