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el éxito de la wta marca el camino

Tenis femenino, dinero y la guerra por la igualdad

El contrato de televisión récord que cerró la WTA el pasado año demuestra que el deporte femenino puede ser exitoso y próspero. Es una valiosa lección que los otros torneos pueden aprovechar.
02 Abril 2015, 9:55am
Foto de Robert Deutsch

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El pasado mes de diciembre del 2014, la WTA dio un nuevo paso hacia adelante cuando su CEO Stacey Allaster anunció un nuevo contrato televisivo de 10 años por valor de 492 millones de euros con su actual socio, PERFORM.

El acuerdo representa un salto gigante para la WTA. El anterior contrato de la organización estaba valorado en unos 19 millones de euros al año y solo aseguraba la cobertura de un tercio de los partidos que se disputan en todo el mundo, lo cual históricamente ha sido muy frustrante para los leales fans del tenis femenino. El nuevo acuerdo multiplica los ingresos de la disciplina y asegura que los 2.000 partidos principales del circuito WTA se televisen en 2017.

"Este es un momento clave no solo para el tenis femenino, sino para el deporte femenino en general", aseguró la portavoz de la WTA Heather Bowler.

¿Era eso la típica hipérbole de los anuncios institucionales? Realmente no. No solo se trata del contrato de medios más grande en la historia del tenis femenino: también lo es en la historia del deporte femenino en general. Y eso importa. Mucho. Porque en un entorno deportivo en el que la competitividad y la viabilidad económica de las atletas y los torneos femeninos se pone constantemente en tela de juicio, el acuerdo conseguido por la WTA es la señal más clara de que los deportes protagonizados por mujeres son un campo en el que vale la pena invertir.

Por comparar, la Women's NBA dispone ahora mismo de un contrato de 11 millones de euros al año con ESPN que se espera que crezca hasta los 23 millones anuales en la temporada 2016-17. Las cifras del nuevo contrato firmado por la WTA más que duplican esa cifra.

No sorprende que de todas las competiciones femeninas, la WTA sea de nuevo la que marque el camino. El tour tiene a Serena Williams y Maria Sharapova, dos de las atletas más populares del mundo (incluyendo hombres y mujeres) en los puestos 1 y 2 del ranking. La WTA rige el deporte femenino más grande y rentable del mundo.

Serena Williams es uno de los atletas más populares del mundo incluyendo tanto hombres como mujeres. Imagen vía GEPA/USA TODAY Sports.

¿Cómo ha llegado la WTA hasta aquí? Primero y más importante, gracias a Billie Jean King. En un mundo en el que las atletas femeninas se han considerado menores por defecto, King siempre ha pedido igualdad y respeto a sus colegas, espectadores y patrocinadores –y nunca ha pedido perdón por hacerlo.

En 1970, King y ocho mujeres más terminaron tan hartas de la proporción de 12 a 1 entre los premios económicos para hombres y mujeres en el tenis que decidieron separarse y fundar su propia asociación. Tras firmar los famosos contratos de un dólar, las nueve jugadoras formaron el circuito Virginia Slims, que con el tiempo se convertiría en la WTA.

Desde el principio, King marcó el camino de la igualdad. Fue una auténtica pionera. Tras ganar el US Open en 1973, se negó a volver a jugar en el torneo a menos que ofreciera el mismo premio a las mujeres que a los hombres, y los organizadores finalmente aceptaron. Quizás hayáis oído hablar del famoso partido de la 'Batalla de los Sexos", el partido que King jugó contra Bobby Riggs ese mismo año: fue un fenómeno cultural que trascendió los deportes y se convirtió en un momento clave no solo para el tenis femenino, sino para los derechos de la mujer.

La igualdad financiera en el tenis fue algo que costó de aceptar. Wimbledon no ofreció el mismo premio a hombres y mujeres hasta 2007, y la propia idea de hacerlo se pone en duda cada vez que se disputa un torneo importante. Aún así, la WTA sigue creciendo. Según su página web, el tour incluye a más de 2.500 jugadoras de 92 nacionalidades que compiten por premios que suman 109 millones de euros en los 54 eventos y Grand Slams de la WTA en 33 países".

No está mal. En comparación, la asociación de golf femenina (LPGA) organizará 33 torneos a lo largo del 2015 en los que ofrecerá una suma total de 56 millones de euros en premios. En la WNBA, 12 equipos juegan 34 partidos entre mayo y septiembre y el salario medio es de apenas 66.000 euros.

Billie Jean King fue una pionera y una figura clave en la historia del tenis femenino. Foto de Manny Rubio-USA TODAY Sports.

Uno de los beneficios que la WTA ha tenido ha sido precisamente el tiempo para desarrollarse, un lujo que no se ha concedido a otros torneos de deportes femeninos. Solo la LPGA, fundada en 1950, es más antigua que la WTA. La WNBA se lanzó en 1997, y las ligas profesionales de fútbol femenino han sufrido para mantenerse vivas en los Estados Unidos: la Women's United Soccer Association solo duró del 2000 al 2003, y la Women's Professional Soccer, del 2009 al 2012. El torneo actual, la National Women's Soccer League, solo se disputa desde hace dos años.

King se refirió a esto el año pasado en una rueda de prensa que formó parte de los actos de celebración del 40 aniversario de la WTA:

"Los recursos disponibles para los deportes masculinos en comparación con los femeninos son como la noche y el día. Los hombres de negocios están dispuestos a invertir miles de millones de dólares y a perderlos a corto plazo para recuperarlos a largo en deportes masculinos. En cambio, en los deportes femeninos no. Pongo un ejemplo: digamos que empiezas una liga de fútbol. Si las mujeres no ganan dinero en dos años, los hombres dicen, '¿Veis?, no ganamos dinero'. Pero nadie les pregunta, '¿y los chicos, cuánto dinero ganan en este tiempo?'".

"La familia Anschutz estaba dispuesta a invertir en la MLS [la liga estadounidense de fútbol masculino] durante 30 años. No he visto a nadie en el deporte femenino decir, 'vamos a invertir y a poner X cosa en el mapa, no nos importa si tenemos que estar haciéndolo durante 10, 20 o 30 años'".

"Nunca he oído esto en el deporte femenino. En cambio, lo oigo constantemente en el deporte masculino. Esto es discriminación. Es así de claro".

King está en lo cierto. Parte de la razón por la cual la WTA ha dispuesto de tiempo y apoyo es su presencia a la misma altura que el tenis masculino en lugares como el All England Club y Roland Garros, un beneficio que no está al alcance de, por ejemplo, las Sparks de Los Angeles.

Consideremos la historia: en los Estados Unidos, la discriminación en los deportes no se erradicó de las instituciones educativas hasta 1973. Previamente, las chicas no tenían el mismo acceso que los chicos a los deportes. Los varones siempre han tenido prioridad (lo cual nos habla también de la historia de la Humanidad), y a pesar de los avances hechos en materia de igualdad, los hombres siguen considerándose en primer lugar cuando se habla de deportes en la inmensa mayoría de casos. Los chicos reciben la mayor parte del dinero, y aún más importante, la mayoría de la atención mediática. Lo que en realidad muchas veces es una sola cosa.

Cuando los deportes femeninos comparten protagonismo con los masculinos (como lo hacen en los Slams tenísticos y en los Juegos Olímpicos), también reciben su parte de las gratificaciones. De repente, con legiones de cámaras y periodistas alrededor, el mundo se da cuenta de que las historias sobre deporte femenino son tan interesantes como las del deporte masculino... o más.

Belinda Bencic luciendo el logotipo de la WTA. Foto del usuario de Flickr Tatiana.

Solo es necesario ver un par de ejemplos para darse cuenta. ¿Era mejor la ATP de principios de los 2000 que la WTA, que contaba con Martina Hingis, las hermanas Williams, Lindsay Davenport, Jennifer Capriati y la famosa (no siempre por el tenis) Anna Kournikova? ¿Ha producido la gimnástica masculina (con perdón de algunos grandes campeones) mejores historias que Nadia Comăneci en los Juegos Olímpicos de verano?

No digo que el deporte femenino necesite al masculino para ser competitivo o entretenido —pero sí que necesita la atención de los medios para brillar. A menos que los aficionados sean unos fanáticos de un deporte concreto, normalmente se limitarán a informarse a través de los canales tradicionales: si los medios no dan su espacio al deporte femenino, es difícil que éste llegue al público.

La WTA no solo crea tenis de gran calidad: también crea superestrellas. Muchas de las atletas femeninas más reconocidas del mundo han venido del tenis: la propia King, Chris Evert, Martina Navratilova, Steffi Graf, Hingis, Monica Seles, Venus Williams... la lista es larga. Este año, según Forbes, siete de las diez atletas femeninas mejor pagadas del mundo son tenistas: Sharapova, Li Na, Serena, Victoria Azarenka, Caroline Wozniacki, Agnieszka Radwanska y Ana Ivanovic.

Es un poco la paradoja del huevo y la gallina: ¿es el éxito de la WTA lo que genera más estrellas, o son las estrellas las que generan el éxito de la WTA? La respuesta más probable en ambos casos "sí". Lo primero no existe sin lo segundo y viceversa. El tenis es un deporte individual que ofrece a sus estrellas una gran exposición mediática (no hay compañeros que se crucen en su camino), y esto los patrocinadores lo aprecian enormemente —especialmente los fabricantes de ropa deportiva, femenina en este caso.

La WTA también hace un gran trabajo a la hora de promocionar a sus estrellas, reforzar rivalidades y ayudar a que las atletas proyecten sus personalidades, sea en la pista, a través de las redes sociales o en los medios. No siempre lo hace perfecto —la campaña "Strong is Beautiful", por ejemplo, ha puesto demasiado el foco en el maquillaje y en los vestidos desde mi punto de vista—, pero al menos está claro que la organización está dispuesta a correr los riesgos que sean necesarios para destacar y atraer la atención en un mercado enormemente fragmentado como el del entretenimiento. La WTA nos da una lección que otros torneos deportivos femeninos deberían aprovechar.

Anna Kournikova y Martina Hingis, estrellas de la WTA en la primera década del siglo XXI. Imagen vía WikiMedia Commons.

Desafortunadamente, no siempre es suficiente que el producto exclusivamente deportivo sea excepcional. Para conseguir éxitos económicos, las atletas femeninas han tenido que ser mucho más que eso. Pensemos en Kournikova. Las mujeres con exposición mediática son juzgadas primero por su 'sex-appeal' y solo después por su talento, y esto es algo de lo que no escapan ni siquiera las campeonas de Wimbledon.

Por otra parte, muchas veces parece que el mencionado producto deportivo, esto es, el espectáculo ofrecido sobre la pista, tiene que ser como mínimo el doble de bueno que el de los chicos para tener la mitad de oportunidades. Como dijo King, el deporte femenino está siempre en la cuerda floja. Incluso la credibilidad de la WTA se cuestiona públicamente cada vez que se juega un partido maloen un torneo importante. Las atletas femeninas deben probar sus capacidades una y otra vez, sabiendo que aunque lo hagan bien posiblemente no recibirán el crédito y la cobertura mediática que sus actuaciones merecen.

Pero así y todo se está progresando. Las audiencias de la WNBA están creciendo exponencialmente (un 90% el año pasado, de hecho). La pasada temporada, la LPGA alcanzó cifras récord y aumentó considerablemente sus premios económicos. Con la Copa del Mundo a la vuelta de la esquina, cabe esperar que el fútbol femenino también crezca en popularidad y en volumen de negocio.

Como siempre, liderando el movimiento estará la WTA: una operación pionera y arriesgada que se transformó en el abanderado de los deportes femeninos —y que demostró que los torneos para mujeres no solo pueden sobrevivir, sino también prosperar.