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Monjes salvajes: los oscuros orígenes de las artes marciales Shaolin

En el monasterio Shaolin viven monjes que se entregan en cuerpo y alma a los preceptos budistas... pero también ovejas descarriadas que prefieren dedicarse a las artes marciales.
06 Octubre 2015, 6:35pm
Imagen vía usuario de Flickr Kevin Poh

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Existe una contradicción en el corazón de las artes marciales Shaolin, un dilema que ha fastidiado a los budistas devotos durante siglos. Esta contradicción se personifica en el estereotipo de monje marcial, itinerante y burdo, que servía al estado cuando lo necesitaba y estaba más interesando en el vino y la diversión que en la meditación Zen. La idea de un 'monje guerrero', de hecho, viola el principio básico de la fe budista de no atentar con violencia contra los seres vivos.

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Aún así, todos tenemos en mente la icónica imagen del monje vestido con bata color azafrán, pateando el culo de bandidos e invasores extranjeros, encajando golpes sin inmutarse y aplicando la temida técnica de la 'palma de Buda' a los malhechores. Todo eso, por supuesto, mientras bebe vino y se come una pierna de cordero.

El origen del 'monje demente' se remonta al primer monasterio Shaolin. Ese monje, el rebelde que se negaba a obedecer e inspiraba a otros a seguir sus pasos para el disgusto de los devotos, siempre ha sido parte de la tradición budista. Su deidad favorita en Vajrapani, el dios guardián de rostro molesto, ojos abultados y pecho musculoso. Se le solía representar de pie, con un cetro floreado en una mano y frente a los cuerpos retorcidos de demonios y diablos. Es probable que Vajrapani también fuera un demonio semi-controlado; el patrón perfecto para el monje peleador desobediente.

El templo Shaolin nunca podía ser, pues, un lugar callado de reflexión monástica. Cuando el templo se estableció por primera vez a la sombra de sus predecesores Taoístas, la ciudad china de Luoyang, a sólo una hora hacia el norte de la ubicación del templo, ya era la capital del creciente imperio chino.

El mítico fundador del Zen Shaolin y la tradición marcial, Bodhidarma, es conocido por haber visitado Luoyang a mediados del siglo VI d.C. En aquel entonces, la ciudad ya era conocida por las cúpulas doradas de sus cientos de templos budistas, que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El emperador dio oro y protección a los monjes Shaolin, quienes pronto se convirtieron en astutos políticos, economistas y administradores del creciente imperio.

Princesas, duques y oficiales donaban objetos de valor, como elefantes y caballos, tan generosamente como si se quitaran los zapatos. Las personas y familias ricas se despidieron de sus tesoros rápidamente, como si lo olvidaran. Como resultado, los templos budistas fueron construidos de lado a lado, y se edificaron estupas una tras otra. Las personas competían entre ellas mismas para hacer o copiar retratos de Buda. Las estupas doradas competían con las torres del palacio imperial en altura, y las salas de los templos budistas eran tan magníficas como los [ostentosos y decadentes] E Bang [palacios de la Dinastía Qin, entre el 221-201 a.C.]

Registro de los monasterios budistas en Luoyang (547 d.C.). Tomado de El Monasterio Shaolin__, de Meir Shahar.

Antes de que los monjes se involucraran en guerras de forma oficial —los primeros registros son del año 621 y relatan que los Shaolin ayudaron al ascendente emperador Li Shimin, conocido después como Taizong, a hacerse con el trono—, los funcionarios de la administración solían quejarse de los "monjes falsos" que vivían en pequeñas casas fuera del templo. Comían carne, bebían y peleaban; predicaban, en suma, su propio tipo de budismo, libre de las escrituras y del estrecho control de los curas y los ritos del monasterio.

Después de que el emperador Tang Taizong les entregara tierras y asegurara que protegería el templo de manera indefinida, los monjes salvajes empezaron a crecer de manera incontrolable.

Muchas historias y leyendas de la dinastía Tang (618-907 d.C.) a menudo combinaban el consumo de carne, simbólica o físicamente, con los monjes marciales. Romper una de las reglas más importantes de la fe budista parecía un paso necesario para convertirse en un guerrero; los monasterios habían acumulado grandes riquezas con el tiempo y tenían que protegerse de los bandidos y criminales.

Del mismo modo en que el demonio Vajrapani se volvió un soldado leal y guardián de Buda, los monjes desobedientes se convirtieron en guardianes simbólicos y soldados leales del orden del monasterio —y, por supuesto, de quien fuese el dirigente secular del Estado.

Luoyang dejó de ser la capital del imperio con el tiempo, pero el patrocinio del fundador original de la dinastía Tang aseguró que el templo sobreviviera a la mayoría de los saqueos y confiscaciones perpetrados por la propia Administración. También significó, no obstante, que los monjes Shaolin se convirtieran en sacerdotes "culturales y marciales" a la vez.

El templo se volvió el tipo de lugar que atraía todo tipo de salvajes y predicadores, que vestían batas como los sacerdotes pero que solo se dedicaban a entrenar para pelear. La vida de un monje estaba a un perdón imperial de ser la de un pirata. Aquí podéis leer una advertencia grabada en piedra en el templo que data del año 1595:

Desde la antigüedad, el Monasterio Shaolin Chan ha sido un templo ancestral budista. Se ubica en la élite de los monasterios más famosos del mundo. Sin embargo, la cultura (wen) y la seguridad (wu) se cultivan juntas, y las multitudes llegan por montones. Por ende, hay algunos [de los recién llegados] que no respetan las reglas del monasterio. Desde ahora, cuando ocurran casos en los que se rompa el código y se violen las reglas [se hará lo siguiente]: si las faltas son pequeñas, serán reportadas a los monjes, que llevarán a cabo una sesión con las autoridades del condado, y el ofensor será castigado según la ley.

A la gente, sin embargo, le encantan los monjes salvajes. Su figura itinerantes ocupan un lugar especial en la iconografía budista china, así como en el arte y en el folclore del gigante asiático. La novela A la Orilla del Agua, de la época Ming (1368–1644),presenta el gran prototipo de monje peleador, Lu Zinshen: bebe, come carne, deja su templo para viajar, y termina juntándose con rebeldes y bandidos en los pantanos.

Una posible adaptación occidental de esta historia es Robin Hood y Little John, "saltando cercas, esquivando árboles, tratando de escapar" en sus aventuras en el bosque de Nottingham. No es irónico que Little John utilice un bastón para pelear con sus enemigos. El bastón es el instrumento tradicional del monje y el clérigo: un arma redonda que golpea en lugar de cortar. Los monjes guerreros, a través de las culturas, siempre han preferido el bastón a la espada.

La idea del monje luchador desobediente que vive al día sin preocupaciones aún sobrevive. No solo ha inspirado películas (como El Templo Shaolin, que protagonizó un joven Jet Li), sino que también tiene mucho que ver en series de animación como Dragon Ball (el personaje de Krilín, de hecho, empieza siendo un monje luchador).

Por supuesto, había muchos monjes más serios en el centro de la tradición Shaolin —monjes que evitaban romper los preceptos budistas y que intentaban vivir la existencia espiritual que les había enseñado Siddharta Gautama. Pero por tiempo que pase, los monjes locos, atraídos por la rica complejidad de la vida a su alrededor e incapaces de dejar el dinero y la carne y los conflictos, nunca van a desaparecer.

Sí, hablo en presente. Tan sólo hay que echarle un vistazo al templo Shaolin, que hoy en día maneja cantidades astronómicas de dinero y recibe a millones de visitantes al año. Su complejo está rodeado de edificios habitados por los monjes guerreros y por sus discípulos laicos.

En realidad, si uno se para a pensar, parece que quien realmente ha ganado la batalla de la Historia sean los monjes salvajes.