Memorias del movimiento hippie bogotano

De la voz de Tania Moreno, ex integrante de Génesis y una de las gestoras del hipismo en la capital, recordamos como se vivió esta ola de pelos largos, amor y mucha psicodelia en Colombia.
23.2.17
Foto por Gertain Bartelsman.

Ya ha pasado casi medio siglo desde que un grupo de jóvenes de Bogotá y sus alrededores, detonaran en Colombia uno de los primeros movimientos contraculturales que existieron en el mundo: el hipismo. Una estela de colores brillantes, psicodelia, rock & roll y alucinogenos que se complementaba con la idea de que era el momento de hacer una revolución, pararse por medio del arte y la espiritualidad en contra del apego a lo material y la violencia encarnada en las generaciones anteriores.

Publicidad

Un momento que cogió vuelo en la capital entre las décadas de los sesenta y los setenta, tuvo su epicentro en el barrio de Chapinero y en donde se destacan nombres de artistas claves en la movida musical de ese entonces como Humberto Monroy y Roberto Fiorilli, dos personajes que le dieron una identidad única a bandas icónicas del rock nacional como Los Speakers, Génesis, Siglo Cero y La Columna de Fuego.

Entre quienes moldearon el hipismo en Bogotá también se encuentra Tania Moreno, una de las mujeres que lideraron al movimiento desde las calles de Chapinero y que experimentó de primera mano los conciertos, la vida en comunas hippies, la cotidianidad del Parque de la 60 (hoy conocido como Parque de los Hippies), los viajes alucinógenos e incluso, la vida dentro de una banda como Génesis, con quiénes grabó un disco y estuvo en de gira por el país.

Para podernos adentrar en esos grandes momentos y lugares que marcaron al hippie bogotano en su momento, buscamos a la propia Tania, que desde hace años cambió el caos de Chapinero y los días de hipismo criollo en la 60 por las calles empinadas de La Macarena, cerca al centro de la ciudad. Ahí, con la misma sonrisa con la que sale en la foto que abre este artículo, nos recibió en su apartamento donde vive con Pablo -su gato de 18 años- para que, sentados en sillas contiguas y en un típico día de sol picante en Bogotá, nos contará acerca de esas "buenas épocas", como ella les dice.

Publicidad

La vida en las comunas hippies

La gente empezó a irse mucho al campo, no solo a las afueras de Bogotá. Nosotros lo primero que hicimos fue irnos a una comuna en Lijacá y de ahí pasamos a donde unos monjes benedictinos que nos dieron la oportunidad de irnos a vivir en un monasterio, que realmente era una finca de 300 hectáreas en camino a Usme. Allá estuvimos viviendo ya como unos totales hippies y a Humberto (Monroy) se le abrió la vena de la composición. Allí se le ocurrió la idea de hacer una banda que se llamara Gene aunque de los que lo acompañábamos, ninguno era músico, solo eramos compañeros de comuna. El ambiente era divertido y fue una forma de crecer porque cada uno sale de su casa con su mala crianza y con pereza de hacer cosas. En las comunas la gente iba creciendo porque se iban organizando y tenían horarios para organizar el lugar y fue entender lo que es vivir en comunidad, no solo ser un vivaracho que cae a la hora que sirven la comida.

Comuna hippie La Calera. Foto: Archivo personal de Tania Moreno.

Obviamente nos la pasábamos metiendo bareta y droga como locos jaja, no hacíamos más. Salíamos al campo y al río y pues era una vida de príncipes, pero sin plata porque no la necesitábamos. De ahí seguimos, cada uno cogió su camino y viajábamos todo el tiempo, nos manteníamos moviéndonos. Uno iba de una comuna en un sitio cercano a Taganga y luego a visitar a amigos en Antioquia y así, se podía pasar un año completo en esas. Era una vida deliciosa porque no trabajábamos y aunque no gastábamos dinero, no sufríamos por eso. Nosotros salíamos a la carretera sin un peso y llegábamos a finquitas campesinas a saludar e inmediatamente la gente salía a ofrecernos un chocolate y una arepa. En las tardes íbamos a los restaurantes de carretera a donde iban los camioneros que dejaban sus almuerzos sin tocar y con eso comíamos algo. En la noche íbamos a otra casita donde nos daban comida y nos dejaban dormir a todos en una esquinita. Era incomodo, pero no tener que responderle por nada a nadie y no tener deudas ni impuestos era genial.

Publicidad

Las reuniones en el Parque de la 60

Tania y el Dr Rock en el pasaje comercial de la 60. Foto: Archivo personal de Tania Moreno.

Aquí hubo lo que en ese entonces estaba de moda que eran los happenings. Eso lo organizaban ahí en el parque de los hippies y ahí empezó a aglutinarse gente de Chapinero que estaba en movimientos dedicados a la moda como el Go Go y el Ye Ye, y se estaban radicalizando entrándole al tema del hipismo. La Policía empezó a atacar esas reuniones, eran muy violentos y le podían pegar a uno mientras que a los hombres los rapaban y hacían lo que querían. Había un español, un loco que yo conocí y era el dueño de lo que era el pasaje de los hippies. Él se compró una casa en Chapinero e hizo una galería de locales y los alquiló regalados. El tipo era un poco mayor que nosotros pero no demasiado, por ahí unos diez años. Nos alquiló esos locales tirados y uno literal podía vivir ahí, solo le faltaba la ducha. La gente empezó a inventarse sus negocitos y ahí había de todo. Se fue estableciendo como un sector donde la gente joven se reunía y los fines de semana no daba abasto. Hasta se veían escenas de papás entrando y sacando a los hijos de la oreja o a cachetada limpia porque si se encontraban al hijo en la sesenta lo sacaban a golpes, había gente muy terrible.

El Festival de la Vida

En 1970 nosotros organizamos un concierto que fue el más grande de esa época y se celebró en el Parque Nacional. Se llamó el Festival de la Vida y estuve en la organización porque puse unos $10,000 pesos de la época para que se pudiera hacer ese concierto. Yo tenía un almacén de afiches en en el Pasaje de los Hippies en la 60 y me iba re bien, hacia plata por cantidades. Edgar (Restrepo), Humberto (Monroy) y otros amigos tenían uno de discos, pero los pepos, como les decían a los que consumían drogas, se iban todos locos con una cajita de fósforos a seguirle el ritmo a cualquiera que estuviera tocando un instrumento y no se compraban un disco. En cambio, como mis afiches eran a peso, eso era lleno siempre. Yo financié el concierto y Humberto, Edgar y Roberto Fiorilli se encargaron de la programación musical. Fue el primer concierto gratuito masivo que se hizo en Bogotá.

Foto por Gertian Bartelsman.

Lo que hicimos fue mandar a hacer unas tarimas, alquilar unos andamios con plumas encima y la gente se hizo en el pasto. Fue un concierto impresionante y tuvo a algunas de las bandas más famosas de la época. Se hizo a imagen y semejanza de muchos que se estaban haciendo en otras partes del mundo y fue un antecesor a Ancón. Lo más lindo fue que la gente fue a sentarse en paz, escuchar música y fumar bareta en cantidades.

Foto por Gertian Bartelsman.

Los gringos y la llegada de los alucinógenos

Publicidad

Al comienzo de los sesenta y al principio del movimiento rock nadie consumía drogas, eso no se conocía y nadie lo había visto. Yo era muy amiga de Los Speakers y las otras bandas que tocaban en Bogotá y ni siquiera se emborrachaban. Si uno salía a tomar con un músico iba máximo por una gaseosa con roscón. Éramos muy sanos, caseros y era una sociedad que todavía no había entrado en todo ese viaje. Lo primero que se probó fue la marihuana, que ya existía aquí, pero estaba muy asociada con el hampa. También era algo muy de Barranquilla, de la Costa, poco tenía que ver con lo que era Bogotá donde la gente no consumía drogas, solo se emborrachaba y punto.

Foto: Archivo personal de Tania Moreno.

Por allá a mitades de los sesenta en adelante y por los mismos rockeros se empezó a oír la historia de las drogas y el movimiento hippie. Por eso nos volvimos súper marihuaneros y después fuimos detrás de los ácidos. En unos inicios llegó la mescalina sintética y los gringos llegaban con talegas enteras de droga y de pastillas. La policía no tenía ni idea qué era eso y ellos sacaban cocaína y entraban pastillas por el aeropuerto y no pasaba nada. Como eso era así, ellos traían y regalaban, ni siquiera era negocio para los gringos y lo repartían porque eran hippies locos. Yo nunca compré porque siempre me regalaban los ácidos.

La aparición de los anticonceptivos y la liberación sexual

Fue algo maravilloso. Llegaron al país entre el '65 y el '66 e influyó muchísimo porque nos ganó un terreno muy grande a las mujeres que los hombres ya tenían hace rato. Así como uno critica ahora a los árabes por el tema del machismo, así eran los padres y los esposos. Luego venía la esclavitud de los hijos porque si te casabas era casi imposible no tenerlos y normalmente las mujeres no habían estudiado y sin el esposo no tenían cómo sostenerse. Con los anticonceptivos las mujeres empezaron a tener sexo libremente y es que se subvaloraba mucho a las que no llegaban vírgenes al matrimonio. Los hippies igual tuvieron muchos hijos y estaban muy ligados al modelo de la familia tradicional. Aunque en Estados Unidos se asociaba mucho el movimiento con el sexo, aquí no era tan así, la gente no era tan abierta pero vivía con sus amigos en las comunas.

Publicidad

El ascenso y el fin de Génesis

Génesis. Archivo personal de Tania Moreno.

Yo me encarreté con Humberto Monroy cuando tenía por ahí 19 años y él 20. Por eso conocí toda la movida y a todo el mundo. Como muchos músicos de la época, él se fue metiendo en un camino místico y con el tema de vivir en comunas en el campo. Llegó un momento en los setenta en el que ya no quería hacer música sino dedicarse a la naturaleza, a la vida y a todos los ideales hippies de la época. Decía que para qué hacer música si ya el sonido de las esferas existía y un cuento así re loco. La 'religión' hippie era una mezcolanza de muchas religiones y así eran las creencias de Humberto. Entre el '72 y el '75 la banda marcó la parada porque fue un fenómeno de vender montones de discos y presentaciones, aparte que su música fue la entrada en forma del rock fusión con música colombiana. Con su amigo Edgar Restrepo grabaron dos canciones que fueron un hit: "Don Simón" y "Quiero Amarte", lo que los puso a sonar en todo lado y les abrió la puerta de Codiscos.El fenomeno Génesis, que era muy fuerte, se acabó porque Humberto empezó a renegar hasta de lo electrónico, diciendo que él ya no quería cargar más equipos ni quería tocar con guitarras eléctricas. En una gira nacional que hicimos con Génesis él comenzó a volverse muy autoritario y dijo que al comienzo del concierto quería que hiciéramos una parte acústica y saliéramos todos de blanco. La segunda parte era mucho más alegre con las guitarras eléctricas y montando la fusión del rock y la música colombiana. El papá de mi hijo mayor pintó las primeras carátulas de Génesis y nos diseñó una ropa de satín súper colorida para esa parte. Fue como un descanso de esa idea de la divinidad del blanco y era la parte que más me gustaba. A mí eso de tanto decirte que "Cuanto te amo" me gustó al principio, pero luego ya lo odié por todas las adolescentes que se morían por eso.

Foto: Archivo personal de Tania Moreno.

Esa gira fue la primera vez que me invitaron a mí y fue la primera vez que me monté en un escenario y estuve con ellos. Ya había grabado percusiones con la banda el año anterior en el estudio de Codiscos en Medellín, pero fue por pura gentileza de Humberto porque aunque tengo ritmo, no es que tenga muy buen oído para la música. En esa gira ya se sintió mucho el quiebre y se pelearon mucho Edgar (Restrepo) y Humberto por esa cosa religiosa, porque Edgar era mamagallista y Humberto empezó con viajes como que nunca se iba a volver a acostar con una mujer que no fuera la mamá de sus hijos. A mí en un momento eso ya me mamó y la tensión dentro del grupo era tenaz. Encima, Humberto se ponía bravo si uno salía o se emborrachaba y el ambiente alrededor del grupo se empezó a volver como un monasterio. Al final de esa gira y después de unos toques que tuvimos a los seis meses, Edgar y yo nos salimos de la banda como a finales del '75.

Publicidad

Con la popularización de la música disco en Bogotá a mitades de los setenta, y la vuelta de la gente joven a las discotecas y la ropa elegante, la mayoría del movimiento hippie criollo se fue olvidando y se quedó en un buen recuerdo para quiénes como Tania, lo pudieron experimentar. Como ella misma nos explicó, las preocupaciones por cuidar una familia -que por lo general empezaba a los 25 años- hizo que muchos de los que hicieron parte del hipismo tuvieran que cambiar sus ideales de "vida libre" por el afán de trabajar para conseguir plata y sostenerse. Aún así Tania, que también sacó adelante a dos hijos, se sostiene en que, aún hoy en día, se metería un viaje alucinógeno si tuviera la oportunidad y que sus ideales hippies de unidad y liberación se mantienen aunque siga pasando el tiempo. Ella no se arrepiente de nada.

***

Este artículo se publicó originalmente en Noisey.


Sigue a THUMP Colombia en Facebook