FIGHTLAND

¿Conor McGregor vive la versión moderna de La Dolce Vita?

Si creemos en el personaje público de Conor McGregor, The Notorious está viviendo una buena vida, ¿Pero qué tan Fellini es su Dolce Vita últimamente?
30.3.16
Photo by Brandon Magnus/Zuffa LLC

Existe cierto tipo de escritor al que le encanta decir que sus personajes lo sorprenden. Es una posición caprichosa, claro, pero la mayoría de los escritores llevan vidas tan resguardadas y sin propósito que volverían a Richmond, el gótico que vive en un sótano en la serie The IT Crowd pareciera mucho más lúgubre de lo normal, así que, ¿por qué envidiarlos por esa extravagancia?

Incluso si estamos de acuerdo con el modelo mitológico de la musa hay límites en los cuales un personaje puede sorprender a su creador. El personaje y sus circunstancias aún pueden existir en el ambiente relativamente controlado que existe en la cabeza del escritor o su habitación.

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Hay muchas más variables involucradas cuando un humano intenta crear un personaje para ellos mismos a través de apariciones en público o redes sociales. En el mejor de los casos, esta persona/personaje está en control de sí mismo y de lo que quieren proyectar ante el mundo. Pero su entorno, circunstancias, otras personas, e incluso hasta cierto punto, la manera en la que responden ante influencias externas, son variables impredecibles.

Es aun más real para el peleador moderno, porque sin importar lo duro que entrenes, lo bien que hables o lo mucho que creas en ti mismo, siempre habrá alguien del otro lado del tatami, ring o jaula que está entrenando, hablando, creyendo y queriéndolo igual que tu.

Incluso el escritor más caprichoso e inspirado puede y debería darse cuenta de estas cosas. Pero un peleador no puede darse el lujo de entretener la idea de que podría perder, lo que puede hacer que una persona excéntrica sea incómoda cuando sucede lo inevitable.

Tomemos a Conor McGregor posterior a UFC 196 como ejemplo. La fanfarronería locuaz y bien vestida de The Notorious —que es en parte pavoneo como el de Ric "The Nature Boy" Flair y en parte bravuconería estilo Bronson (como lo sugirió mi editor)— fue contrastante entre los fans del MMA, pero no podemos discutir que no se mantuvo fiel a su estilo. Pero, en la derrota, la continuación de esos trucos se volvió un poco confusa.

Con Flair, la derrota siempre fue una parte de la narrativa predeterminada del entretenimiento deportivo, una conclusión satisfactoria y salpicada con alegría por la desgracia ajena ante la arrogancia pecaminosa del luchador para el fanático promedio. Y cuando perdía, era fácil continuar con su perfecto pavoneo al duplicar su arrogancia ante la derrota. Pero la línea entre humano y personaje está aún menos definida en el MMA que en la lucha profesional, y McGregor la vuelve más confusa al dejar caer la fachada y hablar de modo honesto y sincero, como lo hizo al aceptar la derrota ante Nate Diaz en su entrevista posterior a la pelea.

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Cosa que vuelve sus esfuerzos por continuar con la bravuconería en este juego actual de redes sociales aun más confusa pero interesante de observar. El consumismo, los trajes y los asientos rojos de su Rolls Royce siguen ahí, pero comienzan a verse un poco diferentes en el contexto de un ego lastimado y ola búsqueda de redención de cómo se veían siendo celebración.

La mirada fija con la que afecta a muchos comienza a verse más herida que amenazante, como si hubiera tristeza escondida en esa cara bonita, una tristeza de la que ningún vehículo de lujo puede mantener a Conor a salvo.

Sin duda está viviendo una buena vida, pero tal vida ha obtenido cualidades al estilo Fellini últimamente. Como Marcello, el periodista que se permite sentirse atraído al estilo de vida de los ricos y famosos sobre los que reporta en el clásico de Federico Fellini La Dolce Vita, McGregor ha caído en las ventajas y desventajas de la fama y la fortuna, y debe comparar su vocación contra las tentaciones que llegan al ser bueno para llevarla a cabo. Incluso su expresión impasible se parece a la de Marcelo mientras está de pie en la playa en los últimos momentos del filme, batallando y fallando al entender lo que le dice la joven que está del otro lado del agua antes de encogerse de hombros y alejarse para unirse a la fiesta con una mujer del brazo.

Y la vida de McGregor, al menos la que le presenta al mundo, ahora es tan abierta a interpretarla como La Dolce Vita continúa siéndolo cincuenta años después de su estreno. ¿Es la existencia de McGregor una caída menor antes de una historia de redención, como si fuera Rocky? ¿Es una historia sobre la arrogancia en un deporte que constantemente demanda humildad y autoevaluación honesta? ¿Es una sutil exploración sobre el vacío de la vida de lujos y el efecto desgastante que tiene en sus participantes? ¿Todas las anteriores? Y, ¿qué tanto de esto es intencional por parte de McGregor? ¿Qué tanto de esto va más allá de su control?

En cuando a la promoción, McGregor ha sido casi imposible de ignorar por su sorprendente habilidad de promocionarse a sí mismo y a sus peleas, y manipular psicológicamente a la mayoría de sus oponentes. En la jaula, ha sido interesante verlo por su habilidad de superar a (la mayoría de) sus oponente. Pero la derrota le ha agregado un combate interesante a la historia de McGregor: la batalla entre la mitología implacable de Notorious y la cambiante realidad de McGregor.