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genética culé

El lado oscuro ‘del ADN Barça’ y las cesiones de La Masia

Primero fue Cesc. Luego Piqué, más tarde Jordi Alba. Y ahora… ¿ Héctor Bellerín? Te contamos las eficaces tretas con las que la expresión “el ADN del Barça” se ha convertido en el negocio perfecto de los blaugrana.

por Will Magee
22 Septiembre 2016, 9:20am

PA Images

Durante el transcurso de su largo y amargo romance con Cesc Fàbregas, la frase "el ADN Barça" se escuchó en varios momentos. Xavi, el entonces icono de la adulación entre el ejército de políticos, diplomáticos y consagrados manipuladores de Barcelona, declaró en 2009 a las páginas de El Mundo Deportivo que: "Espero que Cesc llegue. Es un futbolista que lleva el ADN del Barça y está demostrando en el Arsenal que está a otro nivel". Desde aquel día ese ADN se convirtió en la justificación definitiva, en el insoslayable motivo que explicaría el traspaso de Cesc. La mera noción de que el jugador pertenecía inherente y genéticamente a Cataluña fue empleada de manera subrepticia en cada momento del regateo público catalán, hasta que, dos años después, los azulgrana obtuvieron a su ansiado objetivo a un precio "modesto".

Durante el verano de 2011 Fàbregas partió rumbo a Cataluña y la sensación que dejó en Londres es que su paso por el Arsenal no había sido más que una cesión divinizada. Arsene Wenger le había fichado con 16 años como una inversión de futuro procedente de La Masia. El técnico francés le concedió espacio para que creciera y se expresara libremente como futbolista, pulió su técnica y le hizo florecer como individuo. Y eso solo le sirvió para ver cómo se lo arrebataban de las manos en el momento culminante de su carrera. Y por mucho que no fuera culpa de Fàbregas, tampoco ayudó demasiado que su periplo en el club londinense coincidiera con un declive deportivo del Arsenal; además, el club se sintió defraudado por el egoísmo del futbolista. Y aún así, la verdad es que Cesc, ya fuera o no por el ADN Barça, estaba a otro nivel que el resto de sus compañeros. Y con eso en mente, el Barça se aprovechó de su vínculo con La Masia y no tuvo reparo en explotar el sueño de infancia de su expupilo.

Fàbregas jugando con el Arsenal en 2007 // Via

La palabra "explotar" no está escrita a la ligera, por mucho que es posible que Fàbregas ni siquiera la hubiese advertido en su día. En realidad, durante sus días en La Masia, nadie pensó que el futbolista de Arenys de Mar estuviera en condiciones de saltar al primer equipo, a pesar de su prodigioso talento y de su imparable capacidad goleadora. La tan manida expresión "ADN Barça" sirvió para teñir de color de rosa la memoria de sus días en Barcelona, justo antes de ser arrebatado de la jungla de asfalto del norte de Londres. Claro que la realidad es que Cesc aprendió gran parte de su juego en las instalaciones de Colney, lo cual explicaría, probablemente, porque el chaval con el "ADN Barça" terminaría convertido en un inadaptado, en poco menos que un excedente, solo tres años después de su apoteósico regreso a casa.

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Fabregas no es el único jugador que ha dejado Barcelona en busca de un nuevo equipo. Es como si La Masia tuviera su propio campo magnético, que se activa cuando algún expupilo empieza a despuntar. Sucedió algo muy parecido con Gerard Piqué, que fue arrebatado de las manos del Manchester United cuando ya estaba a punto de caramelo. Jordi Alba, a quien el Barça dejó partir en 2005, es otro futbolista cuyo rastro emularía al de Cesc. Alba se convertiría en uno de los mejores laterales izquierdos de la Liga con el Valencia. Y en 2012 el Barça empezó a desplegar sus tentáculos. Poco después, Alba estaba de nuevo en Cataluña a precio de ganga: 14 millones de euros.

Y ahora, para disgusto de su actual hinchada, parece que Héctor Bellerín podría ser el siguiente jugador en regresar como un bumerán después de completar una meteórica ascensión en un club foráneo. Esta vez ha recaído en el vicepresidente blaugrana Jordi Mestre la misión de entonar el canto de la sirena. "Ya le conocemos como a culé", habría dicho Mestre. "Es un gran jugador, no hay ninguna duda al respecto. Basta con fijarse en los casos de Cesc, Piqué, Alba y Denis Suárez... Es muy positivo que hayan acumulado minutos en otros clubes. Es una dinámica que siempre ha demostrado tener buenos resultados para los futbolistas que llevan el ADN del Barça en su sangre".

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Vaya, que la explotación del término "el ADN del Barça" no podía ser más obvia que en este caso. Es el sello intransferible del modus operandi de La Masia: primero se deja partir al joven, se espera a que madure y entonces el Barça le recuerda cuáles son sus raíces, se asegura de su intención de regresar y, finalmente, se aprovecha de ello para llevárselo regalado.

Jordi Alba jugando contra el Barça en 2011 // PA Images

Si bien todavía no está claro si Bellerín será tan fácilmente seducido como sus antecesores las evidencias sugieren que debería de ser cauteloso. Al igual que Fàbregas, Bellerín ha crecido como futbolista en el norte de Londres y, a sus 21 años, todavía le queda mucho que aprender antes de convertirse en el producto final que le exigirá un club como el Barça. Claro que dicho esto, el hipnótico efecto del Camp Nou es innegable. Y la promesa de un futuro plagado de títulos es otro de los irresistibles reclamos del magnetismo catalán. Sea lo que sea lo que decida Bellerín, todo apunta a que su traslado es solo una cuestión de tiempo.

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Quizá haya llegado el momento de que los clubs que se han acostumbrado a fichar a los jóvenes cachorros de La Masia decidan hasta qué punto les sale a cuenta el traspaso a corto plazo, o si más bien el auténtico beneficiario de todo el sistema es el club que les está explotando: el celador del talento catalán, el Barça.

@W_F_Magee