Consumo Responsable

Michael Pollan quiere que salgas de Internet y regreses a la cocina

Una de las voces principales del movimiento slow food, Michael Pollan nos pide que dejemos nuestras queridas bolsas de papitas y observemos exactamente lo que estamos comiendo.

por Matthew Zuras
03 Marzo 2016, 7:00pm

Como una de las voces principales del movimiento slow food en Estados Unidos, Michael Pollan ha defendido durante mucho tiempo que dejemos nuestras queridas bolsas de papitas y observemos exactamente lo que estamos comiendo. En su visión de un mejor futuro, pasaremos las tardes revolviendo con un brazo una olla de frijoles no transgénicos y tocino de raza, mientras que el otro le da forma a la masa de pan bien fermentado hecho de harina local. Estaremos compartiendo ese pan con nuestros seres queridos y tomando en serio la procedencia de nuestra cena, no empujando Frito pie en nuestras fauces mientras miramos compulsivamente Soo Yo Think You Can Be America's Next Extreme Housewives o lo que sea.

Durante años ha estado diciendo esto -en términos mucho más refinados- a través de sus libros Food Rules, The Botany of Desire, The Omnivore's Dilemma y In Defense of Food, entre otros, en los cuales ha investigado granjas industriales, aditivos innombrables y los muchos intereses corporativos que han secuestrado nuestro sistema alimentario. Él nos ha dado el muy citado pero todavía vigente credo: "Comer alimentos. No muchos. Sobre todo plantas."

Pollan's latest opus is Cooked, a four-part docu-series conceived with filmmaker Alex Gibney (of Going Clear and Enron: The Smartest Guys in the Room) that premiered on Netflix earlier this month. Based on his 2013 book of the same name, the series examines the diminishing role that cooking plays in American lives while highlighting its endurance in other parts of the world.

La obra más reciente de Pollan es Cooked, una serie de documentales dividida en cuatro partes concebida con el cineasta Alex Gibney (de Going Clear y Enron: The Smartest Guys in the Room) que se estrenó en Netflix a principios de este mes. Basada en su libro de 2013 con el mismo nombre, la serie examina el papel disminuido que cocinar juega en las vidas estadounidenses mientras destaca su resistencia en otras partes del mundo.

"Darnos o no el tiempo para cocinar es una decisión real acerca de nuestras prioridades," me dijo Pollan por teléfono esta semana. "Es muy fácil no cocinar. Pero en los últimos diez años todos nos hemos dado tiempo para gastar entre dos y cinco horas al día en línea."

Cada uno de lo cuatro episodios (producidos por Stacey Offman, Caroline Suh, Lisa Nishimura y Adam Del Deo, respectivamente) aborda un aspecto elemental de la cocina: fuego, agua, aire y tierra. Su enfoque interdisciplinario a la cocina es claramente Pollaniano, combinando historia y antropología, química y política alimentaria, junto con algún buen sermoneo tradicional.

Como un usuario de YouTube comentó en el trailer del programa: "Esto se ve realmente interesante, pero probablemente me hará sentir horrible sobre lo que preparo para cenar cada noche."

De hecho, puede que sí. Pero ¿deberíamos esperar menos del tipo que aconsejó a la gente "salir del supermercado en cuanto pudiera?" get out of the supermarket whenever you can.

A lo largo de los años, los críticos de Pollan han argumentado que el evangelismo de alimentos impulsado por el mercado de agricultores no concuerda con la realidad financiera de los estadounidenses de bajos ingresos. Otros han cuestionado su interpretación de la historia de la cocina y la política de género envuelta en ella. En un artículo de Salon de 2013 que se opuso a la nostalgia culinaria de Pollan, Emily Matchar afirmó: "Contrario al mito de la tatara-tatara-abuela feliz y con mejillas de manzana, cocinar raramente se ha visto como una fuente de realización personal, históricamente hablando."

Esa nostalgia persiste un poco en Cooked, el libro y la serie. En el libro, Pollan sostiene que "la mayoría de nosotros tiene recuerdos felices de ver a nuestras madres en la cocina"; en la serie, su narrativa decae un poco cuando relata un verano idílico de la infancia que pasó en el viñedo de Martha, con su cerdo mascota, el cual le dio más tarde a su vecino, el cantante de folk James Taylor.

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Foto cortesía de Netflix.

Pero el programa compensa el sentimentalismo de Pollan con viñetas dinámicas y francamente magníficas de personas cazando, cocinando y comiendo –y no simplemente por el placer de sentarse alrededor de un hogar refulgente–. Vemos a una madre en Marruecos preparando khubz a mano y enviando a su hijo con la masa de pan con levadura para cocerse en un horno comunal. Vemos a los Martu de Australia occidental cazando goanna (una especie de lagarto monitor grande) y clavando un pavo de matorral en las brasas de una fogata. Estas escenas nos sacan de la casa bien equipada de Pollan en Berkeley y nos introducen al mundo real, donde la gente está cocinando como lo han hecho por generaciones.

La serie consigue también maravillosamente destacar a las personas que tratan los alimentos como más que simple sustento o como sólo un negocio más –desde famosos como el laureado ganador Ed Mitchell hasta el genio nerd Nathan Myhrvold de The Modernist Cuisine, así como también personas como Eliza MacLean de la Granja Cane Creek, quien pastorea y cría cerdos y otros animales en Carolina del Norte.

"Creo que estamos en este gran periodo de remembranza cultural después de un periodo de olvido," Pollan dijo, "y para quien las preguntas '¿De dónde viene mi comida? ¿Dónde se hace?' están en su mente, estará muy interesado en este largometraje."

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Quizás inevitablemente, el episodio centrado en la barbacoa alude a los corrales de engorda y a las condiciones abominables dentro de las granjas industriales. Considerando la premisa del programa de quitar la venda acerca de de dónde viene nuestra comida, le pregunté a Pollan por qué nunca llegamos a ver uno de los cerdos (muy adorables) de MacLean ser sacrificado.

"Podríamos haber mostrado una masacre de granja, lo que no habría sido difícil, y a lo que no me hubiera negado," dijo. "Una de las cosas acerca de ese episodio es que no se trata de porno de comida. Hay un montón de cosas difíciles de mirar [en él]. Hay mucho que soportar antes del placer de ver a esa mujer probando su primer bocado de cerdo al final. Es demostrar el punto de que hacer carne es una transacción muy ambivalente y emocionalmente compleja."

Es cierto que la serie puede dar a algunos espectadores una perspectiva fresca sobre la carne, especialmente a aquellos cuyos gustos en TV de comida gravitan más hacia Chopped que hacia Food, Inc. Pero la carne (y nuestra experiencia típicamente sin contacto con ella) es sólo uno de los muchos problemas que Cooked plantea. En aproximadamente cuatro horas, aborda una hilera admirablemente grande de la red nebulosa de comercio, tradición y sabor que constituye el enfoque del siglo XXI para comer.

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Si Cooked tiene un defecto es que Pollan no parece tener una solución concreta para que la gente regrese a la cocina además de alentarlos a encontrar el tiempo para hacerlo. Cuando le pregunté cómo un padre soltero que tiene dos empleos podría incluir comida casera en su agenda, volvió a la cuestión de las prioridades.

"Hacemos tiempo para las cosas que valoramos", dijo. "El mensaje de la serie es: Mira lo valioso que es esto. Mira lo que puede hacer por ti. Mira lo intelectualmente estimulante que es, lo sensualmente agradable que es. Y quizá esto es algo para lo que quieras hacer un poco de tiempo. Entiendo completamente que trabajamos muy duro y que estamos presionados por el tiempo, pero también creo que ésa es una historia que nos contamos a nosotros mismos, una historia que nos cuenta la industria. Y antes de simplemente aceptarla, [debemos] preguntarnos a nosotros mismos, '¿Hay una manera de hacer de esto un poco más? ¿Una noche a la semana, podría hacer un poco más de cocina casera?'"

Pollan también reconoció que la serie representa a menudo "grandes experiencias primitivas", y que la mayoría de los espectadores probablemente no se inspirará para destripar un goanna o para construir un pozo de barbacoa en el patio trasero.

"La serie es ambiciosa", dijo, "pero cocinar en casa no. No es el tipo de alimentos que ves en los restaurantes o en programas porno de comida, lo cual es muy intimidante y una pérdida de tiempo. Mi comida del miércoles por la noche me lleva 20 minutos de preparación. No sé si es algo más de tiempo que lo que toma marcar [a un restaurante], ver un menú de comida para llevar y llamarlos y esperar a que se presenten con la comida. Podría ser más fácil, y tal vez alcance a ver un programa de comida mientras estoy a la espera de que llegue."

Pero Pollan no desestima el impulso de ordenar para llevar como uno de pereza pura . Él cree que hemos perdido una formación culinaria crítica que de lo contrario nos dirigiría hacia la cocina, en vez de hacia Seamless. "Tenemos que enseñar a cocinar en las escuelas para que todo el mundo conozca la habilidad humana muy básica de cómo asar un pollo. Hay tres comidas si sabes cómo asar un pollo," dijo Pollan. "¿Y sabes qué? No es ciencia espacial."