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Como chef, desearía que Yelp no existiera

Un chef y restaurantero nos dice por qué leer las reseñas de Yelp sobre sus propios restaurantes es una de las más horribles experiencias. Si eres de los que escribe en Yelp, te gustará leer esto.
Photo via Flickr user johnjoh

Bienvenidos a nuestra columna Confesiones de Restaurantes, donde le damos espacio a las voces no escuchadas de la industria restaurantera, esas que están tras bambalinas. Entérate de lo que ocurre en la parte obscura de tus restaurantes favoritos.

Sí leo las reseñas de Yelp sobre mis restaurantes. Cuando recién abrimos, solía leerlas mucho más frecuentemente que ahora, pues pensaba que era muy cool ver a la gente hablando sobre los distintos establecimientos de comida—para bien o para mal—. Pero, como suele ocurrirme muy seguido, estaba profundamente equivocado.

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Cuando trabajas para alguien y lees una mala reseña sobre ese lugar, te sientes un poco responsable, pero cuando eres el dueño, las malas reseñas se convierten en una espantosa obsesión negativa. Sientes como si la persona que escribió mal de tu lugar hubiera insultado a tu mamá o a tu hijo. Entonces automáticamente piensas: ¿Qué carajos?, ¿cómo te atreves a hablar así de mi hijo?

Recientemente estuve leyendo algunas de nuestras reseñas y me molesté mucho. Una, particularmente, me causó especial enfado porque era de un tipo que vino el fin de semana pasado. Dijo que ya había escuchado del restaurante, pero que le parecía que estaba sobrevalorado, pues no había cumplido con las expectativas que le dejaron los comentarios de sus «prominentes amigos chefs de Nueva York». Lo leí y pensé: vete a la mierda, yo conozco a mucha gente también y sinceramente no creo que quien sea que conozca sea tan prominente. Nadie lo es. Así que vino a comer a mi restaurante con sus nociones preconcebidas sobre lo que iba a odiar. Y luego, ¿lo odió? Entonces ¡debería haber escrito una reseña positiva porque encontró exactamente lo que esperaba encontrar!

Pensé: Yelp apesta, porque muchos escriben las reseñas en base a sus expectativas y no a la realidad de la experiencia.

Nuestro restaurante ha recibido una gran cantidad de buena prensa, pero hasta este momento, hace mucho que no recibíamos reseñas. Así que, los yelperers actuales están respondiendo a una vieja reseña—¡vieja de hace años!— y esperan encontrar exactamente el mismo plato. ¿En serio?

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maldon sea salt

Sal de mar Maldon.

Entonces, la gente viene y luego escribe en Yelp que nuestro lugar es «demasiado casual». Vete a la mierda, de nuevo. Solo porque nos hacen una buena reseña en una buena publicación, no significa que nuestro ambiente es de manteles largos y tenedores de ostras. No tenemos esta actitud jípster de servicio mamón, realmente intentamos hacer todo lo posible para complacer a la gente, nos gusta asegurarnos que están cómodos. Si a alguien no le gusta algo de lo que comió, con mucho gusto lo cambiamos o simplemente lo sacamos de la cuenta. Pero, si el comensal no se queja cuando está en el restaurante, no podemos hacer nada para remediar el error. Eso es simplemente imposible.

Si no te gusta el restaurante que te recomendó un amigo, deberías hacerle una reseña a tu amigo. Tipo: «Mi amigo Jim me dijo que este lugar era bueno, pero Jim es un completo mentiroso de mierda, porque fui y resultó que el restaurante no me gustó». En cambio, la gente escribe cosas como: «Este restaurante apesta porque pensé que iba a tener manteles largos de tela blanca y no los tenía». ¿Ves la diferencia?

Jim apesta. Todos los Jims apestan.

Yo nunca he respondido a una reseña de Yelp, ni lo haré. Ni siquiera he posteado reseñas yo mismo. Es como cuando estás enojado con tu jefe, con tu novia, novio, o con tus padres y les escribes un email largo y fastidioso, pero te detienes antes de enviarlo y te dices a ti mismo: No voy a enviar eso, ¿estoy loco?, ¿tengo 13 años?

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El problema es que las reseñas de Yelp son subjetivas y nunca son representaciones exactas de tu comida, servicio o tu equipo. Seguro que hemos tenido meseros idiotas en todo el tiempo que llevamos en este negocio, pero los despedimos y no somos tan idiotas como para contratar siempre a puros meseros idiotas.

Es duro. No me gusta enfrentarme con la gente, pero me enoja mucho cuando los clientes le tiran mierda a mi gente. A un tipo lo eché del restaurante tres veces porque simplemente es un estúpido. La segunda vez que lo eché—luego de que llamó «zorras» a mis meseras la primera vez, pero antes de la tercera, cuando se sentó en una mesa reservada y se negaba a levantarse—le dije que no era bienvenido y me dijo que necesitaba tener un cartel con el reglamento del restaurante colgado en la pared. No, no lo necesitamos, esto no es una pinche piscina comunal. Así que lo corrí.

Mi comentario favorito de todos los tiempos en Yelp es uno que se refería a la sal de mar Maldon—o «pedazotes de sal», como el/ella los llamaba—. Decía algo así: «Claramente no saben lo que hacen, porque usan pedazotes de sal que no se disuelven». Entonces ahora en la cocina decimos: «¿Me puedes pasar los pedazotes de sal, por favor?»

La verdad, tengo mucha confianza en nuestra habilidad para cocinar, porque además probamos todo lo que nos regresan (para saber si realmente sabe mal), pero juro por Dios que algunas personas le tienen miedo a la comida un poco más compleja de lo que acostumbran comer.

En otro momento, alguien dijo que las ostras eran muy saladas, y ni siquiera les ponemos sal. Esta señora comió una ostra cruda y dijo: «Esto es muy salado, es un asco». Pensé en decirle que debería estar enojada con Dios y no con nosotros.

Creo que Yelp a veces atrae a clientes que no queremos. Sé que suena mal. Pero a ver, queremos que todos nuestros clientes están contentos, pero no queremos que vengan con la intención de comprobar toda la mierda que dicen sobre nosotros. Quiero que la gente venga porque quiere probar nuestra comida y no porque cree que va a esperar puras porquerías.

Quizás hay gente que solo sale para comer y poder escribir luego en Yelp. Quizás tengan un club. Sé que Nueva York está repleto de gente rara y de turistas, pero siento que recibimos a muchos yelperers que se sorprenden con el puré de papas con wasabi—eso me hace creer que se quedarón atrapados en el tiempo—.

Sí, desearía que Yelp no existiera, pero la verdad es que tampoco me preocupa. Simplemente creo que no ayuda mucho. No, espera, no ayuda en nada. La verdad es que solo perpetúa esta situación de expectativas idiotas que no tienen fin y nunca va a ser posible promover efectivamente un restaurante, sea bueno o malo, porque todo es completamente subjetivo y desafortunadamente mucha gente toma las opiniones como verdades absolutas.