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Identidad

Hablamos con el fotógrafo de gatos más famoso del mundo

Larry Johnson viaja por todo el mundo y cobra cientos de euros por fotografiar a las mascotas de los amantes de los gatos.
9.11.15
Photo courtesy of Larry Johnson

Para todas las locas y los locos de los gatos que se esfuerzan por plasmar toda la belleza de sus mascotas en Instagram, que sepan que solo hay una opción: Larry Johnson. Este fotógrafo residente en Louisiana es el Bruce Weber de la fotografía gatuna. Viaja por todo el mundo y cobra a los «gatófilos» cientos de euros por sacar el retrato perfecto de su amado animal rescatado o de pedigrí. Ahora, además, es la estrella de un nuevo documental corto titulado, The Purrtraitist.

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El director Mark Zemel acompañó a Johnson durante un fin de semana en la exhibición de gatos de Central Jersey, tras haber coincidido con él en un evento anterior celebrado en Connecticut unos años antes. «Charlamos un rato y lo vi trabajar; entonces fue cuando decidí que quería hacer un documental sobre Larry», dijo Zemel. «Al principio me sorprendió que existiera una profesión semejante, pero si piensas en ello, tiene todo el sentido: los gatos de exhibición deben tener retratos glamurosos».

«Larry es muy conocido. Cuando me preguntaban qué estaba grabando y les decía que era un documental sobre Larry Johnson, todos afirmaban conocerlo, tener fotos hechas por él y estar encantados con su trabajo. No hay duda de que es un encantador de gatos», añadió Zemel.

Cuando llamé a Johnson a su casa de Baton Rouge para que me contara más cosas sobre la vida de un fotógrafo de gatos de alto standing, lo que más me sorprendió fue la absoluta e incombustible pasión que siente por su trabajo. Es capaz de enumerar de carrerilla las características de cualquier raza de gatos como un loco de la química recitaría los elementos de la tabla periódica. Tiene un completo repertorio de sonidos gatunos para comunicarse con sus modelos: ronroneo suave de aprobación, un chasquido con la lengua y un silbido que supongo que en el idioma de los gatos deberá de significar Mira aquí para que te haga la foto más cara de tu vida, minino.

«Es todo un arte en sí mismo», me dijo Johnson. «Tienes que saber compenetrarte con los animales, o de lo contrario no cooperarán. Tienes que gustarles y ellos a ti. En cualquier caso, tengo un talento natural para los animales». Curiosamente, Johnson tuvo un perro como mascota durante su infancia, aunque confiesa que prefiere fotografiar gatos. «Son animales con muchos matices de personalidad, no como los perros, que son más: "¡AQUÍ ESTOY!"».

Larry Johnson, fotógrafo gatuno reconocido internacionalmente. Captura de pantalla vía The Purrtraitist.

Los estadounidenses gastan una media de 60,59 mil millones de dólares en el sector de los animales domésticos (en España esta cifra es de 2.200 millones de euros), y según un estudio realizado por APPA National Pet Owners, el gato es la segunda mascota preferida del país, con 85,8 millones de ejemplares (el primer puesto lo ocupaban los peces de agua dulce). Eso significa que existe una gran demanda de personas como Larry Johnson, quien afirma que solo hay un reducido grupo de fotógrafos de gatos profesionales en todo el mundo.

«No hay mucha gente que haga este tipo de trabajo», me contó. «Para poder fotografiar bien a los gatos, tiene que haber alguien que sepa cómo tratarlos. No puedes simplemente ir al estudio de fotografía de tu barrio. Incluso hay fotógrafos profesionales que me envían clientes, porque sé cómo hacer que los gatos interactúen».

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Johnson dice que solo lo han mordido una vez, y «porque el gato pensó que mi dedo era un juguete». Como si fuera un híbrido entre un cuidador de animales exóticos y la madama de un burdel francés, Johnson llena sus maletas con juguetitos de vivos colores, ratones de trapo con plumas y cintas con cascabeles con los que seduce a sus modelos fotográficos para que hagan su voluntad. A veces incluso se lleva una pequeña tienda de campaña para poder tener un poco más de intimidad durante sus sesiones.

Foto cortesía de Larry Johnson

«Cuando trabajo, estoy en un recinto amplio en el que hay entre doscientos y trescientos gatos y unas ochocientas o mil personas. Además hay mucho ruido, anuncios de megafonía y otras distracciones. En esas circunstancias, tengo que conseguir que el gato me preste atención a mí».

Johnson era profesor de música en una universidad de Illinois, hasta que decidió mudarse al clima tropical de Miami, donde se aficionó a fotografiar las hipervívidas «puestas de sol, los pájaros, las flores…». Se apuntó a un club de fotografía y la mujer de los miembros (que a su vez era presidenta de un club de gatos de la zona) le encargó un retrato de su gato. Aquella imagen acabó siendo la portada del boletín del club.

Foto cortesía de Larry Johnson

Treinta años después, Johnson es uno de los fotógrafos de gatos más populares del país. Con una estética superadorable, habitualmente complementada con fondos de terciopelo de vivos colores, los sujetos de sus retratos posan con expresión embaucadora y aquiescente. Johnson calcula que cubre unas 35 exhibiciones de gatos al año y en sus viajes ha visitado Toronto y Salzburgo. Su fama ha llegado incluso a Japón, donde ya ha estado «ocho o nueve veces, a veces una vez al año o cada dos».

En China, Johnson retratará casi a cien gatos en un solo fin de semana, una hazaña maratoniana que requiere buenas dosis de paciencia. «Los gatos chinos son los más difíciles», explicó. «Son mucho más listos, y cuanto más listos son, más complicado resulta trabajar con ellos, porque como decidan que algo no les gusta, no hay nada que hacer».

Foto cortesía de Larry Johnson

Si llevas tiempo intentando sin éxito sacar una buena instantánea de Sophie o de Napoleón, Johnson aconseja que tomes distancia. «No trabajes muy cerca de ellos, mantente alejado un metro y medio. La primera vez que retraté un gato estuve un buen rato arrastrándome por el suelo hasta que conseguí que el animal estuviera justo donde quería».

Johnson admite que suele retocar sus fotos y que lo más satisfactorio es cuando consigue transformar un gato poco fotogénico en toda una estrella de portada de revista. «No uso Photoshop para manipular las fotos, solo me limito a depurar lo básico, como quitar los pelos de gato del fondo. ¡No cambio la naturaleza del gato! Me encanta cuando viene gente a decirme: "¡Vaya! Has conseguido hacer que mi gato parezca mejor que lo que es en realidad".