Hice alcohol con mi propia saliva y me lo bebí

Como vegano, creo que la única forma ética de consumir productos animales es si provienen de mi propio cuerpo.
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Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

He sido vegano o vegetariano desde que era adolescente, porque creo que es malo matar por placer. Como tal, constantemente recibo sermones sobre las carencias de mi vida como resultado de no comer animales.

La gente dice que me estoy perdiendo el placer de probar un caldo grasoso de ramen, o la fibrosidad de las costillas en salsa BBQ cuando puedes roer la carne del hueso, o que mi cerebro se está convirtiendo en papilla porque no estoy obteniendo suficiente omega 3 o algo así.

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En un intento por probar lo que me estaba perdiendo, decidí consumir productos animales provenientes de la única fuente verdaderamente ética: yo mismo. Es por eso que me voy a embarcar en una serie de experimentos en los que prepararé diversos alimentos y bebidas a partir de mi propio cuerpo y documentaré todo.

Primero, una bebida alcohólica hecha de mi propia saliva.

Las bebidas a base de saliva tienen una larga historia. Chicha, una bebida de los Andes que se fabrica masticando maíz y dejándolo fermentar, ha existido por cerca de 7,000 años. Si bien es difícil imaginar cómo una cultura antigua pudo haber tenido esa idea, es algo que también se ha realizado en muchas otras partes del mundo: Brasil tiene el cauim y Perú tiene el masato, ambos hechos de raíces masticadas. En Japón, se llama kuchikamizake y se hace masticando y escupiendo arroz, mijo o castañas; tal vez lo hayas visto en la película Your Name.

Estos métodos funcionan porque producimos una enzima llamada amilasa en nuestra saliva cuando masticamos alimentos con almidón, que, cuando se combinan con levadura, se fermenta y produce alcohol.

Decidí usar el método japonés, porque beber arroz viejo y masticado sonaba como el más apetecible de los métodos disponibles. No estoy seguro por qué.

Para llevar a cabo el proceso recibí la ayuda de Todd Bellomy, un autodenominado geek del sake que dirige el blog Boston Sake y ha preparado su propio kuchikamizake en el pasado.

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"Cuando aprendo algo nuevo me gusta pensar, ¿de dónde viene ?", me dijo por teléfono sobre su propio experimento con sake hecho con saliva. "Entonces leí sobre las tradiciones japonesas antes de que se consumiera el arroz y lo que sucedió en esta área de la historia japonesa llamada el Período Jōmon. La gente hacía alcohol antes de conocer el arroz. Y comencé a descubrir que en todo el mundo existe una tradición de hacer alcohol con saliva. [Era una] experiencia neolítica bastante común".

Tradicionalmente, estas bebidas se fermentan con las partículas de levadura silvestre que se producen naturalmente en el aire. En vista de que vivo en Los Ángeles, que supuestamente tiene una peor calidad del aire que el antiguo Japón o Perú, agregué un poco de levadura de cerveza a mi saliva.

Bellomy tuvo la amabilidad de enviarme levadura White Labs sake #9, que, al parecer, es de las mejores. Insistió en enviármela porque sentía que el único tipo de levadura de sake que podía encontrar en Los Ángeles era "asquerosa", lo cual me pareció una inquietud extraña, ya que iba a verterla en un frasco de saliva, pero agradecí que se hubiera preocupado por mí.

Arroz masticado, antes de añadir la levadura

Me explicó que debía masticar el arroz hasta que adquiriera un sabor dulce, lo que significaría que la amilasa estaba haciendo efecto. Y eso es lo que hice, en el transcurso de unas pocas horas en casa. Después de algunos bocados, tomaba un sorbo de agua y lo escupía en el tarro, para que mi sake no terminara demasiado espeso, imposible de beber (el kuchikamizake era originalmente una pasta espesa que se comía con palillos chinos).

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Mientras masticaba el arroz y lo escupía en el tarro, comencé a preocuparme de que todo fuera una broma y tal vez la única razón por la que Bellomy estaba siendo tan útil era engañarme para que bebiera un frasco de mi propia saliva. Lo cual hubiera sido una broma genial, no creo que me hubiera molestado.

Una vez que mastiqué todo el arroz y agregué la levadura, lo cubrí sin apretar demasiado la tapa y lo dejé en mi refrigerador por dos semanas para fermentar, revolviéndolo a diario.

La mezcla al final de su fermentación de dos semanas

La idea de beberlo no me había molestado al principio. Anteriormente, en los tiempos difíciles, me tocó compartir una cerveza abandonada con otras seis personas. Sé lo que es tomar una bebida a base de saliva. Pero a medida que pasaba el tiempo, la idea de ponerla en mi boca se volvió cada vez más repugnante. Cada vez que abría mi refrigerador y veía el tarro, mi cuerpo entero se retorcía.

También leí sobre cómo los biberones victorianos mataban niños debido a la cantidad de bacterias que recolectaban, lo que me hizo empezar a preocuparme de quedar envenenado en el proceso de beber un vaso de mi propia saliva.

Filtrando los grumos (izquierda) y el kuchikamizake listo para beber (derecha)

Cuando lo saqué del refrigerador el día del consumo, olía dulce y alcohólico y tuve que contener las arcadas. No tenía el equipo necesario para medir el contenido de alcohol, pero leí en algún blog que quienes preparan alcohol casero pueden saber qué tan fuerte es su brebaje en función de las burbujas que surgen cuando agitas el frasco. No tenía un marco de referencia, así que no sabía si las burbujas eran grandes (lo que implicaría una infusión fuerte) o pequeñas (lo que indicaría una mezcla más débil), pero había burbujas, lo que me hizo sentir un poco más seguro de que no me estaban trolleando. Bellomy me dijo que llevó su kuchikamizake a un laboratorio y que resultó en un 7 por ciento de alcohol por volumen.

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Después de colarlo en una jarra, serví un vaso y me preparé mentalmente al recordar el hecho de que los alimentos y bebidas que consumo están cubiertos de saliva cuando los trago.

El sabor era… de hecho no tan malo. Algo así como sake diluido pero mucho más agrio. Como pueden ver arriba, el primer sorbo fue bastante estremecedor, pero cuando llegué al tercero, pude tomarme el vaso como cualquier otra bebida.

Después de beber toda la botella, no estaba seguro de que me hubiera embriagado. Me concentré tanto en tratar de descubrir si me sentía borracho que ya no podía dar sentido a ningún tipo de sensación en mi cuerpo. Sentí algo, pero no estoy seguro si fue por la embriaguez, el cansancio o la ansiedad de estar bebiendo una botella de saliva.

Casi logré beberme el frasco entero sintiéndome totalmente bien. Pero, por alguna razón, di un sorbo que tenía un fuerte sabor a ajo y tuve que pasar un par de minutos recorriendo mi apartamento de un lado al otro, tratando de no vomitar.

En general, diría que la experiencia implica un esfuerzo mayor de lo que valen cuatro vasos de una bebida alcohólica hecha con saliva. Tal vez si estuviera en prisión o en un internado o algo así, le daría otra oportunidad. En el futuro, probablemente me limite a comprar mis bebidas en la tienda.

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