Estas han sido mis cosas favoritas del MadCool 2018

Sí, a pesar de todo.

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jul. 17 2018, 2:53am

Imagen de Jesús Calonge

MadCool, MadCool, MadCool, tú que querías ser el rey de los festivales españoles autocoronándote con una noria coachellera y con una ristra de nombres internacionales. Tú que nos pusiste ojitos anunciando a Pearl Jam como cabeza de cartel. Cuánto nos has hecho hablar, cuánto odio has generado, cuánta rabia y desconsuelo. Que si largas colas, que si no funcionan los datáfonos, que si hay solapamiento de grupos, que si zona VIP, que si aforo limitado, que si...

A pesar de la organización y de los momentos malos que nos ha brindado este finde y del que ha han hablado muchos, hablemos también de lo bueno. Porque ha habido cosas buenas, aunque no lo creáis. Aquí va mi top MadCool 2018:

PRIMER DÍA

Eels

Con ellos empecé el festival. La banda de Mark Oliver Everett convertía la desgracia en las mejores historias tal y como hizo el líder en su libro Cosas que los nietos deberían saber . Un pasado lleno de dolor, drogas y una familia desestructurada conforman un temblor que convierten a la música de Eels en un claro ejemplo de lo que debería ser “vibrar” en un concierto.

El stand de Coca-Cola Mix

Me dijeron que probara su combinado de Ron Rouge. Un cóctel muy de “tardeo” con el que me quedé en su zona de chill out tranquilamente hasta que comenzó el soul/gospel de Leon Bridges. El sol cayendo, mi copazo de Coca-Cola Mix y la gente meciéndose al son de “River”. Tenía la Georgia de Bridges en mi mente y me sentía Ray Charles.

La hora y media que esperé en un buen sitio para ver a Pearl Jam en el escenario principal

Vale, esto no me moló nada de nada. Pero repasé mentalmente aquel concierto que dio el grupo en el Pinkpop del 92 y se me enfriaban las yemas de los dedos al imaginármelo. En aquel concierto el joven Eddie Vedder se subía a una grúa de cámara para tirarse al público. Busqué las cámaras del escenario MadCool y recé para que repitiera el mismo show. Se apagaron las luces, sonaron las primeras cuerdas de ‘Release’ y el público –incluida yo, claro- nos quedamos hipnotizados, Vedder salió vestido con una camiseta de Pantera en honor a su fundador y batería Vinnie Paul, fallecido hace menos de un mes. Empezó a cantar cual budista reza el “OM”. Se me saltaron las lágrimas. Nunca había llorado en un concierto. Miré al tipo que tenía a la derecha, un tipo con grandes patillas y pendientes en las orejas, él también lloraba. Se me encogió el pecho un poco más.

La oscuridad de Justice

Descubrir que Justice son más oscuros —en plan bien— y más impresionante que su mítico “We are your friends”. Me iba ir para casa y me quedé. Fíjate.

SEGUNDO DÍA

La desidia de uno de los baterías de Ben Howard

Fui al concierto predispuesta a pasármelo bien y cuando vi que iba a tocar con dos baterías, pues me animé muchísimo más —siempre he tenido debilidad por los grupos con dos baterías, como los calvos de Radiohead—. Ahora, el señor de la izquierda, el pobrete, hizo menos que yo en clase de música cuando me endosaban el triángulo. No era su culpa, es que le dieron menos partitura que al otro. Una cosa que sí hizo bien Howard es traer a un trío de cuerda formado por mujeres. Las observé durante la mayor parte del concierto y recordé que aquel festival era de música. Parecerá una obviedad, pero resulta difícil normalizar y bajar a la tierra a unos tipos endiosados por el marketing. Músico, un trabajo como otro cualquiera y con mucha mierda que tragarse cuando empiezas. Me pregunto si ellas vivirán bien de ello o se alimentarán a base de aplausos.

Las parejas que bailaban atrás del todo en el concierto de Arctic Monkeys

El interés por ciertas bandas es equivalente a la distancia que me encontraba del escenario. Es verdad que nunca he sentido predilección por los Arctic Monkeys, y ahora menos que van con el rollo crooner de baratillo. Lo que sí me maravillaron fueron todas esas parejas que bailaron durante el concierto, agarradísimas, enamoradísimas pero que jamás lo harían solos escuchando un disco en su propia casa. Me gusta pensar que el directo suscita al baile por “debérselo a la banda”, una forma de agradecer que toquen para nosotros.

El señor del jamón

Busqué el mejor lugar donde dejarme los ahorros en comer mal y poco. Y acabé cenando el mejor bocata de jamón del mundo. Sorpresas que te da la vida. Opté por ese sitio porque el que cortaba el jamón era un señor gordo y el que atendía era otro, menos gordo pero un poco más mayor. Era la pura España castiza oculta entre el moderneo. Había que ir. El señor me dijo que iba ya por la pata de jamón número 30. “Pero estás cortando a máquina” apunté. “Sí, pero tengo un brazo que te meto asín, y te tragas el bocata de una”.

Massive Attack, altanera, preciosa y orgullosa

Tenía todas las esperanzas puestas en ellos y no defraudaron. Mundialmente conocidos por no dejar pasar ni una a las salas o estadios del mundo, los británicos Robert Del Naja y Grant Daddy G Marshall se negaron a salir al escenario porque el sonido de Franz Ferdinand, que tocaban a la vez que ellos, se iba a colar en su show. Ya lo dijeron antes de venir:

— “Eh, MadCool, no queremos solapamientos con otros grupos”
—“Ya, pero estáis en el escenario de The Loop y The Loop está muy aislado”
—“Ya, pero es que somos Massive Attack, no uno más de los que ha comprado tu entrada”

Lucha de egos, pataditas al aire, uno por otro y la casa sin barrer.

TERCER DÍA

La elegancia de un bocata de clavos

Wolf Alice son la elegancia de un bocata de clavos. Una cosa entre “mona”, como ‘Your loves Whore’, y “heavy” como ‘Giant Peach’. A veces me recuerdan a los Pixies a veces a los Smashing Pumpkins. Los cuatro integrantes me gustan mucho, tienen una sensibilidad pop muy bien encajada y el fondito que pusieron en el escenario era bonitísimo.

Rufus

“Me voy a acordar de cada una de vuestras caras” dijo emocionado Víctor Cabezuelo, voz de Rufus T. Firefly antes de empezar a tocar. Me sentí culpable por no haber visto a Carolina Durante o Morgan. Antes de empezar el concierto tuvieron que probar instrumentos mientras el grupo que tocaba en el escenario de enfrente terminaba su show haciendo tronar toda la nave. Hacer eso es como intentar ducharte en una guerra de barro —algo parecido a lo que le pasó a Green Day en el Woodstock del 94—. Sólo por eso, olé Rufus. Nunca les había visto en directo, pero sí a Mucho, grupo donde Víctor toca la guitarra.

Llamadme exagerada, pero se convirtieron en mi Top 3 del festi. Qué grupo tan bien hecho, qué bien pensado, qué bajo más rítmico, que batería tan efectiva, qué letras tan bonitas.

Las bailarinas cojas de Dua Lipa

Disfruté del rock electrónico de Nine Inch Nails para después apostar toda mi energía por Dua Lipa. Hay que intentar apreciar un buen pop aunque esté infravalorado por la peña en general. Dua y un combinado de Coca-Cola Mix eran los únicos que me podría mantener en pie para aguantar hasta ver a Underwold. Presentó un show tan perfecto como sus arreglos y como las puntas del pelazo del batería. Cantaba cual grabación y se movía con agilidad y gracejo. Todo lo contrario a las dos bailarinas que la acompañaban que hacían aspavientos y volteretas de niña de 10 años. Parecíamos mi amiga Laura y yo borrachas en… en... en ese mismo día.

***

Ahora estoy un poco aturdida y tengo purpurina en los sobacos. Era difícil hacerlo bien, conseguir que lloviese sonido a gusto de todos. Tengo la impresión de que los que estaban encima del escenario no eran personas y los que estábamos abajo tampoco. Igual éramos el atrezzo de un gran videoclip. Igual nos emocionaremos dentro de unos días al verlo en YouTube. Igual los festivales se han convertido en un producto para consumir a través de un móvil. Espero que suban el vídeo de Pearl Jam que quiero volver a llorar un poquito más. Au revoir MadCool.

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