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relaciones

Los hombres llevan peor las rupturas que las mujeres

Según los psicólogos, el arrepentimiento en el ámbito de las relaciones fracasadas es muy común.

por Nick Keppler; traducido por Mario Abad
22 Enero 2019, 4:15am

Simon Josefsson / EyeEm/ Getty Images

Este artículo se publicó originalmente en VICE US.

Cada vez que el exnovio de Jane (pseudónimo) publica algo en Facebook —como fotos de su adorable familia en las que siempre aparece con una sonrisa radiante que no ha cambiado desde el instituto—, siente una punzada en el estómago al ver la vida que pudo haber tenido.

Ambos tienen cuarenta y pocos años. Él tiene mujer, un hijo, hijastros y una vida familiar muy establecida. Jane es soltera, madre de una hija y nunca tiene tiempo para nada. “Trabajo y voy a clase”, dice. “Ni siquiera tengo tiempo para tomarme un café con alguien. Cuando pienso en él, me siento perdida”. Los dos crecieron en una pequeña población de Pensilvania y salieron juntos cuatro años. Él era jugador de fútbol americano, un joven saludable, capaz y unido a su familia. “Todos los domingos se juntaban para cenar espaguetis”, recuerda Jane. “Sabía cocinar, cambiaba solo el aceite del coche… Se lo hacía todo solo”.

A él le dieron una beca en una prestigiosa universidad en otro estado, pero ella lo convenció para que la rechazara y se matriculara en una facultad cerca de donde Jane tenía pensado estudiar. Desde hacía tiempo, Jane se sentía muy atraída por el hermano de un amigo íntimo, y cuando se quedó soltero, Jane abandonó al guapo futbolista y se fue con él. Hoy reconoce que fue una decisión impulsiva e inmadura.


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Tras la ruptura, la vida sentimental de Jane se desarrolló como una serie de canciones tristes: su novio murió joven de un linfoma de Hodgkin; intentó volver con su ex, pero él ya estaba con alguien; se casó dos veces, a los 23 y a los 31, pero ambos matrimonios acabaron en divorcio.

“Todo lo que no he tenido en una relación podría haberlo tenido con él”, dice Jane. “Congeniábamos de una forma en la que no he congeniado con nadie. Seguramente ahora tendríamos una casa con jardín e hijos”. Jane imagina cómo se repartirían las tareas del hogar —de forma equitativa— y piensa en su ex prácticamente a diario o cuando lo ve en Facebook.

Según los psicólogos, el arrepentimiento por relaciones fracasadas es más intenso y común que el motivado por otras causas. “La mayoría de la gente, a los 30, ya ha tenido varias relaciones”, señala Craig Eric Morris, antropólogo de la Universidad de Binghamton especializado en el estudio de la aflicción causada por las rupturas. De media, todos hemos tenido al menos una relación durante ese periodo “tan intensa que afectó a nuestra capacidad para seguir con nuestra vida”.

En uno de los estudios de Morris, más del 90 por ciento de los participantes afirmaron haber sufrido trauma emocional —rabia, depresión y ansiedad— y malestar físico —náuseas, insomnio y pérdida de peso— tras una ruptura. En un estudio en el que también participaron personas mayores, Morris halló que, si bien el estado de melancolía persistente causado por el fracaso amoroso no era infrecuente, sí se daba principalmente en los hombres.

Los estudios de Morris demuestran que el miembro de la pareja que busca la ruptura siente menos dolor que el que es abandonado, aunque a menudo ambos sufren pesar y arrepentimiento en diferentes momentos de su vida. “La persona que inicia la ruptura sale con ventaja”, señala Morris, y posiblemente sufra en silencio durante los últimos días de la relación, antes de la ruptura.

Un estudio de 2011 realizado por investigadores de la Universidad de Illinois sugiere que las relaciones son la principal causa de un arrepentimiento profundo, por encima de otros problemas de la vida. Los investigadores preguntaron a una muestra representativa de estadounidenses cuál era el hecho del que más se arrepentían. El 19 por ciento de los participantes mencionaron la ruptura, mientras que el resto adujo aspectos relativos a otros ámbitos de la vida, como la familia (17 por ciento), la educación (14 por ciento), la vida profesional (14 por ciento) y la economía (10 por ciento).

“Solemos arrepentirnos de todo aquello que suponga una amenaza para ese sentimiento de pertenencia”

Amy Summerville es jefa del Regret Lab de la Universidad de Miami, una unidad de estudio cuyo propósito es analizar los pensamientos del “qué podría haber sido” y sus efectos. En psicología, esto se denomina pensamiento contrafáctico. “Es cuando piensas en que las cosas podrían haber sido mejor, en los derroteros que podrían haber tomado las cosas y en los factores relacionados con ello”, explica Summerville.

Summerville señala que las rupturas suelen conllevar tres tipos de arrepentimiento de gran calado. En primer lugar, tendemos a sufrir y dar vueltas a la pérdida de estatus social y de aceptación causada por amistades rotas o fracasos laborales. “Solemos arrepentirnos de todo aquello que suponga una amenaza para ese sentimiento de pertenencia”, dice Summerville. Y las relaciones sentimentales son una fuente esencial de esa necesidad psicosocial básica.

En segundo lugar, tenemos una tendencia natural a arrepentirnos de circunstancias sobre las que teníamos cierto control. Los accidentes extraños o las consecuencias del comportamiento de los demás por lo general no generan tanto arrepentimiento como lo hacen nuestros propios actos o la ausencia de ello.

En una relación, ambos miembros toman una serie de decisiones que se comprometen a mantener. “Tenemos mucho sentido de agencia y control”, añade Summerville. Y esas decisiones tienen consecuencias, hasta el momento de la ruptura de la relación. Esto hace que nos arrepintamos de nuestros actos en las relaciones sentimentales más que en otros ámbitos, como la familia. “Mi hermano no va a dejar de serlo por cómo me haya comportado”, explica.

Por último, Summerville asegura que es más probable que la gente lamente los recelos relacionados con temas y problemas recurrentes. Quizá te arrepientes de haber sido un adolescente problemático y de haber hecho sufrir a tus padres, pero ese sentimiento desaparece cuando eres adulto, tu relación con tus padres evoluciona y adquieres hábitos más maduros. Pero para la mayoría de nosotros, la vida sentimental es una lucha continua, ya sea para encontrar una pareja o para intentar ser feliz con la que tienes. Cuando sufres un bache en la relación, tiendes a echar la vista atrás en busca de una versión idealizada de la otra persona.

La combinación de esos tres factores —sentimiento de pertenencia, control y lucha constante— son el caldo de cultivo perfecto para generar pensamientos de arrepentimiento. En 2015, Morris y su colaboradora, Emily Roman, del University College London, publicaron un estudio exhaustivo en el que participaron adultos de todas las edades, con porcentajes representativos de hombres y mujeres gais, y en el que analizaban sus reacciones posteriores a una ruptura. El propósito del estudio era cubrir un vacío habitual en el estudio de las reacciones emocionales tras la ruptura: habitualmente, los investigadores estudian estos comportamientos en estudiantes universitarios, más accesibles. En este estudio, sin embargo, participaron 5705 personas de 96 países y con una media de edad de 27 años.

“Ninguno de los participantes dijo claramente que lo hubiera superado o que la experiencia lo hiciera mejor persona”

Nuevamente, los resultados demostraron que el dolor emocional y psicosomático tras la ruptura era universal. No obstante, el proceso de convalecencia y el impacto a largo plazo en los participantes variaba considerablemente entre ambos géneros. Las mujeres tendían a reflexionar sobre ello y luego pasaban página. “Las mujeres decían que lo hablaban con los amigos, la familia y los eclesiásticos”, señala Morris. “Muchas decían, ‘De eso hace ya mucho tiempo’ o ‘Esto es lo que he aprendido de la relación’”.

“En cambio, las mujeres nunca dicen, ‘Fue el mejor hombre con el que he estado en mi vida’ o ‘Nunca he conseguido superar la ruptura’”, señala Morris, que también apunta que habla en términos generales (se nota que no ha hablado con Jane o la cantante Adele). En cualquier caso, la conclusión es que las mujeres tienden a dejar atrás el arrepentimiento por completo, con el tiempo.

Los hombres, en cambio, mostraban un sentimiento de arrepentimiento mayor y no usaban el mismo lenguaje que las mujeres. “Ninguno de los participantes dijo claramente que lo hubiera superado o que la experiencia lo hiciera mejor persona”, asegura Morris. Al contrario, eran proclives a especular y a mencionar a antiguas parejas, refiriéndose a ellas como las mejores personas con las que habían estado.

Algunas de las historias eran extremas: un hombre perdió a su pareja porque se fue con el otro miembro de un triángulo amoroso. Le contó a Morris que sentía como si lo estuviera devorando una sombra negra, una representación subconsciente de su rival sentimental que quería consumir lo que quedaba de él.

Un señor mayor británico reconoció que pensaba en su amor de la juventud a diario, pese a estar casado con otra mujer y tener hijos adultos. El hombre aseguró que fantaseaba con la idea de que ella reaparecía en su vida y él dejaba a su familia para estar de nuevo a su lado.

Según Morris, el sentimiento de pérdida es más intenso y se percibe como más importante para los hombres porque la sociedad tradicionalmente ha esperado de ellos que sean los que tomen la iniciativa de empezar una relación y sean capaces de mantener a su pareja haciendo alarde de su estatus social o siendo los que llevan el sustento al hogar. “La pérdida se magnifica debido a todas esas connotaciones sociales”, asegura.

“La gente suele sentir un falso arrepentimiento tras la relación. Les embarga un estado emocional triste, sentimental y nostálgico. Puede ser muy funcional”

Morris cree que esa es otra de las razones por las que los hombres que participaron en el estudio deseaban recuperar antiguas relaciones: es una forma rápida de recuperar el estatus social. Pese a todo, Morris cree que la mayoría de las personas superan con éxito las rupturas, incluso aquellas que muestran arrepentimiento. Respecto al hombre que todavía piensa en su novia de la adolescencia, Morris asegura que en general era feliz y que esa nostalgia no le causaba angustia, que era más bien una fantasía agradable.

Keith Markman, profesor de Psicología adjunto de la Universidad de Ohio especializado en pensamiento contrafáctico, señala que hay una diferencia entre ese estado mental y un pensamiento nocivo que “se adueña de la mente como un intruso”. En lo que respecta al arrepentimiento en el campo sentimental, solemos regodearnos en pensamientos idealizados y nostálgicos que forman parte de una visión saludable de amor. “La gente suele sentir un falso arrepentimiento tras la relación”, asegura Markman. “Les embarga un estado emocional triste, sentimental y nostálgico. Puede ser muy funcional”.


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Además de contribuir a que no se repitan los mismos errores en relaciones futuras, el arrepentimiento tras las rupturas tiene el efecto positivo de actuar como recordatorio de lo que una relación puede ofrecer, según Markman. Las rupturas de por sí ya son “bastante chungas para todo el mundo”, afirma Morris, pero son tan comunes que “tenemos que encontrar formas de superarlas. Si no, no habría tantas relaciones”.

Para Morris, la prueba de que somos capaces de superar las rupturas está en que seguimos embarcándonos en relaciones pasados los 30, una edad en la que lo más probable es que hayamos sufrido una ruptura de las que queman el alma y dan para una canción de Morrissey.

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